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Rafael Castillejo: "Mi circo favorito era el atlas de los Tonetti"

Este coleccionista de recuerdos evoca el mundo de las ferias, de los circos, los títeres de Maese Villarejo y las vedettes.

Rafael Castillejo, en la cripta del Centro de Historias, ante un cartel de los Tonetti
Rafael Castillejo: "Mi circo favorito era el atlas de los Tonetti"
Guillermo Mestre

Si hay alguien que ame la fiesta desde pequeño con locura ese es Rafael Castillejo (Zaragoza, 1952). Le apasionan los teatros, la música, el circo, las variedades, y es un formidable coleccionista de múltiples tesoros, con un fondo de picardía y espectáculo, como se ve en su página web. Algunas de sus fotos, e incluso un retrato suyo, con 4 años y montado sobre un caballito de cartón, se ha colocado en la cripta del Centro de Historias, entre algunas de sus pasiones: los títeres de Maese Villarejo, Gorgorito y la Bruja Ciriaca, y los carteles de vedetes como Pola Cunard, a la que glosó en las páginas de HERALDO, y que actuó en el Teatro Chino, el Teatro Lido y el Teatro Argentino.

Se mira un momento, como jinete precoz en 1956, y dice: "Llevo abrigo y boina. Se ve que hizo fresco para el Pilar de 1956". Explica que uno de sus primeros recuerdos, también presente en la muestra, es el citado Maese Villarejo, que montaba su guiñol en la calle Moret. "A mí me encantaban sus historias sencillas. Eran como episodios sobre la marcha, un poco improvisados, donde se producían algunos obstáculos y tensiones, y se creaba una sensación de susto o peligro, que a los niños nos encantaba", dice. En la cripta, se ve la ampliación de una fotografía, impresionante, donde los ojos asombrados de los niños y los no tan niños miran a los títeres.

Evoca Rafael Castillejo: "La primera película que vi fue ‘Lili’, debía ser una reposición porque era de 1953 o 1954. Si un adulto como Lili hablaba con los muñecos de guiñol, ¿cómo no iba a creerme yo aquellas historias?".

Rafael recuerda varios recintos feriales: el de Goya y Gran Vía, tan pálido casi como un recuerdo inventado, el de La Romareda y luego el inacabable de la Huerta de Agustinos, "donde hoy se encuentran los edificios de viviendas de la avenida de Tenor Fleta, la calle Uncastillo y el parque de Miraflores. Allí cabía todo: los teatros ambulantes, los circos, las ferias, los barracones", añade.

El recinto ferial era tan mágico como se ve en una foto nocturna. "Ahí, un niño de familia humilde como la mía podía pasar horas sin gastar dinero viendo cómo la bruja daba escobazos a los provocadores del último vagón del tiovivo".

Rafael Castillejo repasa las imágenes del recinto ferial. "Aunque más tarde mi circo favorito sería el Atlas de los hermanos Tonetti, mi primer gran recuerdo es del Circo Americano. Ver elefantes vivos tan de cerca fue algo que me impresionó. Uno de ellos defecó una especie de gigantescas bolas de espinaca. Hasta entonces, solo los había visto en las películas de ‘Tarzán’, en blanco y negro, y con Johnny Weissmüller o Lex Barker".

Con el paso del tiempo, Rafael Castillejo, que había empezado a disfrutar con los tebeos y con aquellos lujosos carteles de los espectáculos, "dibujados muchos de ellos por Jano", descubrió una nueva pasión: los cuerpos exuberantes y prometedores de actrices y vedetes. "Aquello, en aquella España, fue todo un regalo. Y yo creo que nos aceleró la adolescencia. A mí y a otros".Las fiestas eran siempre una promesa de felicidad, alegría, desinhibicion y aventura.


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