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David Lorenzo Cardiel: “Invito al lector a leer poesía en absoluta libertad”

El joven escritor publica su segundo poemario, ‘Habla despacio’, y lo presenta con Ana Alcolea en el Museo de Zaragoza el viernes 22, a las 18.30

David Lorenzo Cardiel.
Retrato del escritor David Lorenzo Cardiel, especializado en filosofía.
Elda Maganto.

David Lorenzo Cardiel (Zaragoza, 1993), tras ‘Tierra de nadie’ (Anorak), publica su segundo poemario: ‘Habla despacio’. Se presenta el viernes 22 de noviembre, en el Museo de Zaragoza, a las 18.30, en compañía de Ana Alcolea.

¿Cómo nace el poemario ‘Hablar despacio’?

‘Hablar despacio’ surge de mi asombro ante la fragilidad que representa el hecho de vivir y, al mismo tiempo, la capacidad que tiene la vida para abrirse paso, para ser. Es una cualidad de la existencia que, desde mi mirada filosófica, me fascina y me intriga por igual. En este sentido, ‘Hablar despacio’ tiene mucho de indagación filosófica siguiendo la estela de mi anterior poemario, ‘Tierra de nadie’, pero con un mayor poso sentimental y personal: la genuina amistad, el embriagador proceso del amor romántico o la sociedad de la que formamos parte cobran un protagonismo vertebral en esa búsqueda que se expande desde lo personal e íntimo hacia lo común y universal.

¿Cuál era su idea de partida?

Cuando comencé a escribir ‘Hablar despacio’ sentía que necesitaba crear un espacio en el que poder dialogar con nuestros mitos, con el entorno social que percibía y que me rodeaba y conmigo mismo como ser humano a través de la poesía. Elegí la poesía porque es el único género literario que permite un diálogo directo con el lector con un grado de sinceridad y de intensidad que el ensayo, por ejemplo, no permite. De ahí precisamente el título, ‘Hablar despacio’, como invocación a la conversación pausada y gratificante. A partir de este punto de inicio los poemas comenzaron a tomar cuerpo y orden en el libro a lo largo de las cuatro partes en las que está dividido. Es un poemario que crece desde el análisis de la cotidianeidad, de la naturaleza y de nuestro modo de estar en el mundo en busca de la verdad que subyace en ella.

¿Es ‘Hablar despacio’ un libro sobre lo cotidiano y lo mágico?

Así es. La ficción es hija de la realidad, pues al crear la primera lo que hacemos es aislar elementos que nos inquietan, nos fascinan o simplemente nos interesan de la realidad para entremezclarlos y construir a partir de ellos el relato. El relato siempre es ficticio, por mucho que conserve con gran integridad la estructura de unos acontecimientos que sí tuvieron lugar. Por ejemplo, León Tolstói, al comienzo de su novela 'Hadjí Murat', basada en hechos reales, ya nos lo advierte: lo que leemos es una mezcla de verdad, fabulación y recuerdo distorsionado, que es también una manera indirecta y subjetiva de narración literaria. En Hablar despacio he pretendido que el lector se adentre en el territorio de la naturaleza humana sintiéndose identificado en los aspectos certeros que encierra a través del juego dialéctico y el pulso poético.

¿Podría explicarnos cómo incorpora los mitos?

Cuando tenía quince años tuve un profesor de literatura que repetía una frase muy peculiar: «cultura no es la recopilación de aquello que se sabe, sino el residuo que nos quedará a cada uno de nosotros cuando hayamos olvidado aquello que sabíamos». Considero que algo semejante sucede con el mito, que no es propiamente el relato que se cuenta, sino el poso que ha quedado en el oyente o en el lector tras haber escuchado o leído la narración. Por eso los mitos que han llegado a nuestros días, tanto de nuestra cultura grecolatina como de tantas otras, tienen la virtud de seducir con una candente atemporalidad, porque se reescriben constantemente en la voz y en las letras de quienes los vuelven a narrar. Y no sólo los mitos de un carácter más literario: personajes y acontecimientos históricos pasan frecuentemente a formar parte del relato colectivo mediante su mitificación. Es nuestra manera humana de crear comunidad e identidad, aunque sea más literaria que científica.

Una definición muy hermosa del mito era algo así: “Es contar las cosas de una vez para siempre”. Recuérdenos con quien nos encontramos en el libro...

Cuando estaba escribiendo ‘Hablar despacio’ quise tomar algunos personajes de muy variada procedencia que me han dejado huella y volverlos a contar, pero desde una perspectiva poética. El lector podrá encontrarse, por ejemplo, con Casandra, princesa de Troya; con el general cartaginés Hannibal o incluso con Heráclito de Éfeso, al que me dirijo en uno de los poemas.

