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El mundo coral aragonés, en precario ante la imposibilidad de ensayar por la covid-19

Reclama a la Administración una mesa conjunta que aborde los problemas porque muchos grupos pueden llegar a desaparecer 

CONCIERTO DEL CORO EN ARMONIA / 04-11-2018 / FOTO: ARANZAZU NAVARRO [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Concierto del coro Enarmonía en el Auditorio de Zaragoza.
ARANZAZU NAVARRO

El mundo de la música vocal está viviendo con dudas y angustias la vuelta a la normalidad. Sobre todo los coros. «Hay mucha incertidumbre –señala Igor Tantos, director del coro Amici Musicae–. Se están haciendo varios estudios sobre cómo afecta la actividad de los instrumentos de viento y de la música coral y vocal. Pero no hay consignas ni normativas claras, y no sabemos cómo va a repercutir todo en la próxima temporada».

Y es que el virus se trasmite en lugares cerrados, y el canto produce dos tipos de emisiones: gotas y partículas en suspensión o aerosoles. Es decir, que un enfermo cantando es potencialmente muy peligroso, y si a eso le añadimos el hecho de que los miembros de los coros habitualmente cantan codo con codo... Se ha llegado a decir que las gotas de saliva de un cantante de ópera pueden llegar a seis metros de distancia.

"Tenemos varios informes de conservatorios superiores alemanes que han llegado a la conclusión de que con mantener una distancia de dos metros entre cada una de las voces es suficiente –matiza Jorge Apodaca, director de Enchiriadis–. Eso respecto a las gotas de saliva, que no llegan más allá de un metro de distancia. Frente a los aerosoles o partículas en suspensión por su bajo peso, se está recomendando ensayar en espacios aireados y muy ventilados. Lo que están aconsejando es que los ensayos se suspendan cada 15 minutos para ventilar la estancia donde se lleven a cabo".

Los coros se enfrentan a un doble problema: el ensayo y la actuación. Y cada uno de ellos tiene sus particularidades. También hay diferencia entre las propias formaciones, todas constituidas por aficionados y en muchos casos de avanzada edad.

Amici Musicae, coro residente del Auditorio de Zaragoza, aunque subraya que «vamos a ser muy prudentes», confía en retomar los ensayos en septiembre. "Tenemos la suerte de poder disponer de salas enormes de ensayo en el Auditorio, de poder jugar también con ensayos parciales o por cuerdas. No tenemos problema en garantizar la distancia de dos metros".

Pero Amici es una excepción. La inmensa mayoría de los 5.600 aragoneses que cantan en un coro (hay 180 formaciones de adultos) no disponen de locales de ensayo de esas características. El problema ha sumido en la zozobra a los directores de los coros y durante el confinamiento 52 de ellos se han organizado a través de las redes sociales para empezar a afrontarlo.

"Hemos tenido una actividad casi frenética –subraya Apodaca, que habla en representación del colectivo–. El canto coral es muy popular, surgió a mediados del primer milenio, cuando se estaban poniendo los cimientos de la sociedad que hoy disfrutamos. Es también vertebrador del territorio, tiene un factor de cohesión social... ¡no puede desaparecer!".

Conscientes de ese valor social de los coros, ayuntamientos como los de Caspe y Quinto de Ebro han adoptado medidas para garantizar que sus conjuntos vocales puedan volver a sus ensayos en los primeros días de junio.

En Zaragoza, antes de la epidemia, a lo largo de la semana ensayaban unos 70 coros adultos. Salvo Amici y alguno más, ninguno podría cumplir las recomendaciones que están llegando desde Alemania, a través de estudios como ‘Evaluación de riesgos de una infección por coronavirus en el campo de la música’, encabezado por la doctora Claudia Spahn, y cuya segunda actualización es del pasado 19 de mayo.

Los coros aragoneses piden ayuda a la Administración, pero no ayuda económica. "Nos gustaría que se creara una mesa de la música vocal –relata Jorge Apodaca–, en la que estuvieramos Gobierno de Aragón, representantes de la Iglesia y nosotros. Y que en ella, aportando los debidos informes científicos, buscáramos todos juntos solución a los problemas. Vamos a solicitar a las instituciones que abran espacios nuevos. Sin ellos, todo se va a venir abajo. Se me ocurre, solo a título de ejemplo, la sala Vázquez del Instituto Miguel Catalán de Zaragoza, que es muy grande. En un espacio así, los fines de semana y de forma articulada, podríamos ensayar varios grupos por turnos. Pero necesitaríamos tres o cuatro espacios de ese tipo solo en Zaragoza capital, y poder disponer de ellos entre semana".

Lo conveniente de que representantes de la Iglesia estén en esa mesa viene derivado de un hecho que se remonta al principio de la pandemia. "Como institución, la Iglesia ha sacado la música de los templos, pero pensamos que, con las medidas oportunas, se podría seguir trabajando en ellos. Las medidas de seguridad tienen que basarse en datos fidedignos". Apodaca apunta que ya hay formaciones europeas que están cantando con mascarillas, que existen modelos que dejan pasar la voz, aunque los solistas de ópera, por sus características especiales, no ven factible actuar con ellas.

En cuanto a las actuaciones, "hay mucha incertidumbre y se manejan distintos escenarios –apunta Igor Tantos–. Quizá tengamos que reducir o cambiar los programas. Habrá que ver cómo va todo durante el verano".

