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José María Conget: "De la Zaragoza de mi juventud, no se conserva nada, ni siquiera el cine Elíseos"

El escritor ha trabajado en varias ciudades del mundo. Premio de las Letras Aragonesas, en sus ficciones siempre vuelve a la ciudad de su juventud.

Entrevista con José María Conget.
José María Conget es autor de noveas y cuentos
Esther Casas / Heraldo.

¿Cómo define estos seis últimos meses?

Un engorro peligroso. Por suerte no soy aprensivo ni hipocondríaco y he llevado una vida normal dentro de los límites.

¿Ha sido este el verano más extraño e inquietante de su vida?

Mis costumbres no cambiaron mucho con el confinamiento. No podíamos salir a tomar unas cervezas con los amigos ni ir al cine, pero en lo esencial seguí haciendo mi vida sedentaria: escribir, leer.

Situaciones así, tan críticas e inesperadas, ¿son un desafío para el escritor o una incomodidad, un territorio de incertidumbre, como para todo el mundo?

Los escritores no son distintos al común de los mortales, si acaso mucho más vanidosos. Habrá autores que ya habrán integrado la pandemia en su literatura. Pero ya está contada en varias novelas de ciencia-ficción nada despreciables. Esta vez se adelantó la literatura a la vida.

¿Encontró en el cine o en el cómic, de los que es un gran conocedor y gozador, situaciones similares?

Muchas, pero rescato el comienzo de ‘The Omega Man’, la primera versión con Charlton Heston, cuando se le ve caminando por el centro de una gran avenida a la luz del día y solo.

Cuando piensa en el verano, ¿qué instante le vienen a la cabeza?

Me impresionó en mayo salir en busca de una farmacia a la Alameda de Hércules de Sevilla, la zona de mayor concentración de gente a cualquier hora, y verla sin un alma. Era terrorífico y al mismo tiempo, y me avergüenza un poco afirmarlo, hermoso.

Su literatura, en su mayor parte, se nutre de su propia biografía. ¿Cómo eran en Zaragoza los veranos de su juventud?

En mi juventud nunca pasé un verano en Zaragoza. Hasta los diez años los pasaba en Borja y después en Pamplona. Mis recuerdos zaragozanos se sitúan todos en medio del curso académico.

¿Pensó, de manera deliberada, en convertir Zaragoza en una ciudad literaria?

No. Sitúo algunos de mis relatos en Zaragoza porque la conozco mejor que Cuenca, por ejemplo. Ahora bien, la nombro en todas mis obras, es como un fetiche.

Si mira hacia atrás y piensas en Zabala, ¿qué le dice ahora ese ‘alter ego’ de sus primeros libros?

Zabala absorbía lo peor de mí mismo, cargaba con los rasgos más enojosos de mi personalidad. Ni siquiera quiso tener hijos. Me considero mejor individuo que ese egocéntrico.

Hay un momento de su vida en que se fue a Lima, a Glasgow… ¿En qué medida ha sido un aventurero, alguien que parece desconocer la pereza y que viaja mucho?

No he sido un aventurero. Las aventuras que me han ocurrido se me han venido encima ‘malgré moi’. Lo que deseaba, como Maribel, mi mujer, era huir de la grisura, caspa y cutrez del franquismo

Llegó a vivir, ya en Londres, en la casa de un famoso asesino…, no recuerdo si era Jack el Destripador o Christie.

John Christie, conocido, gracias al cine, como el estrangulador de Rillington Place, aunque en realidad no estrangulaba a sus víctimas. No vivíamos exactamente en su casa, que había sido derruida, sino en el lugar preciso donde estuvo su domicilio, de forma que desde la ventana de nuestra cocina veíamos pasar el primer metro mañanero, hacia la parada de Ladbroke Grove, igual que lo oiría y contemplaría él mientras enclaustraba los cadáveres detrás de los paneles de sus paredes.

¿Qué es más importante para un escritor, la memoria o la imaginación?

Ambas cosas se combinan. Depende también del escritor.

¿Cuáles son las historias que le apetece contar, qué tienen o deben tener?

Los cuentos nacen del azar, de un impulso que no controlo muy bien: una mirada callejera, el palabreo de alguien, un sueño, un recuerdo que mi familia conserva de otra manera… Las novelas surgen de un proceso introspectivo alrededor de obsesiones personales que seguramente soporta casi todo el mundo; yo me diferencio en que las llevo a la página.

Dice que siempre escribe las mismas historias. ¿Qué es lo que cambia?

Cambia el anecdotario y los personajes y la estructura concreta que decido adoptar en cada caso. Cuando digo que siempre escribo el mismo libro es porque los temas se repiten con variantes.

¿Cuál es tu estilo?

Ahora tiendo a un lenguaje coloquial culto. Al principio era mucho más barroco. Tengo la impresión de que, en cierto modo, escribía mejor antes, pero ahora me acerco más a lo estrictamente narrativo, con menos orfebrería lingüística.

¿Escribe de lo que recuerda o de lo que pudo haber sido o no fue?

En mis libros de no ficción, de lo que recuerdo, casi siempre equivocado. En la ficción no tiendo a compensar deficiencias personales, aparte de que mis libros suelen tender a lo melancólico.

¿Qué le daban las ciudades en las que ha vivido: Londres, París, Nueva York, etc.?

Perspectiva, relativismo cultural y social, placer por la diferencia, por lo menos los primeros años. Ahora en todas las capitales encuentras los mismos negocios, las mismas vestimentas de moda, las mismas películas. En todas tuve momentos de plenitud. Profesionalmente, quizás en Nueva York rendí más frutos.

¿Cree que la biblioteca del Instituto Cervantes de Nueva York es una de las grandes tareas o logros de su vida?

Fue una locura personal e imposible: reunir toda la literatura y todo el cine de los pueblos hispanohablantes. Disfruté mucho. Pero la biblioteca, tal como la concebimos, no existe ya; al comprar el Cervantes un local propio, los libros no cabían. Se regalaron unos 5.000 a la Hispanic Society y otros mucho reposan en el cementerio de un almacén.

¿Qué le sigue dando Zaragoza, su ciudad del recuerdo, pero también el espacio familiar al que siempre vuelve?

Tengo familia, amigos y recuerdos. De la de mi juventud no se conserva nada. Ni siquiera el cine Elíseos.

¿Qué es la literatura?

Una defensa contra las ofensas de la vida, decía Pavese, y a mí me gustaba citarlo, como si la vida me hubiera ofendido mucho. Como lector, es un placer; como escritor, siendo una persona de nulas habilidades prácticas, deportivas y bailongas, algo que me divierte hacer porque se me da por lo menos regular.

¿Se arrepiente de algo, que se pueda contar aquí, un escritor como usted?

En mi vida personal, de unas cuantas cosas que no voy a contar aquí. En lo profesional, no. He cometido insensateces que no han beneficiado una mayor difusión de mis libros, pero no me quitaron el sueño.

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