¿Qué debe contener la poesía, y qué intenta que contenga la suya?

Creo que la poesía debe aspirar a alcanzar lo universal. Ésta es la actitud que diferencia el arte y, en consecuencia, la cultura, de otro tipo de creaciones. Se consiga o no alcanzar, siquiera acariciar, la esencia misma de la realidad que se pretenda retratar mediante nuestra creación, en el proceso que implica crear la obra ya se consigue aportar verdad al lector, y también a nosotros mismos, porque ser escritor implica, primero y por encima de todas las cosas, ser lector. Esto mismo es lo que intento que ofrezca mi poesía a quien decida acoger mis versos: belleza, placer y reflexión que agite sus deseos de cuestionarse la realidad.

¿A quién le interesa la poesía hoy?

La poesía es una experiencia íntima, por supuesto, pero también colectiva y solidaria. Nace de la soledad del escritor en el proceso de creación del poema, y luego se manifiesta con su propia lectura, personal e íntima. Toda obra literaria necesita trascender a ese aislamiento y alcanzar otras personas que la lean y la hagan suya. Invito al lector a leer poesía en absoluta libertad: repantigado en el sofá, en el autobús o en el metro en breves ratitos de pausa, leyéndosela en alto a sus seres queridos o participando en un recital poético. Disfrutará de todas las maneras posibles.

¿Sabe usted, tan joven aún, para quién se escribe?

Soy de los que creen firmemente que se debe escribir pensando únicamente en aquello que se quiere contar o decir, intentando limitar al máximo los gustos propios y los ajenos que pudieran influir en el desarrollo creativo. Sólo así se puede conseguir una literatura libre en su temática, que enriquezca con su contenido y que lo desafíe al lector en su lectura.

David Lorenzo Cardiel.
El cuadro 'El rapto de Helena' de Juan de la Corte (Amberes, 1585 - Madrid, 1662), que pertenece al Museo del Prado. Helena de Troya es uno de los mitos a los que se acerca el autor.
Museo del Prado.

*****

TRES POEMAS

Del libro ‘Habla despacio’. David Lorenzo Cardiel

AMISTAD

Abandonaría mi casa, el paisaje,

mi propia extrañeza ante lo desconocido.

Los caminos serían hermanos de leche

y los pueblos y las ciudades renovados hogares

si así me lo pidieses y tu voz susurrante

escuchase en la atroz distancia.

Acudiría con mi ejército enseguida

si la guerra convocases;

arrasaría, como una estrella moribunda

justo antes de desaparecer,

al enemigo que sufrimiento te infligiera,

y tu alegría yo preservaría

como si fuera la reliquia primigenia:

llevada sería a mis templos

como fe verdadera.

Me entregaría cautivo si necesitases

como precio de rescate mi agonía,

si con ello libre puedes acogerte

a la inmensidad de la vida.

Compartiríamos la felicidad,

sorbiéndola toda, con el egoísmo avaro

del ladrón hambriento,

y nuestras risas se convertirían en eco

que recorrería cada rincón del mundo.

A mi hogar regresaría, la paz

guardaría con celoso sigilo

mientras supiera que mi amigo

entre lujuriantes bienes anida.

****

UNA MUCHACHA POBRE

[En homenaje al poeta chino Qin Taoyu]

En sociedad soberbia yace tu tacto.

Latas de conserva ennegrecidas

y un apartamento vidrioso

que alienta su contenido

en su diminuto eco:

por todo tesoro dispones

de vacío y esperanza.

La melancolía de tus cabellos

al pensar en cada mañana

tintinea en tus manos

en un susurro leve

que el viento se lleva

tras el perfume de las otras.

¿Cómo sobrevivirás, chica laboriosa?

Trabajar por poco dinero

con el cincel de tus manos arrugadas

eternamente para otros,

solamente para otros.

****

PARAÍSO

Sentada en el borde de mi cama

te imagino todas las mañanas

al levantarnos,

con el café broncíneo

y tus vertebrales manos apoyadas

en el borde de la cama,

hundidas en el colchón

esperando una nueva herencia de amor.

Y me muerdes los labios mientras te acaricio

la respiración entrecortada,

nutriente vertiginoso

la cartografía de tu cuerpo

pasando las horas y el día.

El café se quema y se deshace

pero nosotros somos reloj

y no habrá perdón para los elementos.

Dejemos que tuiteen nuestra desidia.

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