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Muere el filósofo Antonio Escohotado a los 80 años

Escribió más de una veintena de obras de una gran variedad de campos, aunque principalmente se centró en escribir sobre el derecho, la filosofía y la sociología.

Muere el filósofo Antonio Escohotado
Antonio Escohotado
Domenech Castelló Domenech Castelló

"La prohibición de las drogas irá muriendo poquito a poquito". Esto era una certeza para Antonio Escohotado, filósofo, profesor, ensayista y apóstol del pensamiento libre, quizá el penúltimo libertino, fallecido este domingo a los 80 años en Ibiza, refugio al que quiso regresar cuando supo que, a causa del cáncer, el final estaba próximo. Por su osadía filosófica y vital, Escohotado creía ser el primer repudiado por políticamente incorrecto cuando aún no existía lo políticamente incorrecto.

Su monumental ‘Historia general de las drogas’ (1989) es la obra más conocida de este intelectual de múltiples intereses, abogado, economista por oposición en el Banco de España y el Instituto de Crédito Oficial, apasionado de la física cuántica, padre de ocho hijos, desencantado de la izquierda, tertuliano, polemista y librepensador por encima de todo. Es una enciclopedia de los narcóticos, un clásico universal con numerosas ediciones y traducciones, ampliada varias veces para "romper la estructura de la ignorancia sin hacer juicios de valor".

Con más de 1.500 páginas, 300 imágenes, e información exhaustiva sobre todas las drogas conocidas, legales e ilegales, Escohotado la inició cuando estuvo preso durante dos años en el penal de Cuenca, condenado por tráfico de estupefacientes. Impresiona su vasta documentación, con capítulos tan curiosos como las "descripciones literarias" de autores clásicos bajo los efectos de narcóticos. "No hay ni una sola afirmación que no se fundamente a pie de página", se ufanaba este profesor de Filosofía del Derecho, Metafísica y Sociología, apasionado por adquirir conocimientos y difundirlos "para que la sociedad no nos manipule".

Nacido en Madrid en 1941, ‘hippie’ de primera hornada en Ibiza, catador responsable de cualquier psicotrópico y partícipe de la revolución sexual junto a la Fraternidad del Amor Eterno, en su crepuscular retorno a la isla se refugió en una cabaña, como en los años 70, para afrontar con estoicismo e ironía su final. "Si la vida se despide, yo me despido antes", escribió. "¿Tú pataleas ante lo inevitable? Yo no", aseguraba en una de las charlas que mantuvo para el libro ‘Los penúltimos días de Escohotado’, de Ricardo F. Colmenero. Había advertido que esperaría a la parca "con un botiquín de eutanásicos".

Temprano heraldo del consumo legal de las drogas -"unas sustancias inherentes a la Tierra"-, estaba convencido de que la prohibición morirá, como la del alcohol tras la Ley Seca en Estados Unidos.

Valedor de una cultura de "libertad responsable", defensor del aborto y el sexo libre, se enfrentó con tirios y troyanos. "No hay que prohibir, lo que hay que hacer es educar a las personas con el máximo de conocimientos para que puedan ejercer su plena libertad", repetía este fumador empedernido, fundador de la discoteca Amnesia en Ibiza y defensor a ultranza de la libertad para alcanzar una vida plena.

Activo militante de la extrema izquierda en su día, fue comunista "hasta que se filtró lo que pasaba en la Unión Soviética" y se "decepcionó" con Cuba. Otro título fundamental en su bibliografía es ‘Los enemigos del comercio’ (2008-2017), trilogía que ahonda en las raíces del capitalismo a través del germen del comercio y describe sus altibajos desde los griegos y los romanos hasta la actualidad. En 1991 recibió el Premio Anagrama de Ensayo por ‘El espíritu de la comedia’.

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