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Sarah Shackleton: "Aragón tiene algo mágico. Te arrastra y te sientes en casa"

Nacida en Nueva Zelanda en 1962, la escultora y pintora lleva casi 35 años entre nosotros. Expone en la Caja Rural y en el Centro Joaquín Roncal

Doble exposición de Sarah Shackleton.
Sarah Sackleton en su estudio de Miralbueno. Actualmente expone en en la Caja Rural y en el Centro Joaquín Roncal.
José Miguel Marco.

¿Recuerda cuándo llegó a Aragón?

Creo que sí. En 1986, tras un largo viaje, nos instalamos en Canfranc Estación. Mi compañero, Miguel, luego mi marido, venía para trabajar en la nieve y vivimos allí nueve meses en una casa, con otra gente, en las afueras.

¿Y cómo les fue?

Muy bien. Fue una época muy bonita. El país vivía un momento de agitación, de nervio y de esperanza. Yo acababa de terminar mi carrera y durante los últimos cursos colaboraba con una galería de mi país, tenía estudio y exponía. Tuve un pequeño parón al venirme aquí.

¿Le inspiró el Pirineo?

Mucho. Yo me quedaba sola en la casa y salía a pasear con nuestra perra Lúa. Y así, con pocos materiales, empecé a dibujar y a pintar un poco. Recuperé el pulso del arte. Me inspiraba el entorno.

¿Por qué cree que le sucedió eso?

Primero porque tenía tiempo libre y luego porque me identificaba con el paisaje. Veía conexiones con la Nueva Zelanda del sur. Y me sentía motivada. A mí aquella aventura me gustaba: siempre he sentido interés por otras culturas y me estimula aprender otra lengua, que es la mejor manera de conocer un universo ajeno. Me ha costado, pero me defiendo.

"Cuando algún aragonés se queja, sobre todo en materia artística, le digo: 'Pero si aquí tenéis a Goya, a Buñuel, a Saura. Los tenéis tan cerca que es como si los pudierais tocar'. A mí me daría pena o melancolía, irme de aquí y perder todo esto".

¿Qué sucedió luego?

No tardamos en regresar a Nueva Zelanda y estuvimos allí dos años. Miguel quería hacer periodismo y nos planteamos el futuro y decidimos regresar a España. Eso ya era en 1991. Y aquí hemos vivido estos 30 años.

¿Se ha arrepentido alguna vez?

Sí, muchas veces. Pierdes tu país, tus raíces, y a veces, al volver, te sientes extraña y extranjera. Eso me sucede. Llevo cinco años sin ver a la familia, aunque hablo a diario por Skype con mi madre. Y esa sensación de pérdida y alejamiento se produce.

¿Qué le da Aragón?

Me gusta mucho. Me siento identificada. Es una tierra dura, sí, pero a la vez siento que tiene algo fuerte, mágico. Te arrastra y te sientes en casa. A mí me sucede. Me siento de aquí. Y siempre encuentro estímulos y coartadas. Cuando algún aragonés se queja, sobre todo en materia artística, le digo: "Pero si aquí tenéis a Goya, a Buñuel, a Saura. Los tenéis tan cerca que es como si los pudierais tocar"». A mí me daría pena o melancolía, irme de aquí y perder todo esto. Además, me ocurre algo peculiar...

¿A qué se refiere?

Me siento motivada y atraída por una tierra como ésta, tan rica en historia, en patrimonio cultural, en arte. Nosotros somos un país joven, nada que ver con Aragón.

No ha dejado de trabajar, ¿no?

No he parado. He hecho escultura, trabajé en Ansó, que es otro espacio ideal, maravilloso, y he pintado mucho. Llevo varios años dando clase en el Colegio Británico, y antes también hacía unas conversaciones en la CAI sobre arte en inglés en las que me divertía mucho. Salía todo muy fluido.

Ha citado a tres grandes maestros. ¿A qué mujeres admira?

¿Aragonesas y artistas? Son muchas. Pienso en Julia Dorado, en Pilar Catalán, en Pilar Urbano, y me emociona pensar lo mucho que trabajaron por su oficio y en tiempos difíciles. Y miro hacia mi alrededor y veo la obra de Lina Vila, la fuerza de Prado R. Vielsa…

"Me siento motivada y atraída por una tierra como ésta, tan rica en historia, en patrimonio cultural, en arte. Nosotros somos un país joven, nada que ver con Aragón"

Con la que expone, por cierto, en Caja Rural en un proyecto de arte y ciencia: ‘¿S. A. de prójimos?’.

La verdad es que es un estímulo importante. Esa ha sido una exposición mágica gracias a la comisaria Mari Carmen Gascón Baquero. Se dio una situación de respeto y cariño que me ha impresionado; no había vivido algo así antes. Ahí se ven algunas líneas de mi trabajo: la apuesta por el paisaje, la ecología, la preocupación ante el cambio climático. Trabajo eso con un especialista de mi país, Simon Cox. Me ha encantado explorar el vínculo de arte y ciencia.

A la vez, participa en una exposición individual y ambiciosa, expone en el Centro Joaquín Roncal.

Sí y ahí expongo una obra importante para mí donde expreso la nostalgia por mis paisajes nativos. ‘Blue: the way it was’, las obras están pintadas en color azul, un azul de ausencia y de memoria, que corresponden a glaciares y montañas de mi país, Nueva Zelanda.

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