Sociedad

Tercer Milenio

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA

Lluvia de ideas para un museo soñado

Prohibido no tocar. Prohibido no pensar. Prohibido no sentir. Prohibido no soñar. Con estas antiprohibiciones, los museos de la ciencia de medio mundo invitan al público a aventurarse por el fascinante universo científico. En las dos últimas décadas, estos centros han ido creciendo, en una corriente divulgativa que recorre casi toda España. Sin olvidarnos de Dinópolis, Aragón es una de las pocas, poquísimas comunidades autónomas (junto a Extremadura y Baleares, que tiene uno en proyecto) que no cuenta aún con un museo de la Ciencia. Parece que ha llegado el momento de empezar a construir, como dice Obama, nuestro propio "yes, we can".

JORNADAS DE REFLEXIÓN

Hace tiempo que, desde distintos puntos del tejido social aragonés (académicos, educativos, asociaciones ciudadanas...), se viene reclamando la creación de un museo de la ciencia en Aragón. Recientemente, se expresaron voluntades políticas favorables y, aunque el momento económico no es el mejor, la imprescindible reflexión puede ir por delante de un proyecto más tangible. Empecemos por la mayor: ¿hace falta un museo de la ciencia en Aragón?

El borrador de la Ley de la Ciencia, que se encuentra en preparación, habla por primera vez de la cultura científica de los españoles. Un concepto que todas las personas consultadas citan directa o indirectamente.

Tajante se manifiesta el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Agustín Camón, codirector del proyecto de divulgación científica del Instituto de Ciencia de Materiales de Aragón (ICMA): “Si queremos que Aragón progrese, un museo de la ciencia con el objetivo de incrementar la cultura científica de los ciudadanos es imprescindible”. En su opinión, “una sociedad con cultura científica es más libre porque tiene más conocimientos para tomar sus decisiones”. “Un museo de la ciencia es una inversión a medio-largo plazo”, concluye.

En un artículo publicado en el último número de la revista ‘Con ciencia’, la decana de la Facultad de Ciencias apela a la “utilidad pública” de un centro de este tipo, porque “una sociedad más culta es, sin lugar a dudas, una sociedad más justa y más libre”, señala Ana Isabel Elduque.

 

DESIGUALDAD CULTURAL

Desde el Grupo Astronómico Silos (GAS), que en el año 2003 redactó un documento titulado ‘Iniciativa por un museo de la ciencia en Zaragoza’, Marta Dueñas denuncia que los ciudadanos de los territorios huérfanos de este tipo de centros “se encuentran ante una desigualdad cultural frente al resto de habitantes de España”. El presidente del GAS, José Luis Trisán, afirma que “Zaragoza debería haber tenido un museo de la ciencia hace por lo menos 20 años”. En la actualidad, “la divulgación de la ciencia y el pensamiento racional es más necesaria que nunca”, pues “la ciencia forma parte inseparable de nuestras vidas y temas como la clonación, el cambio climático, los alimentos transgénicos, las radiaciones electromagnéticas de la telefonía móvil, el genoma humano, etc. nos afectan cada vez más de cerca”.

Tanto Eladio Liñán, director del Museo Paleontológico de la Universidad de Zaragoza, como Miguel Carreras, coordinador del programa educativo Ciencia Viva, coinciden en añadir a razones como las citadas el efectivo impacto que un museo tendría en los estudiantes, desde la educación primaria a la universitaria. Sin olvidar tampoco el atractivo turístico que sería para Zaragoza.

Carreras apunta además que, la existencia de un museo de la ciencia permitiría traer a la ciudad exposiciones divulgativas que itineran por otros lugares sin recalar aquí por el simple hecho de faltar espacios adecuados. Y anima “a no dejarlo escapar; son muchos años de promesas”. Tiene buena memoria. El 21 de mayo de 1992, el pleno de las Cortes de Aragón aprobó por unanimidad una proposición no de ley, presentada por el grupo socialista, que rezaba lo siguiente: “Las Cortes de Aragón instan a la Diputación General de Aragón a que realice los estudios necesarios para la creación en Aragón de un museo de la ciencia y de la técnica, promoviendo la participación de aquellas entidades y agentes sociales interesados en la puesta en marcha de dicho museo”.

ESCEPTICISMO

Mientras tanto, a los miembros del Grupo Astronómico Silos las “oportunidades desaprovechadas, declaraciones y promesas sin un claro compromiso” que han conocido en los últimos años les conducen al escepticismo. “Dudamos que ese futuro museo alcance la categoría de los de otras ciudades europeas -reflexionan-, ya que un buen museo requeriría el compromiso común de todas las instituciones públicas aragonesas y el patrocinio de las principales entidades financieras y empresas de Aragón”.

Frente a esta actitud, resulta llamativo constatar que hay quienes consideran que, prácticamente, Aragón ya tiene museo. Para la decana de Ciencias, “está claro que tenemos el contenido; solo nos falta el continente” (incluyendo en ese ‘contenido’ la acción divulgativa desarrollada en Aragón desde distintas instituciones y colecciones históricas como Instrumenta). Desde su punto de vista, “necesitamos un catalizador” que inicie y acelere la definición de ese museo. Un catalizador “selectivo”, que evite que “la existencia de múltiples modelos, casi todos ellos seguramente válidos, suponga un marasmo improductivo”.

Ignacio Martínez, profesor de Museos de la Ciencia y la Técnica en el máster en Museos de la Universidad de Zaragoza, llega a afirmar que “en Aragón ya tenemos un museo de la ciencia y la técnica -o una red-; solo hay que poner un poco de orden”. Se refiere al “gran número de pequeñas instituciones -públicas y privadas- que conservan, exponen y difunden un rico y variado patrimonio científico, técnico, industrial o protoindustrial”.

Escuchando la diversidad de ideas y opiniones de unos y otros, comprobamos que la botella se ve medio llena, medio vacía o incluso llena del todo; hasta hay quien solo echa en falta la botella... En cualquier caso, el debate está servido.

 

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Publicado en Tercer Milenio el 23 de junio de 2009

 

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