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Sociedad

educación

Oratoria, de asignatura pendiente a realidad

La asignatura de Oratoria se estrena este curso, como optativa, para más de 1.200 alumnos de bachillerato, en 59 centros educativos aragoneses. ¿Sus fortalezas? Formar una ciudadanía activa y participativa capaz de transformar la información en conocimiento y compartirlo con los demás.

Natalia Martínez, profesora de Oratoria en el IES Pablo Gargallo de Zaragoza, interactúa, en clase, con uno de sus alumnos
Natalia Martínez, profesora de Oratoria en el IES Pablo Gargallo de Zaragoza, interactúa, en clase, con uno de sus alumnos
Francisco Jiménez

La RAE define la oratoria como "el arte de hablar con elocuencia" y es una destreza cultural que todas las personas podemos mejorar. Y, como en todo arte, partimos de un saber teórico, de una serie de normas, técnicas y convenciones, que cobran sentido a través de la práctica y que alcanzan su mayor desarrollo con perseverancia, reflexión y autenticidad.

A comunicar formalmente no solo se aprende hablando. Son necesarios criterios, referentes, datos para la reflexión, sentido crítico, práctica, contextos reales de comunicación y retroalimentación sincera. Como en un deporte, aprendemos cuando vemos comunicar a otros –más aún si disponemos de criterios para juzgar lo que vemos–; cuando practicamos y entrenamos y, por supuesto, cuando jugamos el partido. Por eso, estamos de enhorabuena con la inclusión de Oratoria como asignatura optativa para los cursos de bachillerato. Una asignatura que, desde diferentes sectores educativos, se venía reivindicando y que ya es una realidad para más de 1.200 alumnos de 59 centros educativos aragoneses. 

La oratoria no consiste solo en aprender a 
hablar bien

Es el caso del IES Andalán de Zaragoza, donde trabajan 30 alumnos y alumnas de las tres modalidades de bachillerato (Ciencias, Humanidades y Ciencias Sociales y Arte). Yaiza, Jorge, Fatoumata y Marina han elegido Oratoria por diferentes motivos, que van desde el perfeccionamiento de uno de sus puntos fuertes hasta la necesidad de afrontar la ansiedad y los nervios que sienten ante una exposición pública.

Todos coinciden en que esta asignatura les va a resultar muy útil en el futuro y en el presente, en el ámbito profesional y en el personal. Fatoumata lo tiene clarísimo: quiere estudiar medicina y considera "imprescindible el desarrollo de las habilidades comunicativas" para poder atender adecuadamente a sus futuros pacientes. ¿Quién dijo que la oratoria es patrimonio de las humanidades?

Como en un deporte, se aprende cuando practicamos y entrenamos

Ciudadanos activos

A través de esta asignatura se persigue que el alumnado conozca y controle las convenciones propias de la comunicación oral formal con con el objetivo de convencer o de exponer ideas ante una audiencia con claridad, concisión, coherencia, sinceridad y naturalidad. La oratoria se corresponde así con dos ámbitos sociales de la comunicación: la argumentación –discusión sobre premisas controvertidas, hechos opinables– y la exposición –transmisión de saberes, reflexiones, experiencias–. Ambos, fundamentales para la formación de una ciudadanía activa y participativa capaz de transformar la información en conocimiento y compartirlo con los demás.

La otra cara de la moneda del habla es la escucha. Sabemos que, a veces, se producen malentendidos, que se pierde información, que se conservan datos anecdóticos y que se olvida lo importante. Y, sin embargo, no se trabaja la escucha de manera explícita o se hace a través de ejercicios de captura de datos o de deducción de una idea principal.

La asignatura se apoya en principios éticos, en el pensamiento crítico, el trabajo en equipo y en la sana rivalidad

En la asignatura de Oratoria se fomenta el ejercicio de una escucha más profunda. Se trata de escuchar activa y asertivamente, lo que supone hacer el esfuerzo por captar lo que la otra persona piensa y siente. Ambas partes escuchan. De un lado, adaptando el discurso al auditorio, favoreciendo ser atendidos –a partir de técnicas de repetición, ejemplificación, de conexión emocional…– y, de otro, manteniendo una escucha activa en la que se contrastan ideas previas, se descubren estrategias retóricas y, sobre todo, se desarrolla una actitud de apertura a ideas nuevas.

Y todo esto, nos ayuda a luchar contra el fenómeno de la posverdad, que consiste en dar validez o veracidad solo a aquella información que es afín a las ideas propias, protegiendo así de incongruencias la visión personal del mundo.

