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Centenario de León Tolstoi

La vida y los libros del autor de 'Ana Karenina' y 'Guerra y paz'.

Una curiosa foto familiar, tomada en Crimea en 1902: Sonia y Leon Tolstoi, tumbado o dormido
Centenario de León Tolstoi
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León Tolstoi (1828-1910), el mayor novelista ruso, con el permiso de Dostoievski y de Turguenev, fue un personaje muy contradictorio. Para los escritores flojos las contradicciones son mortíferas como una losa de plomo, sin embargo, para los grandes son su salsa favorita, su oxígeno. La familia Tolstoi llevaba dobles y triples diarios de sus azacanadas y borrascosas vidas, burgueses rusos afincados en el campo.

Las grandes novelas de Tolstoi son ‘Ana Karenina’ y ‘Guerra y paz’, esta última quizá la mayor novela europea, junto con ‘Don Quijote’ y muy pocas más. Los relatos de Tolstoi no son su fuerte, pero así y todo, brillan de forma especial, ‘Hadji Murat’, el favorito de Harold Bloom, y el que se publica ahora por Nordica, ‘Cuánta tierra necesita un hombre’, una preciosa fábula sobre la codicia humana, en este caso, centrada en la posesión insaciable de tierras de cultivo. Hoy podríamos escribir mil variantes grotescas sobre el mismo tema.

Cuántos metros cuadrados de vivienda necesita un hombre, por el afán de algunos de vivir en inmensas casas de cien baños y una docena de piscinas olímpicas. Cuántas casas de recreo necesita un hombre, por la furia inversora en apartamentos costeros o de sierra. Y así, hasta el infinito.El centenario de Tolstoi en 2010 ha propiciado la reedición de sus obras más notables, o nuevas traducciones, como ‘Guerra y paz’, con cubierta de Eduardo Arroyo y traducción de Lydia Kuper. Sus ‘Diarios’ han aparecido en Acantilado. Sus ‘Cartas’ fueron editadas en 2008, también por Acantilado, y reseñadas por mí para HERALDO. Se suma a todo ello, la biografía de Tolstoi, por Romain Rolland, también en Acantilado.

King Vidor y ‘Guerra y paz’, 1955

El gran director de cine King Vidor rodó en Zaragoza su última película, ‘Salomón y la reina de Saba’, 1958, en los montes esteparios de Valdespartera. Fue una película gafada por la muerte de Tirone Power, que sufrió un infarto a mitad de rodaje. Power fue sustituido por Yul Brinner. La gran diva del film fue Gina Lollobrigida. Todos ellos pulularon durante unas semanas por las calles de Zaragoza. Mi buen amigo Pepe Pérez Gállego entrevistó para HERALDO a otro actor memorable del reparto, George Sanders, inolvidable cínico en una cima del cine,‘Viaje a Italia’, de Rosellini, junto a Ingrid Bergman.

Puede que las razones de rodar aquí fuesen meramente económicas, o por gusto del paisaje árido, tan propio de los desiertos bíblicos, pero siempre he sospechado que Vidor debió de ser un lector empedernido de ‘Guerra y paz’, convertida por él en una estupenda película en 1955. Quizá conocía de memoria el pasaje en el que se cita el sitio de Zaragoza. Su Natasha fue la deliciosa Audrey Hepburn, y en el reparto aparece Henry Fonda como Pierre, casado con la perversa Helena Kuragina, Anita Ekberg. Natasha y Kuragina son la encarnación portentosa de la inocencia y la depravación.

Rodar en Zaragoza era en cierto modo un homenaje a toro pasado a la ciudad que plantó cara a Napoleón y pagó un precio terrorífico por ello, 50.000 muertos. De modo, que al filmar su última película en las afueras de Zaragoza, muy posiblemente aprovechó para callejear por nuestra ciudad y ver las huellas bélicas de los Sitios, la Puerta del Carmen, el barrio de San Agustín, el Coso Bajo, que en 1955, todavía eran mucho más visibles que ahora.

El sitio de Zaragoza

El nombre de Zaragoza aparece de forma gloriosa en las dos mejores novelas del mundo, ‘Don Quijote’ y ‘Guerra y paz’. Cierto, que en DQ la cosa quedó en su segunda parte en agua de borrajas. Don Quijote vagabundeó por Aragón, pero no quiso pisar Zaragoza. El caso de Tolstoi es bien distinto. La mención de Zaragoza surge al calibrar los dos sitios comparados ante la Gran Armada de Napoleón, el sitio de Zaragoza como carnicería numantina, y el sitio de Moscú como fuga masiva de la población, que entregó una ciudad desierta al general corso.

La cita exacta, III-III-3, reza así: «This Frenchman, along with one of the German princes serving in the Russian army, was analysing the siege of Saragossa, in the belief that Moscow might have to be defended in the same way», trad Anthony Briggs, Penguin 2005. «Ese francés y uno de los príncipes alemanes que servía en el ejército ruso analizaban el sitio de Zaragoza y preveían la posibilidad de defender Moscú de la misma manera», trad. Laura e Irene Andresco, Aguilar-México 1991.

Una noche Tolstoi toca al piano una sonata de Haydn y juega a mimetizar el canto de los ruiseñores que pululan en su jardín. Era un lector fanático de Schopenhauer. «El mundo está lleno de idiotas», subraya. Italia le parece repulsiva. Si tuviese que exiliarse elegiría Inglaterra, pese a su horrible clima. Dickens es su genio protector, pero aborrece a Shakespeare, un charlatán isabelino. Kramskoi hace su retrato. Su talento para dibujar tipos se manifiesta al retratar a sus hijos. Aprendió griego para leer a Homero y Platón. León Tolstoi leía en francés, inglés y alemán, a Hugo, a Dickens, a Schiller. Al leerlo nos sentimos parte de un destino común, el de las criaturas que habitan Europa con sus grandezas y sus miserias.

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