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Muere Rafael Castillejo, el sabio que cuidó el desván de la memoria infinita de Zaragoza

Nacido en Zaragoza en 1952, acumuló en su web un sinfín de historias, curiosidades y fotos de cine, teatro, circo, música popular, arte o publicidad

Adiós a Rafael Castillejo, memoria sentimental de Zaragoza.
Rafael Castillejo, en el Centro de Historias, en la exposición de las fiestas del Pilar de 2018 en la que había colaborado. Detrás, sus admirados payasos Tonetti.
Guillermo Mestre.

Ha muerto Rafael Castillejo (Zaragoza, 1952), el hombre sabio y versátil, generoso y afable, que amaba con locura Zaragoza y que encarnaba, con su memoria prodigiosa y su infinita curiosidad, la memoria sentimental de la España de los 50, 60, 70 y 80. Lo sabía casi todo del mundo de los tebeos, de la música popular, de los cines y teatros, de las salas de fiestas, del circo, de la radio y la televisión, de la publicidad y las artes gráficas, de bares y restaurantes, y de las fiestas populares. 

A todo ello, desde hace muchos años, le daba salida a través de esa isla el tesoro que era, que es ‘El desván de Rafael Castillejo’, del que dio buena cuenta en HERALDO, especialmente a través del suplemento ‘Artes & Letras’, donde tuvo una sección en la que contaba sus recuerdos, sus secretos, sus amistades y la idiosincrasia de un tiempo que le atraía con locura. Y no solo en estas páginas, sino en sus charlas en Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en conferencias, recitales, mesas redondas y en sus colaboraciones en exposiciones, como hizo muy especialmente en el Centro de Historias. 

Ese fervor nació tras ver 'Cinema Paradiso', la película de Giuseppe Tornatore. "Empecé a barajar la posibilidad de hacer un museo digital con mis cosas y las de mis amigos, me aprendí un programa de diseño, busqué un dominio y una empresa de alojamiento para mi web", contó a HERALDO.

A Rafael Castillejo le interesaba todo: contaba anécdotas de sus actores favoritos, revelaba que la actriz Betty Grable fue la primera en asegurar sus piernas, mantenía relación y correspondencia con vedettes y actrices que le cedían sus mejores colecciones de fotos y que le revelaban aspectos poco conocidos de su trayectoria, acumulaba series sobre asuntos muy diversos, el estreno de ‘El último cuplé’ en Zaragoza con Sara Montiel, los días de Manolita Chen en el circo, por citar pasiones concretas. Era un gran conocedor de las noches de Cancela, del esplendor del Oasis y de El Plata, e idolatraba personajes como Tarzán de los Monos y podía hablar de todos los actores que lo habían encarnado.

 "Aunque más tarde mi circo favorito sería el Atlas de los hermanos Tonetti, mi primer gran recuerdo es del Circo Americano. Ver elefantes vivos tan de cerca fue algo que me impresionó. Uno de ellos defecó una especie de gigantescas bolas de espinaca. Hasta entonces, solo los había visto en las películas de ‘Tarzán’, en blanco y negro, y con Johnny Weissmüller o Lex Barker”, dijo en las fiestas del Pilar de 2018 a HERALDO.

Publicó varios libros, entre ellos ‘Recuerdos compartidos’ (‘El Periódico de Aragón’), porque nada de lo que afectaba a Zaragoza o a la antropología cultural de España le resultaba ajeno. También cantaba, y participó en homenajes a Corita Viamonte, Joaquín Sabina o Joan Manuel Serrat, y en más de una ocasión actuó en televisión. Era versátil, un gran orador y un entusiasta absoluto de las pequeñas cosas que compartía con mucha gente de diversas disciplinas.

En los últimos años, tras su jubilación de su empleo en banca hace ya casi tres lustros, aprendió a sonorizar sus charlas, y finalmente aprendió la edición de vídeo, hasta el punto de que abrió su propio canal de Youtube. Desde él igual podía hablar de música (conocía muy bien la inglesa, francesa, italiana o norteamericana, y la canción ligera española y el rock), de circo, de los cines de la ciudad, que explicar cómo era la publicidad de peluquerías o realizar entrevistas a locutores, cantantes, rapsodas o coristas: Paco Ortiz Remacha, José María Pemán, Nito Pinilla o la citada Corita, a la que quería entrañablemente. Fue asiduo colaborador de las dos temporadas de ‘Vuelta atrás’. 

El actor y guionista del programa de Aragón Televisión Luis Rabanaque, incrédulo ante su inesperada muerte, dice: "Rafael era un entusiasta del recuerdo, de la fotografía en blanco y negro, de aquella Zaragoza de cafés y veladores. Compartí con él y en alguna ocasión con su nieta, paseos, almuerzo y conversaciones. Me deja muy triste la noticia Fue muy generoso con nosotros siempre. Cuando estuvo delante de la cámara, y también después, nos conseguía archivos y contactos que han sido fundamentales en nuestro ‘Vuelta Atrás’”.

En abril de 2020, poco después de la pandemia, me llegó la noticia de que Rafael Castillejo estaba deprimido. “No, no estoy enfermo, que yo sepa, pero tanto me estoy acostumbrando a esta nueva vida que ‘me lo paso de muerte’. No me aburro, estoy muy ocupado, veo mucho cine, series... pero a partir de las doce de la noche me entra una angustia, cuando leo en Internet las noticias de última hora, que tengo que recurrir al Valium. De paso me sirve como relajante muscular, pues mi gran problema siempre ha sido la espalda”, me escribió por e-mail.

El pasado 27 de mayo, en su visitado muro de Facebook, revelaba así su mal momento: “No podía ser más triste la primera noticia que me han dado esta mañana. Una buena amiga, Esperanza, esposa de mi amigo Nito Pinilla, falleció ayer por culpa del maldito coronavirus. No creo que fuese mayor que yo (68 años). Hace pocos días la vi tan guapa como siempre. Ni la mascarilla podía ocultar su bonita sonrisa. Es lo único que le faltaba a mi lamentable salud anímica que empeora día a día sin que sepa cómo salir de este agujero negro en el que me encuentro inmerso”.

Este hombre sabio y bueno, Rafael Castillejo, el del desván insondable, entusiasta como pocos de Zaragoza, de la belleza y de la vida, no logró salir de ese agujero negro. Descanse en paz. Y ojalá que allá donde vaya pueda "abrazar a toda la gente buena que conocí y un día se marchó", tal como había expresado en uno de sus sueños.

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