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Juan Manuel Calvo Gascón: “Los deportados nunca abandonan el campo de exterminio”

El estudioso de los aragoneses cautivos del nazismo presenta un nuevo estudio: ‘Dentro de poco os podré abrazar’, donde cuenta la historia de hombres y mujeres que estuvieron presos en Mauthausen, Buchenwald, Ravensbrück o Aurigny

Juan Manuel Calvo Gascón.
Juan Manuel Calvo Gascón lleva quince años estudiando a los prisioneros aragoneses de los nazis.
Eloy Calvo Campos.

Juan Manuel Calvo Gascón (Ejulve, Teruel, 1957) es, probablemente, el mayor estudioso de los deportados aragoneses en los campos de concentración de los nazis. Publica ahora, ‘Dentro de poco os podré abrazar. Supervivientes aragoneses de los campos nazis’ (Celan. 2019. 228 páginas), y se presenta el jueves 27 de junio, a las 19.30, en la Casa de Cultura de Andorra.

¿Cuál era el objetivo de este libro? ¿Qué quería completar?

El libro es un complemento del anterior, ‘Itinerarios e identidades. Republicanos aragoneses deportados a los campos nazis’, publicado en el 2011 por el Gobierno de Aragón. Ya en aquel momento se quedaron muchas historias por contar y otras han surgido gracias a la colaboración de los familiares. Para dar salida a todo aquel material, nació la idea de la publicación, en 2017, de la web http://aragonesesdeportados.org/ en la que se puede acceder a los datos básicos de los 1019 deportados de nuestra tierra y se complementa con notas biográficas que voy poniendo poco a poco. En el caso actual me propuse acercarme a las historias de los supervivientes y a su incorporación a una vida cotidiana, que nunca pudo ser normal, tras la liberación de los campos en 1945.

 ¿Cuántas biografías y microbiografías lleva escritas?

No las he contado, la verdad, pero fácilmente tendré redactadas alrededor de unas 200, la mayor parte de ellas de aragoneses –hombres y mujeres- deportados. Algunas recogiendo testimonios familiares, en otras ocasiones recopilando datos en publicaciones varias y también mediante la consulta de diversa documentación de archivo. En este sentido es muy importante el material conservado en la sede de la Amical de Mauthausen y otros campos, en Barcelona.

 ¿Cuál es la importancia de las cartas, a las que alude el título de su libro, cómo y desde dónde se remitían?

 La correspondencia conservada por las familias es de suma importancia para acercarnos tanto al conocimiento de los casos particulares como para conocer las trayectorias colectivas, como en es el caso de la deportación republicana tras haber sido derrotados por el fascismo en guerra de España y verse obligados a exiliarse. Cartas remitidas de los campos de refugiados del sur de Francia; desde las Compañías de Trabajadores Extranjeros donde fueron destinados miles de españoles refugiados; de los campos de prisioneros de guerra (stalags) donde fueron identificados por la Gestapo como luchadores antifascistas. Algunos deportados que sobrevivieron al duro invierno de 1941-1942 pudieron enviar unas pequeñas tarjetas de 25 palabras (previo paso de censura) dando señales de vida. Luego están las cartas posteriores a la liberación, cuando los supervivientes pudieron hablar ya con libertad, como es el caso de la carta de Dámaso Ibarz (Fraga), que he utilizado para dar título al libro.

El libro está estructurado en dos partes: los prisioneros de Mauthausen y los de otros campos.

 El campo de Mauthausen, era conocido como el “campo de los españoles” y, de los aproximadamente 7000 que hubo allí, unos 850 eran aragoneses de los que 650 hallaron la muerte durante su deportación, la mayor parte de ellos en Gusen entre la segunda mitad de 1941 y la primavera de 1942. La relación entre Mauthausen y Aragón, viene de lejos y para ello basta visitar el memorial de Gusen, donde se pueden ver un buen número de placas de recuerdo de las víctimas aragonesas. Muchas familias vehicularon esta relación mediante la Amical de Mauthausen, cuando empezó su andadura en 1962, participando en los encuentros, en los viajes de homenaje al campo,… En Aragón el recuerdo de las víctimas se mantuvo gracias a las actividades de deportados como Mariano Constante (Capdesaso), Julio Casabona (Sariñena) o Feliciano Gracia (Gallur). Existen monumentos o placas de recuerdo en Huesca, Fraga, Zaragoza, Calaceite, Alcorisa, Mequinenza, Ejulve, Ejea…

Lleva media vida ya, o casi, estudiando estas historias. ¿Qué le sigue conmoviendo o asombrando?

Empecé en 2004, ahora hace 15 años, me sorprendió saber que había cinco deportados nacidos en mi pueblo, Ejulve, y que nadie me hubiese hablado de ellos cuando preguntaba por los efectos de la guerra. Aquel olvido me produjo una desazón personal y volví a los textos de Constante, me pude en contacto con la Amical y conocí a los primeros deportados. Sus historias personales eran asombrosas y muy pocas personas, fuera del entorno familiar, las conocían. Me puse como objetivo ayudar a difundirlas. El contacto con los familiares ha sido y es muy gratificante y en estos momentos me motiva el enorme interés de la generación de los nietos por saber qué paso con sus abuelos.

Habla del silencio después de haber estado allí. ¿Qué les perturba más: el recuerdo, la sensación de haber salido con vida con algo de culpa, la incredulidad, el inmenso dolor…?

