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Así era la Quinta del Sordo de Goya

Carlos Foradada, historiador y profesor de Bellas Artes, publica una recreación detallada de la casa de campo que el pintor aragonés tenía en Madrid

La reconstrucción virtual de la Quinta del Sordo recupera también los muebles y el estampado del papel de las paredes
La reconstrucción virtual de la Quinta del Sordo recupera también los muebles y el estampado del papel de las paredes
Carlos Foradada, Carlos Narbaiza, José Javier Luis, Alfonso Burgos

Un rompecabezas. Es lo que ha sido para los historiadores la Quinta del Sordo, la casa de campo que Goya tuvo en Madrid y de la que fueron arrancadas las ‘Pinturas negras’. "Es un puzzle del que, lamentablemente, no tenemos todas las piezas –asegura Carlos Foradada, historiador y profesor de Bellas Artes–. Por eso tenemos que rellenar los huecos que nos quedan y, en ocasiones, hacer saltos deductivos. Y, luego, la imagen que conseguimos la sometemos a prueba y error. Así una y otra vez hasta que todo encaje". Foradada publicó hace tres años una aproximación al aspecto que a su juicio tenía la Quinta del Sordo, y ahora acaba de ofrecer otra versión, que corrige algunos datos y arroja luz sobre aspectos que eran desconocidos. Aparecen la fachada, planos detallados, interiores minuciosamente reconstruidos... El trabajo se recoge en el último número de ‘Asri. Arte y sociedad. Revista de investigación en artes y humanidades digitales’, y lo firma junto a Carlos Narbaiza, José Javier Luis y Alfonso Burgos, también de la Universidad de Zaragoza, que se ocupan de la propuesta visual.

"En mi primer artículo me basé en el ‘Plano parcelario de Madrid’ de Carlos Ibáñez, realizado entre 1872 y 1874, en el que aparece la Quinta del Sordo y que entonces se acababa de digitalizar –señala Foradada–. Estamos preparando un documental sobre la vivienda de Goya y, al recrear la casa en realidad virtual, los programas informáticos te piden medidas milimétricas. Al introducir los datos en esos programas había cosas que no encajaban. Volví al plano y descubrí que había imprecisiones, problemas de escala. En la metodología científica no hay dogmas tallados en piedra, hay que someterlo todo a prueba y error".

Así que Foradada ha revisado los parámetros aplicados al calcular las medidas del edificio y de las ‘Pinturas negras’, porque las escalas, tanto en el plano citado como en las fotografías que tomó Laurent antes de que las pinturas fueran arrancadas, fueron elaboradas a mano alzada. Eso provoca horquillas de error que, con la ayuda de programas informáticos, han sido identificados y corregidos.

La distribución que hizo Foradada de las pinturas en el interior de la vivienda la mantiene porque no ve factible otra manera de disponerlas según sus dimensiones y las de puertas y ventanas. Pero no así la altura a la que se disponían. Un detalle le llamó la atención al estudiar la foto en alta definición que hizo Laurent a ‘La Leocadia’: "Encima de la obra se ve un trozo de papel repegado. Y es que el techo de la estancia estaba decorado con papel pintado y en ese punto se reparó: esa es la prueba empírica de que allí estaba el techo". Como la obra tiene una altura de 145 centímetros, si el extremo superior lindaba con el techo y se sabe, por testimonios históricos, que la planta baja era tan alta como para que entrara un carro cargado, la conclusión lógica es que había un zócalo que recorría las estancias.

A partir de ahí, Foradada cruza datos de todo tipo, los tamiza con programas informáticos, los cruza con documentos y narraciones de la época, e incluso desarrolla toda su investigación en medidas antiguas, como los pies, para acabar tallando con suma precisión las dimensiones de la Quinta del Sordo. Partiendo de mínimos detalles que se aprecian en las fotografías de Laurent ha conseguido además recrear los papeles pintados de las paredes, y ha usado la información de las escrituras de alquiler de la Quinta en 1854 ("una mesa de comer para veinte cubiertos"...) para enriquecer las vistas. "He elegido modelos de la época pero evidentemente, no sé si los muebles eran verdaderamente así -concluye–. De lo que estoy seguro es de que estaban donde los hemos colocado. Finalmente, con independencia de estos pequeños detalles, el objetivo de este trabajo era aproximarnos al espacio que realmente envolvió las 'Pinturas negras' cuando Goya las elaboró, con las ventajas que hoy nos ofrecen las nuevas hermietas informáticas, aplicadas con metodologías científicas, para un conocimiento más avanzado de las últimas obras que Goya realizó en España antes de su exilio".

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