Opinión

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Portadores de sueños

Por
    Escaparate de la librería Los Portadores de Sueños en Zaragoza
    Guillermo Mestre

    "El año 1866 quedó caracterizado por un extraño acontecimiento, por un fenómeno inexplicable e inexplicado que nadie, sin duda, ha podido olvidar". Lee muy despacio a través del escaparate de la calle Blancas. Silabea la frase mientras agarra el manillar de su desvencijada bicicleta con la que vuela por las calles, a la sombra de la iglesia de San Miguel.

    Él, un mozalbete que vive en un piso vetusto y oscuro que se está deteriorando por los escasos recursos de la familia, deambula continuamente por las calles convertido en motor de su cabalgadura metálica. El colegio le gusta porque la maestra le ha enseñado a leer. Por eso, al salir de clase y despedirse de los amigos, se acerca a diario hasta la librería.

    Todo empezó hace un mes, cuando la dependienta lo descubrió oteando el interior. Ella abrió 'Veinte mil leguas de viaje submarino' por la primera página y lo colocó en el atril del escaparate. El chico empezó a leer. Al día siguiente, a pesar del frío, bajó corriendo a la calle con su balón. Mientras driblaba, se acercó a la librería y advirtió que la misteriosa dama pasaba la página del ejemplar exhibido. Él apoyó su frente contra el cristal y se sumergió en la lectura. Desde entonces, cada día ocurre lo mismo. La mujer pasa una página y el niño lee, ensimismado, al otro lado del cristal.

    Hoy ha descubierto un cartel: «Se traspasa local por cierre de negocio». La mujer le ha visto, ha buscado otro libro y lo ha abierto sobre el atril. Raudo, el chico ha leído: 'La vuelta al mundo en 80 días'. "¡Qué pasada!", ha exclamado con cara de entusiasmo.

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