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Imágenes de la capital del cierzo / 33. 'Artes & Letras'.

La histórica calle de San Pablo, de Zaragoza, hacia 1910

La animosa vía engloba el bullicio de sus gentes, el próspero comercio y los oficios perdidos de toda una ciudad

Imágenes de la capital del cierzo / 33.
Calle de San Pablo, ca. 1910. 
Colección Manuel Ordóñez. Anteayer Fotográfico Zaragozano. 

Casi podemos escuchar el sonido producido sobre el adoquinado por los botines de la joven de la blusa blanca que apenas ha dejado atrás la calle de las Escuelas Pías para adentrarse con paso firme en la de San Pablo.

Amortiguado, quizás, por el murmullo de las voces de los parroquianos, sobre todo mujeres, que a primera hora de una calurosa tarde veraniega se concentraban a la sombra en la entrada de una de las calles con más vida de la Zaragoza de principios del siglo XX. Si pasean por ella, fíjense en las desgastadas piedras de algunos portales que han sobrevivido. El roce de los carros al entrar ha dejado su huella a través de los años.

La hora a la que se realizó la fotografía realza el dibujo del pavimento, seguramente incómodo para andar y sobre todo para el tránsito de los carros que, tirados por caballerías, suponían el tráfico de tan comercial calle. Aún así, era un avance respecto a otras zonas de Zaragoza, donde el suelo de tierra suponía un engorroso barrizal cada vez que llovía, con la consiguiente suciedad en calzados, vestidos y largos faldones que eran la indumentaria habitual de la época. Aunque para haber visto y sufrido suelos de tierra y embarrados no haya que irse hasta más de un siglo atrás.

Solemos ver fotografías antiguas en las que aparecen importantes edificios civiles, iglesias, plazas, pero la historia cotidiana de una ciudad la escriben sus habitantes y sus actividades diarias, sus calles y comercios, que no eran tan importantes, parece, para reflejarlos en fotografías. En este caso, gracias a un anónimo fotógrafo francés, quedó el recuerdo de uno de esos momentos, y nos permite asomarnos a él como si de una ventana se tratara, casi como una vista furtiva de un instante cotidiano.

Para situarnos en la imagen, a la derecha aparece la fachada del número 14, donde se encontraba la carnicería de Ruperto Fraile, en cuya puerta descansa plácidamente un perro al calor del sol y completamente ajeno al bullicio, puede que soñando con que algún cliente le obsequiara con una salchicha recién embutida. En la fachada, el médico cirujano José Supervía se anunciaba en una placa, aunque su consulta estaba algo lejos de allí, ya en el número 68. Tras este edificio, la calle de los Broqueleros, cuyo nombre guarda recuerdo de los parroquianos de San Pablo armados de broqueles, o escudos, que participaron en la revuelta de 1766 contra la subida del pan.

Imágenes de la capital del cierzo / 33.
Calle de San Pablo, ca. 1910. 
Colección Manuel Ordóñez / Anteayer Fotográfico Zaragozano.

Asomado tras la esquina, un joven que parece ser el único que se ha apercibido de la presencia del fotógrafo y sobre el que, realizado en la pared, hay un anuncio del desinfectante “Zotal”, novedoso producto que supuso un gran avance para la higiene en la época.

Casi frente a ella, la antigua calle de las Obrejuelas, ya entonces renombrada como de Pedro Gregorio Echeandía y Jiménez, hoy pálido recuerdo de lo que fue. Don Pedro fue un farmacéutico de origen navarro que se estableció en Zaragoza y al que se le asignó una botica en la calle de San Pablo. Botánico erudito, escribió importantes obras, hoy desaparecidas, y elaboró el primer herbario de la flora de la región. También consiguió introducir el cultivo de la patata en Aragón y mejoras en los de sésamo o trigo, entre otros. Justo es que la ciudad le reconociera sus méritos con una placa a tan ilustre vecino del barrio, homenaje podríamos decir que harto difícil para otros muchos de sus hijos, ya sea de nacimiento o por adopción.

Como contraste a la joven de blanco que, a modo de guía, nos abre paso para adentrarnos en la calle, a la izquierda, y en animada charla, vemos a dos señoras vestidas con largos ropajes oscuros a las puertas de uno de los muchos comercios, el de Manuel Soria en el número 13.