Eso llegará luego. De momento el problema son los ensayos. "Somos un colectivo dispuesto a adaptarnos a todo –subraya Apodaca–. Pero quien está en un coro es porque quiere cantar en grupo. Si no puede hacerlo, y si a ello le sumas el miedo, el que oficialmente no se haya establecido qué es seguro y qué no, muchos coralistas lo van a dejar. Estamos corriendo el riesgo de arruinar el mundo coral aragonés"

Mientras, el mundo de la ópera, aun con problemas distintos, también participa de la incertidumbre y el temor que envuelve al de los coros. Los ensayos pueden ser más en solitario y en las actuaciones resulta menos complicado mantener la distancia de seguridad aunque, aun con todo, en algunas óperas es imposible.

"Estoy en paro desde el 14 de marzo y, salvo novedades, lo estaré hasta septiembre". Así define su situación la soprano zaragozana Ruth Iniesta, que ha tenido que cancelar varias actuaciones en Italia, entre ellas la producción completa del 'Amleto' de Franco Faccio en el Filarmónico de Verona, la producción de 'Lo sposo di tre e marito di nessuna' con la que inauguraba la temporada del Maggio Musicale Fiorentino o toda la temporada de verano en la Arena de Verona, donde hacía Liù en todas las funciones de 'Turandot' y además cantaba la 'Novena sinfonía' de Beethoven.

Para ella, el mundo de la ópera tendrá que readaptarse rápido a la situación. "Salvo en casos muy concretos, como en el aria ‘Che gelida manina’ (el tenor la inicia al sentir la fría mano de la soprano), tenemos imaginación para crear puestas en escena que respeten la distancia. Aunque en muchos casos hará más complicada la escucha a los intérpretes y por tanto el necesario empaste. Si no, siempre nos quedará la versión en concierto".

A diferencia de otras artes, que durante el confinamiento han encontrado una nueva vida en internet, la ópera seguirá siendo en vivo. «He intentado hacer algún ensayo o miniconcierto con compañeros ‘online’, pero la coordinación de los tiempos es imposible con la tecnología disponible –añade–. Dar o tomar clases de canto vía Skype no es del todo fiable aunque, si conoces a la persona y su sonido real, puede ayudar. He hecho algunos directos en instagram que ayudan a mantener el contacto con toda la gente que nos sigue y ha sido muy enriquecedor. Si bien es cierto que los conciertos 'online' no pueden equipararse a la sensación de escuchar una voz en vivo y en directo".

"En cualquier caso, no soy epidemióloga, así que no me atrevo a dar soluciones -concluye Ruth Iniesta-. Espero de corazón que la solución se encuentre lo antes posible.

Lo que sí se es que las medidas hay que cumplirlas. Ya ha sufrido demasiada gente como para no tenerlas en cuenta".

Una visión algo diferente tiene el zaragozano Eduardo Aladrén, tenor en plantilla del Deutsche Oper am Rhein de Düsseldorf, al que le han cancelado 16 funciones de óperas como ‘Tosca’, ‘Don Carlo’ o ‘Turandot’. Desde el punto de vista económico las pérdidas no han sido dramáticas por cuanto ha cobrado la mayor parte de su sueldo y ha podido además acogerse a las ayudas del Gobierno alemán. Pero en lo artístico, sí. Ahora empieza a ver la luz.

"Desde la semana pasada ya tenemos acceso a nuestro teatro y podemos ensayar, aunque con enormes medidas de seguridad: no más de dos personas por aula, distancia social en todo momento, limpieza del piano después de cada uso, desinfección de todas las aulas a media mañana... Y tenemos mucho espacio. Pero, con todo, todavía no está muy claro cómo se va a reiniciar la ópera en escena. Se están haciendo muchos estudios con los músicos, sobre todo con los instrumentos de viento como el trombón o la trompeta, que en principio parecerían especialmente predispuestos a difundir el virus si los toca una músico enfermo, ya que expulsan aire a presión. De momento, parece que una trompeta expele menos aire que un cantante. En cualquier caso, hay que estudiar bien la situación porque en los teatros el foso de la orquesta suele disponer de un espacio muy reducido. Habrá que analizar cómo hay que representar una 'Carmen' o una 'Bohème'. En nuestro teatro se trabaja en dos hipótesis, que la temporada que viene sea normal y se puedan desarrollar las producciones que teníamos previstas; o, si no, se plantearán otro tipo de óperas, obras con pocos solistas y sin coro, y con orquestas reducidas".

Aladrén ve complicado "mantener la distancia de seguridad sobre el escenario, sobre todo si se confirman los estudios que hablan de que puede haber partículas que saltan a seis metros de distancia de quien canta. Controlar la seguridad del público me parece más fácil. En otoño veo a todos con mascarillas en el patio de butacas y los palcos de los teatros». 

El tenor zaragozano tiene el 19 de junio una actuación en vivo en el autocine de Düsseldorf, pero el escenario es tan grande que permite la separación entre los artistas, aun con coro, y la disposición de pantallas de metacrilato como método de aislamiento. El público acude en coche, ya mantiene la distancia de seguridad, y el sonido llega a través de la radio del vehículo, por lo que ni siquiera hay que tener las ventanillas bajadas. «La situación a la que hemos llegado es una ruina para los cantantes. Es posible que tengamos que someternos a un estatus especial, con análisis continuos, o incluso asumiendo algunos riesgos. Pero, si no, va a ser imposible retomar la actividad».

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