Los retos del debate escolar

Y es que la oratoria no solo consiste en aprender a hablar (y escuchar) bien. Los discursos tienen interés por lo que dicen, pero también por cómo, por qué y para qué se dicen. A través de esta asignatura queremos que el alumnado sea capaz de controlar los factores que actúan en una intervención oral formal, que domine las fases de su preparación. Pero también que todo el proceso se apoye en principios éticos, en el pensamiento crítico, en el trabajo en equipo y en la sana rivalidad. Manuel Bermúdez Vázquez, doctor en Filosofía y fundador del Aula Debate de la Universidad de Córdoba, decía que uno de los retos del debate escolar es reducir la presión competitiva y subrayar su valor educativo, formativo y de acercamiento de posturas.

«El que más se equivoca, si persevera, es el que más aprende»

Los mosqueteros de la retórica

Aristóteles en su ‘Retórica’ fija tres estrategias para que el auditorio adopte el punto de vista de la persona que comunica. Sam Leith (2011) denomina a estas vías de persuasión ‘los mosqueteros de la retórica’, en un intento por acercarnos a unos términos lejanos en el tiempo pero de absoluta vigencia: ‘Ethos’, hace referencia a la carta de presentación, a todo aquello que haga que el auditorio confíe en la persona que habla; ‘Logos’ es la esencia del contenido referencial del discurso: la línea argumental, los datos, la información, las reflexiones; y ‘Pathos’ apela a la emotividad del auditorio. Conocer las estrategias de cada ‘mosquetero’ permitirá a nuestro alumnado construir un discurso en el que cada uno de ellos se presente en el momento apropiado, pero también, y muy importante, analizar las estrategias persuasivas predominantes en un discurso: ¿me convencen solo porque la persona que habla es un referente para mí?, ¿por sus argumentos, análisis o reflexiones?, ¿apelan a mis emociones?

Alumnos de bachillerato del IES Pablo Gargallo de Zaragoza, en plena clase de Oratoria.
Alumnos de bachillerato del IES Pablo Gargallo de Zaragoza, en plena clase de Oratoria
Francisco Jiménez

El currículo de la asignatura de Oratoria se estructura siguiendo la división clásica que desde Cicerón se establece para la preparación de un discurso. Si hacemos un barrido por los manuales de oratoria actual, cuya representación más contemporánea serían las charlas TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño) –una organización sin ánimo de lucro estadounidense, que organiza numerosas conferencias en todo el mundo bajo el lema ‘Ideas dignas de difundir’ y en las que participan las personas más influyentes, comprobamos que se basan en esta división:

• ‘Inventio’: pensar lo que se va a decir. En esta fase, se activan los conocimientos previos, nos hacemos preguntas, se busca la información que se quiere comunicar.

• ‘Dispositio’: consistente en seleccionar, ordenar y dar estructura a las ideas.

• ‘Elocutio’: es el momento de trabajar el discurso escrito para ser dicho.

• ‘Memoria’: no consiste en aprender letra por letra el texto, sino en automatizar el discurso y prestar atención a la entonación, articulación, corrección de multetillas, lenguaje corporal –especialmente mirada, sonrisa y encuadre de los brazos–, dominio del espacio y control del tiempo.

• ‘Actio’: el partido, el momento de pronunciar el discurso. Fase en la que se producirán aprendizajes nuevos: control de nervios, lectura del contexto, cortesía… Pero esta parte es tan solo una más del proceso y no se le debe dar la consideración de momento cumbre de la asignatura, en la que el alumnado se lo juega todo. Por el camino ya se han producido aprendizajes muy valiosos. Como dice Gregori Luri: «El que más se equivoca, si es perseverante, es el que más aprende».

El clima emocional

El clima emocional del aula es un condicionante importante en esta asignatura. No debemos pasar por alto que una de las estrategias para vencer la sensación de vulnerabilidad y los nervios previos a una intervención oral es asumir una actitud corporal de confianza y ser capaces de visualizar el éxito. Necesitamos aulas emocionalmente inteligentes en todas las etapas, pero, en esta asignatura, más:la voz, las ideas, lo que una persona es, se traslada a una comunicación oral, de ahí la vulnerabilidad de subirse a un escenario y la necesidad de que en el aula de Oratoria se actúe con generosidad en el reconocimiento de los puntos fuertes y respeto y sinceridad en la retroalimentación de las producciones propias y ajenas. El alumnado debe sentirse seguro en el aula como paso previo a sentirse seguro hablando en público.

Ana Victoria Salvo Palacín. Asesora de Formación. Centro de Profesorado Juan de Lanuza de Zaragoza

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