Recuerdo de un oficio ya perdido, o casi, es el siguiente establecimiento en el edificio contiguo, el de la baulería de Ambrosio Enguita, ante el que está reunido un nutrido grupo de personas que despreocupadamente han dejado sus cestas en el suelo. En una vía comercial pero también sede de numerosas posadas, los viajeros que se hospedaban en ellas bien podrían renovar sus baúles en este negocio.

Imágenes de la capital del cierzo / 33.
Publicidades aparecidas en la Guía de Zaragoza de 1904
Colección Manuel Ordóñez / Anteayer Fotográfico Zaragozano.

Posadas como la de San Blas, que hacía honor al primer nombre del barrio también llamado “Poblado del rey”, en el número 19, ya pasada Echeandía, junto a la que Isidro Puig regentaba su negocio de venta de aceite al por menor. Oficios desaparecidos de los que solo quedan recuerdos en viejas fotografías o guías de la ciudad, y que nos permiten vislumbrar que lo perdido con los años no son solo los edificios, sino la forma de vida que encerraban y que hoy nos es tan lejana.

Pero si hablamos de posadas, la calle de San Pablo posee, aunque hoy solo en forma de cáscara vacía, una de las más antiguas de Zaragoza, la Posada de las almas, fundada a principios del siglo XVIII y cuyo portalón de entrada se puede apreciar junto a la cabeza de nuestra amable testigo. Hoy muy reformada debido a las intervenciones de Albiñana en 1911 y de Regino Borobio en 1932, su aspecto regionalista de estilo neobarroco poco tiene que ver con el que presentaba en 1910 en el número 22, y que tras las reformas incorporó también el número 20.

La Posada de las almas fue sede de banquetes como el del centenario el 9 de agosto de 1908, en el que “dado el carácter de la fiesta y rigor de la estación se permite comer en mangas de camisa”, homenajes como el ofrecido a los hermanos Machado por 'La Lola se va a los puertos'

Tan larga existencia permite al edificio atesorar buen número de célebres visitantes, entre los que, quizá más como leyenda que como realidad, se incluye a Goya, o haber sido el lugar donde Eduardo Jimeno reveló la que se consideraba, aunque no lo es, primera filmación del cine español con su 'Salida de misa de 12 del Pilar'. Sede de banquetes como el del centenario el 9 de agosto de 1908, en el que “dado el carácter de la fiesta y rigor de la estación se permite comer en mangas de camisa”, homenajes como el ofrecido a los hermanos Machado por “La Lola se va a los puertos”, y de otros innumerables eventos sociales y festivos, hoy más que nunca hace honor a su nombre, porque ya solo las almas, o el recuerdo de los que pasaron por allí, habitan en ella.

Imágenes de la capital del cierzo / 33.
Publicidad de la Botería de Fernando Falcón, fundada a finales del siglo XIX en San Pablo nº 20 y trasladada posteriormente al nº 3, tal como aparece en el 'Programa Guía de las Fiestas del Pilar en Zaragoza', de Ramiro González Sola, 1921.
Colección Miguel Pascual Laborda, bisnieto del fundador.

En ese número 20, que luego pasó a formar parte de la posada, se encontraba otro establecimiento de oficios ya perdidos, la botería fundada por Fernando Falcón y que después se trasladó al número 3. Es fácil imaginar el olor que impregnaría la calle debido a los productos que esta familia utilizaba para elaborar sus botas.

Podríamos seguir recorriendo San Pablo, imaginando el murmullo de las conversaciones de sus habitantes y recreando los olores que salen de sus negocios, pero este corto paseo tiene que llegar a su fin. Si un día recorren la plaza de San Pablo en torno a la iglesia, pisen con cuidado. Ahí abajo duerme para siempre la heroína María Agustín junto a tantos otros parroquianos. Fue enterrada en el fosal y no tuvo la suerte de compartir mausoleo con sus otras compañeras de heroicidades. La muerte, dicen, nos iguala a todos, pero hasta para esa igualdad hay clases.

Link foto ampliada: 

https://photos.app.goo.gl/txf3pH7ibwSbzzWB8

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