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Ocio y Cultura

ENSAYO LITERARIO. OCIO Y CULTURA

Irene Vallejo elogia en su ‘Manifiesto por la lectura’ la máquina del tiempo que son los libros

La escritora, Premio Nacional de Ensayo de 2020, publica un volumen de 60 páginas que le encargó el Gremio de Editores de España y edita Siruela

Irene Vallejo publica 'Manifiesto por la lectura' en Siruela.
Irene Vallejo indaga en los orígenes del cuento y en los valores de la lectura.
José Miguel Marco.

ZARAGOZA. Hay autores que están en estado de gracia. Embellecen cuanto miran, ahondan en lo que tocan con matines inesperados. Le sucede, en particular, en los últimos tiempos a Irene Vallejo (Zaragoza, 1979), la autora del inmenso éxito de ‘El infinito en un junco’ (Siruela), que lleva más de 20 ediciones y un puñado de traducciones y ha recibido el Premio Nacional de Ensayo. Por otra parte, entre otras muchas colaboraciones, es columista de HERALDO. Acaba de publicar en Siruela ‘Manifiesto por la lectura’ en un volumen menudo, de 60 páginas.

Explicaba anoche Irene desde San Sebastián: "En febrero recibí un encargo de la Federación de Gremios de Editores. Me pidieron un manifiesto que apoyase y diese envoltura literaria a la propuesta de un Pacto por el Libro, una pequeña hebra en el inmenso tapiz de personas que defienden el valor de la lectura. Acabé escribiendo el texto durante el confinamiento, de ahí las alusiones a la fragilidad y las ‘caligrafías del cuidado’. La necesidad del Pacto se volvía más urgente a medida que avanzaba el tiempo y al compás de la importancia que los libros adquirían en nuestras vidas encerradas. Al final, se convirtió en un canto polifónico a aquello que nos salva".

Ebullición, dolor, terapia

Alude en el libro a la escritora Laure Adler, que acababa de perder un hijo y descubrió una novela de Marguerite Duras, y escribió: "La lectura de esa novela suspendió el tiempo, me llevó a otro lugar. Sé que el libro, al trocar mi tiempo por el suyo, el caos de mi vida por el orden del relato, me ayudó a recuperar el aliento y a avizorar el futuro". La autora aragonesa consigna los beneficios de la lectura: "Cuando leemos, trenzamos los mimbres de la percepción, de la memoria y del razonamiento, y ese entrejer mental frena la degeneración cognitiva (…) La lectura es la ebullición de nuestras neuronas, un ‘Big Band’ luminoso en el recinto de nuestra mente", señala Irene.

Irene Vallejo publica 'Manifiesto por la lectura' en Siruela.
Irene Vallejo ha recibido el Premio Nacional de Ensayo por 'El infinito en un junco'.
José Miguel Marco.

El texto tiene un subtítulo, ‘Caligrafías del cuidado’, y comienza con un personaje eterno, una mujer menuda, capaz de «levantar un muro de aire para defenderse», que evoca a Sherezade, a ‘La Odisea’, e incluso a Ana María Matute, quien dijo en la recepción del Cervantes: "La literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas".

Como se ve la literatura nace de la pulsión de la escritura y de la necesidad de contarse o de que nos cuenten. Y ahí están las palabras. "Narramos, escribimos y leemos porque hemos fabricado la fabulosa herramienta del lenguaje humano. Por medio de las palabras podemos compartir mundos interiores e ideas quiméricas", dice en el ‘Manifiesto’.

"Como en los antiguos cuentos, los libros son cofres de tesoros donde el talismán no es tanto el objeto en sí, sino su maravillosa capacidad para salvaguardar nuestras mejores ideas y nuestras mejores historias en el curso del tiempo. En ellos preservamos el pasado para legarlo al futuro", dice Irene Vallejo, desde San Sebastián

Siempre se había dicho que la lectura es una de las experiencias más íntimas y solitarias del mundo. Irene le da una leve vuelta de tuerca a la idea por la vía metafórica. "Leer nunca ha sido una experiencia solitaria, ni siquiera cuando la practicamos sin compañía en la intimidad de nuestro hogar. Es un acto colectivo que nos avecina a otras mentes y afirma sin cesar la posibilidad de una comprensión rebelde al obstáculo de los siglos y las fronteras", porque, en el fondo, se extiende la autora, "anhelamos ver por otros ojos, pensar con otras ideas y sentir otras pasiones". Otro aspecto clave, como ya sostenía Quintiliano («los libros hacen los labios», dijo en frase quizá insuperable) y recoge Gregorio Luri, es que "leer nos enseña a hablar" y nos hace más empáticos; la autora va algo más allá e inventa una de las frases del ‘Manifiesto’: "En lo leído está el vocabulario de nuestras propias vidas", que se completa con otra no menos afortunada: "La máquina del tiempo existe: son los libros".

Palabras, cuentos y papel

Irene Vallejo aborda el libro en sí, "un objeto sencillo en el que encapsular los conocmientos más complejos (…) Objetos que rozan la perfección, los libros han sido botes salvavidas para nuestro tesoro de palabras en los naufragios del tiempo", escribe, y matiza desde San Sebastián: "Como en los antiguos cuentos, los libros son cofres de tesoros donde el talismán no es tanto el objeto en sí, sino su maravillosa capacidad para salvaguardar nuestras mejores ideas y nuestras mejores historias en el curso del tiempo. En ellos preservamos el pasado para legarlo al futuro".

"Narramos, escribimos y leemos porque hemos fabricado la fabulosa herramienta del lenguaje humano. Por medio de las palabras podemos compartir mundos interiores e ideas quiméricas",

Con García Lorca, dice Irene Vallejo: "Custodiar las palabras también significa cuidarnos y velar por el mañana, frente a las amenazas del tiempo, la muerte y el silencio". Como suele hacer siempre la escritora, alterna el pasado, el presente y el futuro: "El papel convive armoniosamente con sus hermanas de luz, las pantallas, pero posee un aura que los apasionados de la literatura amamos y reconocemos", afirma en este libro cuidado y gozoso.

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