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Rostros que suben a los altares sin ser santos

Los aragoneses Goya o De Aponte pintaron el retrato de conocidos y de ellos mismos en algunos de sus retablos, al igual que un pintor malagueño hace unos días, lo que ha generado variedad de opiniones.

El nuevo retablo de la parroquia de San Miguel de Guadix.
El nuevo retablo de la parroquia de San Miguel de Guadix.
Diócesis de Guadix

Los expertos consideran que la aparición de Fidias en el escudo de Minerva es el primer autorretrato conocido. En el 'quattrocento' se repite este recurso artístico, lo que se apunta como parte del orgullo del autor en la lucha por la libertad de expresión. Firma en una esquina inferior y el rostro en un lateral, como Diego Velázquez tras las famosas meninas o Francisco de Goya en la sombra del cuadro de la iluminada familia de Carlos IV. Los autorretratos realizados por artistas de diferentes disciplinas se perciben tanto en obras para exponer como en retablos, pechinas y cúpulas en iglesias.

La parroquia de San Miguel de Guadix, en Granada, se convirtió hace unos días en el foco de la noticia. Su nuevo retablo se presentó el pasado viernes y la propia diócesis lo ha definido como una "propuesta renovadora", una huida de los estereotipos iconográficos. Tras los aparentes cánones clásicos que brotan de la composición se esconden paisajes de la localidad grandina, que se conjugan con la representación de varios santos: San Pedro, San Pablo, San Torcuato y San Fandila.

"Los rostros son reconocibles, de personas del barrio, del propio párroco -Antonio Fajardo-, y del pintor -el malagueño José Antonio Jiménez-", explicó la institución eclesial en su portal. Las mismas fuentes sostienen que el artista aseguraron que ha utilizado la faz de personas con una estética actual para que se aprecie que "la santidad no es cosa del pasado, sino que todos estamos llamados a ser santos". "Los mártires de hoy tenemos que ser nosotros. Los santos de hoy han de llevar nuestros rostros. Nosotros tenemos que imitar la fe de nuestros santos, seguir su ejemplo y perseverar en sus enseñanzas", manifiestó la diócesis de Guadix.

Esta representación ha causado diversidad de opiniones en el pueblo y en las redes sociales. No obstante, Jiménez señaló a la diócesis que Caravaggio y Murillo, dos de sus referentes, ya lo utilizaban en el pasado y lo ha intentado emular. Este pintor malagueño, que en su retablo encarna a San Pedro, ha repetido también lo que ilustró Francisco de Goya en San Francisco el Grande de Madrid. El genio de Fuendetodos se autorrepresentó en el altar de San Bernardino de Siena predicando ante Alfonso V de Aragón, que el historiador del arte Julián Gállego consideró un "éxito" de esa iglesia. "El propio Goya que mira al espectador, con un narcisismo de mozo de Zaragoza que aspira a triunfar en los Madriles", publicó César Pérez Gracia en las páginas de HERALDO en 2002. Idea que, de alguna forma, defendió Gállego: "Entre cuyo auditorio se autorretrató Goya triunfalmente".

El pintor aragonés aparece en un segundo plano, entre caballeros con botas altas, capa y gola -una imagen que recuerda a los típicos mosqueteros-. Con un atuendo acorde con el resto, en el que predomina el color amarillo, desafía con la mirada al espectador bajo el crucifijo que San Bernardino sostiene en su mano derecha.

De Francisco de Goya, pintor de cámara, a Pedro de Aponte, considerado por algunas fuentes como el pintor aúlico de Fernando el Católico. Mercedes Jover Hernando, de la Cátedra de Patrimonio y Arte de la Universidad de Navarra, determina en un artículo que de Aponte se deja ver en el sotabanco del retablo de Santa María la Real de Olite, que la profesora Carmen Morte lo reconoció entre el público de la escena del Ecce Homo del retablo mayor de San Juan Bautista de Cintruénigo y, cubierto por una redecilla, en ‘La procesión al Monte Gargano’ en Ágreda.

En relieve

Autorretratos pintados y también esculpidos. El cincel de Damián Forment, ensalzado como uno de los escultores más destacados del siglo XVI en España y considerado oriundo de Alcorisa en más de una ocasión, se autorretrató en varios de sus trabajos. Por ejemplo, en el Altar Mayor de la Basílica del Pilar aparece junto a su esposa, Jerónima Alboreda.

Retratos de Damián Forment
Autorretrato de Damián Forment en el Altar Mayor de la Basílica del Pilar.
Retratos de la esposa de Damián Forment
Retrato de Jerónima Alboreda, esposa de Damián Forment, en el Altar Mayor de la Basílica del Pilar.
"Deja constancia evidente de su autoría y reivindica el orgullo intelectual del artista"

El perfil del afamado escultor también se puede observar en el retablo de la Catedral de Huesca, unas obras le encargaron hace justo 500 años, el 10 de septiembre de 1520. En esta muestra oscense, el maestro esculpió en el extremo lateral derecho el perfil de su hija Úrsula y el suyo en el izquierdo. "Los elementos decorativos son, asimismo, renacentistas, igual que el hecho de incluir, en la parte más baja del retablo, sendos medallones con su retrato y el de su mujer: con ellos deja constancia evidente de su autoría y reivindica el orgullo intelectual del artista, la aspiración a ser considerado tal y no un mero artesano", concreta Marisancho Menjón, actual directora general de Patrimonio del Gobierno de Aragón, en ‘El retablo de la Catedral de Huesca’ editado por la CAI en 1999. Ambos presentan “rasgos finos, de belleza clásica”, añade Menjón en la misma publicación.

Damián Forment en un detalle del Retablo de la Catedral de Huesca.
Damián Forment en un detalle del Retablo de la Catedral de Huesca.
Javier Blasco
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