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Javier Almazán, Copiloto, regresa con 'Abrazos salvavidas' cinco años después

El compositor y cantante ha subido a las plataformas un álbum de seis canciones que hablan del dolor, del amor y del desamor, y de la esperanza

Copiloto vuelve a grabar cinco años después.
Copiloto ha dado un cambio a su carrera con temas más directos y una voz más desnuda.
Raquel Povar.

ZARAGOZA. El oscense Javier Almazán, Copiloto, había caído al abismo. Le desarmó la enfermedad de su padre, dejó de creer en sí mismo y en la música, y también se le vino abajo la estabilidad emocional y amorosa. Se le pasaron muchas cosas por la cabeza. Unos amigos que se dedican a la música, la poesía y el arte "me conminaron en 2019 a volver, a recuperar mi mundo y a que volviese a componer, a escribir canciones y a seguir leyendo". Y casi un año y medio después, Copiloto es otro y el de antaño: ha detectado el desamor y ha intentado resolverlo. Ayer lanzaba a las plataformas un nuevo disco: ‘Abrazos salvavidas’, que consta de seis canciones, entre ellas, ‘Lo inolvidable’, cuyo vídeo grabó en medio del temporal Filomena.

"Creo que me he abierto en canal. Aquí está mi dolor de todos estos meses, mis dudas, ese difícil viaje que consiste en entender por qué estás mal, buscar explicaciones, tomar conciencia y, luego, y es lo más difícil, tomar decisiones. Quería romper un bucle de inercia y recuperar las ganas de crear. Y volver a sentirme vivo con lo cotidiano: las canciones, la música, la amistad, los paseos, la lectura, que es una de mis pasiones, mis dos hijos...", dice.

"Quería romper un bucle de inercia y recuperar las ganas de crear. Y volver a sentirme vivo con lo cotidiano: las canciones, la música, la amistad, los paseos, la lectura, que es una de mis pasiones, mis dos hijos..."

También ha habido un cambio en la música. "Sí. He cambiado la propia redacción de los textos: son menos barrocos, más directos. Y he cambiado el modo de cantar: he querido evitar trémolos, no alargar las sílabas, despojarme de retórica y asumir un papel casi de narrador. Buscaba una voz más desnuda", dice.

Explica Javier Almazán, Copiloto, galardonado en varias ocasiones en los premios de la Música Aragonesa, que ha sido determinante la colaboración del productor Eduardo Baos, que toca teclados, guitarras, ukelele y una leve percusión. "Ha sido exigente y sincero conmigo. Somos amigos desde hace años y nos pusimos algunas reglas: nada de bajos, nada de baterías. Lo hicimos todo muy sencillo. A él no le gustaban algunos matices y me corregía todo el tiempo. Me exigía ese despojamiento. Ha sido una experiencia intensa pero estoy muy contento. Yo cuando iba a grabar antes lo tenía todo claro, no tocaba nada, pero aquí he terminado los textos el mismo día y a veces los ajustábamos a la música durante la grabación", dice Copiloto, que reconoce que quería hacer un disco muy acústico, limpio, con guitarras acústicas y poca instrumentación, con ecos de los ‘american recording’ de Johnny Cash y de un disco de Neil Diamond, ‘Doce canciones’, que "que son sencillas y maravillosas. Eduardo lo tenía claro. Tanto el Cash como el Diamond fueron producidos por Rick Rubin".

“El mundo de la música ha cambiado mucho. Ahora ya nadie escucha un disco entero. Sacaré un vinilo pronto con las canciones y me gustaría ir ofreciendo pequeños detalles, objetos y diversos regalos de arte con mis canciones".

Añade algo más: el espíritu del disco es positivo. Arranca del dolor, de la pérdida, de las heridas, incluso de la añoranza, y poco a poco se proyecta hacia la esperanza y el sueño de la felicidad. Por eso un tema se titula ‘Todo irá bien’ y el disco alude a "esos ‘abrazos salvavidas’ que tanto me gustan y que tanto necesito».

Llama la atención que tras cinco años de parón, solo publique seis canciones. “El mundo de la música ha cambiado mucho. Ahora ya nadie escucha un disco entero, existen las listas de ‘playlist’. Sacaré un vinilo pronto con las canciones y me gustaría ir ofreciendo pequeños detalles, objetos y diversos regalos de arte con mis canciones. Por ejemplo, voy a empezar editando marcapáginas”, informa.

Lo importante es que ya está aquí. De vuelta. Ilusionado. Dispuesto a seguir cantando y abrazando cantando cuando se vaya el fantasma de la pandemia. 

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