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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Copiloto, por carreteras secundarias

Javier Almazán, piloto más que copiloto, ha publicado recientemente su cuarto álbum, 'Los puentes hundidos'. No es tan directo y audible como los dos anteriores, propone situaciones sonoras nuevas y riscosas, hasta extrañas en una persona que depuró tanto sus dos discos anteriores, 'Un segundo luminoso' (2009) y 'El inicio, el desencanto y el círculo de confianza' (2011). Byrds, Beatles, Brincos, La Costa Brava… aleteaban en el primero, con 'Moleskine', con Juan Aguirre de 'copiloto' guitarrero, como mayor canción espejeante del álbum; en el segundo se añadían las vibraciones de Love, Beach Boys, La Habitación Roja…, grupos nada sospechosos de descuidar las melodías, bien al contrario, de mimarlas como orfebres del pentagrama. Como hizo Almazán, no sin éxito musical (otra cosa es el comercial, que los tiempos siguen muy bordes para exquisiteces independientes).

En este cuarto, no es que el oscense haya hecho un amago de retorno al indie de su debut, 'Defensa del artista que no existe' (2008), pero sí es cierto que ha esquinado el pop prístino de sus dos álbumes anteriores, para circular por carreteras secundarias y menos confortables, lo que no significa intransitables sino más arriesgadas. Un paso que nace de la ansiedad de todo artista inquieto por no repetirse y de las incertidumbres propias de Almazán, de su dura competición consigo mismo por hacer las cosas lo mejor posible, como venía a confesarle a Antón Castro en una larga entrevista para el suplemento 'Artes y Letras' de Heraldo.

'El miedo', que abre y cierra el álbum, con la voz en off (escondida, como dice Almazán, porque realmente no le gusta su voz) y cierto eco bunburiano, traza un circuito sonoro cerrado y por el que, a medida que va dando vueltas, va dejando atrás parajes pinkfloydianos de los 70, de 'Meddle' y hasta de 'Atom Heart Mother', aunque quizá ni él mismo hay reparado en ello, pero también de Neu!, Los Planetas o Talking Heads como nuevos fantasmas invitados a su casa.

Estaba en la idea de hacer un disco doble, soltando la mano hacia la radicalidad, pero al final se contuvo y ha dado algo más asequible, un disco más oscuro pero completamente sugestivo. No sé el tiempo que durará o si los hados y el público le serán esquivos, pero no hay duda de que Copiloto es uno de los grupos más brillantes e inquietos que circulan hoy por las vías aragonesas. Aun con los puentes hundidos.

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