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José Azul: "El trabajo en el taller borra la memoria del pasado"

El escultor, que reside desde hace años en Burbáguena, autor de la pieza 'Bomba de amor' para el pantano de Lechago, explica su obra y sus ideas

José Azul en su taller, donde lo fue a visitar el fotógrafo Miguel Sebastián, autor de 'Tierras varadas' y de una monografía de Buñuel.
José Azul en su taller, donde lo fue a visitar el fotógrafo Miguel Sebastián, autor de 'Tierras varadas' y de una monografía de Buñuel.
Miguel Sebastián.

El escultor José Azul viene de la tierra, del aire y del mar, y en cualquier lugar se enreda con la materia, con los elementos. Los coge y los doma, con el fuego, con las manos, con su invención, con ese deseo de llenar el mundo de insectos, de animales, de peces, si hace falta de ballenas. Él es así: arrebatado y primitivo. Un enamorado de la forja, de Pablo Gargallo o de José Gonzalvo, y enamorado esencialmente del ruidoso silencio de su taller en Burbáguena: desde allí es capaz de agitar el universo de su entorno y de poner fantasía, picardía, imaginación. Allá donde va, deja su huella, su eco, su lentitud vehemente, su pasión por conversar de esto y de aquello como si fuera un narrador de ‘Las mil y una noches’, abrazado a un cigarrillo o a una cerveza Ámbar.

¿Quién es José Azul, un artista, un hombre de la noche, el rastro de un sueño? 

Yo no me considero un artista. Me parece una carga muy gorda; si acaso soy el autor de mis criaturas. Intento también que sea un buen sueño. Los sueños casi siempre son por las noches, ¿no?

¿Cómo se llama en realidad y por qué decidió ser Azul? 

Me llamo José Ángel López Martín, el hijo de José, el músico, y María Jesús, la maja de Burbáguena. Lo de Azul es una marca por un bar que tuve en Zaragoza.     Sonaba bien y se queda en la cabeza. Y se quedó. 

¿Desde cuándo le ha interesado la escultura?

De niño conocí a José Gonzalvo, el escultor de Rubielos de Mora,  y su trabajo me pareció algo parecido a una maravilla, pero no me interesó hasta muchos años más tarde en Poleñino (Huesca). 

José Azul crea animales, insectos, pájaros, peces, hasta ballenas, y deja su obra en la naturaleza.
José Azul crea animales, insectos, pájaros, peces, hasta ballenas, y deja su obra en la naturaleza en busca de diálogo entre el azar y la materia.
Miguel Sebastián.

Donde murió de una lanzada envenenada, o lo que fuera, Alfonso I ‘El Batallador’. ¿Siempre quiso ser así: un soñador desde las manos y los materiales?

Soñar está bien. Ya lo decía Calderón con su frase célebre. Permítame aquí la parquedad: no puedo mejorarlo. 

Vivió algunos años en Poleñino, en aquella casa-palacio de La Una. Trabajaba al sol, a la intemperie. ¿Qué rastro le dejó aquella aventura en el desierto?

En casa La Una fue el pistoletazo y el recuerdo es total. Aprender, mezclarse con el fuego, el humo los quemazos y las charlas interminables en la cocina con Raúl y demás que pasaban a alegrarnos la vida... Difícil de explicar; se lo resumiría así: vísceras y corazón. 

Luego fue, o a la vez, el hombre de la noche, de los bares, no sé si de los excesos. ¿Cómo resultaban aquellos días, qué se aprende de la Zaragoza nocturna, qué pasaba?

No tengo recuerdo de la noche. El trabajo me ha borrado la memoria del pasado. Solo hablo de futuro y me queda mucho por hacer. Mucho.

¿Qué le debe a la música o qué le debe la música a usted? 

Soy hijo de músico. «Ninguno de nosotros estamos hechos con frío», decía El Niño Gusano. Pues para eso hace falta la música: me hubiera gustado hacer algún estribillo de muchas canciones. Me guardo lo que deseo. 

"No tengo recuerdo de la noche. El trabajo me ha borrado la memoria del pasado. Solo hablo de futuro y me queda mucho por hacer. Mucho".

¿Cómo se le ocurrieron esos animales tan fantásticos y qué busca con ellos: conmover, provocar, hacer reír? 

Que saquen una sonrisa. 

¿Hay en usted un niño grande que no deja de crecer? 

Sí, creo que voy a menos.

¿Cuál es la importancia del humor en lo que hace? 

Es muy importante. Si yo me lo paso bien la cosa funciona con risas.

Ha hecho, y hace, mucha escultura pública. ¿Qué se siente al verse en tantos sitios?  

Bueno, eso es un reto muy especial. Luego me interesa que todo el mundo que pasa lo disfruta o lo critica. Está muy bien decorar rincones.

¿Qué le inspira y qué nos quiere decir? 

Me inspira la naturaleza. ¿Decir? Quisiera decir que con cualquier cosa se puede hacer otra y sobretodo reutilizar como los viejos que todo lo aprovechaban. 

Regresó a Burbáguena. ¿Qué le da el pueblo, qué ha hallado ahí?

Tranquilidad y familia, las estaciones más claras de mis ojos. 

"Teruel es duro pero se ablanda cuando conoces a sus gentes. El Jiloca es un río: se lo dejó a los poetas; se atreven a cantarlo"

¿Cómo es Teruel adentro, cómo vive en compañía del río Jiloca?

Teruel es duro pero se ablanda cuando conoces a sus gentes. El Jiloca es un río: se lo dejó a los poetas; se atreven a cantarlo.

Una de sus últimas obras, o la última, la más publicitada en todo el país, es ‘Bomba de amor’, para la biblioteca sumergida de Félix Romeo en Lechago. Diría que parece el cuerpo de una hormigonera. ¿Qué quiso hacer? ¿Qué ha significado Félix Romeo (1968-2011) para usted? 

Algo bonito y la historia de Félix es todavía más bonita. A Félix Romeo un día le oí hablar de la muerte con tanta naturalidad que pensé que éramos hermanos de distinta madre. 

¿Tiene maestros? ¿Le ha marcado más Pablo Gargallo o los maestros de forja, los herreros?

De Gargallo me gustan mucho sus animales; los humanos, nada. Tengo otras referencias de autores vivos. Oriol Dragonet, Raúl Sanz, Rogelio Olmedo, etcétera, y soy fan de la gente normal que día a día resuelve los problemas a sus vecinos. Los herreros de Daroca que me resuelven mis problemas sin pestañear y con actitud positiva, Ángel y Carlos. Gracias a todos soy cada día mejor. Y en realidad, siempre hago cosas.

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