Es un tópico, pero yo creo que refleja a la perfección el drama de los supervivientes: nunca abandonaron el campo. ¿Cómo superar el horror cotidiano con el que convivieron? ¿Cómo recuperar una vida normal después? Y una eterna pregunta en el aire. cuando la muerte cotidiana podía llegar en cualquier momento ¿por qué yo me salvé y mis compañeros sucumbieron? ¿Quién les iba a creer? Muchos no hablaron del tema nunca más, sólo con algunos compañeros de supervivencia volvían a revivir sus recuerdos. Y eso fue todavía más duro para los pocos que regresaron del exilio en los años 50 del pasado siglo quienes, a veces, tenían que sufrir la humillación de su experiencia, en un entorno represivo como era el de que se respiraba en aquellos años de la dictadura franquista.

Juan Manuel Calvo Gascón.
Salvador Benítez, deportado en Mauthausen, disfrazado de 'El Loco del Matarraña'.
Archivo Calvo Gascón.

Vayamos con los personajes. Los hay muy pintorescos. Por ejemplo, ‘El loco del Matarraña’. ¿Por qué lo seguían abucheando en Zaragoza?

 El caso de Salvador Benítez, es significativo. Sobrevivió a los trabajos forzados en una base submarina y a su deportación a Mauthausen. Rehízo su vida en París y enviudó en dos ocasiones. Era un superviviente en toda regla. Volvió a casarse por tercera vez y en su madurez creó una imagen de sí mismo excéntrica y provocativa. Sus desconcertantes trajes, llenos de botones de vivos colores, su chistera, el multicolor paraguas, … le dieron a conocer en festejos y eventos populares muy diversos. Pero bajo aquel disfraz se escondía otro Salvador, aquel que acudía a los actos de homenaje en el exilio, en Mauthausen o en los organizados por la Amical en cualquier lugar del Estado y a otras manifestaciones reivindicativas como fue en una de las manifestaciones antitrasvase, celebrada en Zaragoza, donde fue increpado y apartado por lucir aquellas indumentarias, sin que nadie saliese en su defensa. ¡El atrevimiento de la ignorancia!

Juan Manuel Calvo Gascón.
Uno de los equipos donde jugó Ramón Cuesta, en el campo de concentración. Está sentado y es el tercero por la derecha.
Archivo Calvo Gascón.

Es impresionante la historia del futbolista Ramón Cuesta. Le daban hasta más ración…

Es una de las historias más conmovedoras. Me la explicó Rosa Cuesta, su sobrina. Ramón partió de Zaragoza muy joven para participar en la Olimpiada Popular que se iba a celebrar en Barcelona en julio de 1936 y tardó veinticinco años a regresar para visitar a su familia, ¡pero con pasaporte francés! En Mauthausen, formó parte del equipo de fútbol que los españoles organizaron en el campo. Si bien es cierto que algunos obtuvieron un destino que les permitió salvarse del agotador trabajo en la cantera o de su traslado a Gusen, nada era seguro y hubo varios miembros de aquel equipo que no resistieron y no llegaron a ver el día de la liberación.

 ¿Cómo se salvaron estos prisioneros, qué caso le parece más curioso o pintoresco o dramático?

Las situaciones que se dieron fueron muy variadas, dependía mucho de la suerte en sus destinos, del momento de su deportación, de la fortaleza física y mental, de la solidaridad, ... Posiblemente, el que más me ha llamado la atención, por desconocimiento, ha sido la historia de Julio Comín (Obón), que conoció el trabajo esclavo y su deportación a las islas del Canal de la Mancha, donde vivió durante más de tres años, un verdadero un infierno cotidiano.

Aborda la situación de las mujeres. ¿Ha encontrado muchas que pasaron por el horror?

En los listados que maneja la Amical hay unas 280 deportadas españolas. Mayoritariamente lo fueron como resistentes a la ocupación nazi. De Aragón hubo una docena aproximadamente y en el libro dedico sendos capítulos a dos de ellas.

Juan Manuel Calvo Gascón.
Retrato de Alfonsina Bueno.
Archivo Calvo Gascón.

Vayamos con Alfonsina Bueno…

Alfonsina Bueno (Moros) residía en Berga (Barcelona) junto a su padre Miguel Bueno, un activista anarcosindicalista muy conocido en la comarca, de muy joven se casó con el anarquista local Josep Ester. En el exilio colaboraron con la red de evasión de Francisco Ponzán y todos ellos fueron deportados.

La segunda es Elisa Garrido…

Sí, es, de Magallón donde el día 29 de junio se le va a rendir un merecido homenaje, durante la República vivía en Barcelona, luego llegó el exilio, sus actividades en la Resistencia y su deportación, siendo destinada a trabajar en una fábrica de obuses donde se jugó la vida llevando a cabo actos de sabotaje. Años más tarde volvió a Aragón con la idea de quedarse, pero fue inviable. Ambas sufrieron mucho durante su deportación y como consecuencia de su estancia en los campos. En Francia fueron reconocidas y obtuvieron honores, aquí son unas auténticas desconocidas.

¿Cómo podemos dignificar a estos seres humanos de una vez para siempre?

Yo creo que el Estado tiene una gran deuda con las víctimas del fascismo patrio y del nazismo internacional. Hasta ahora se han llevado a cabo loables intentos de carácter sentimental o simbólico, pero no es suficiente. Falta un reconocimiento jurídico a su condición de víctimas. Por poner un ejemplo que puede ser clarificador: muchos de los nuestros deportados supervivientes continuaron en el exilio y fallecieron en Francia y allí se les ha reconocido sus derechos, han recibido las máximas condecoraciones, y se les entierra con honores, … mientras que aquí hemos ignorado su existencia y desconocemos cuál fue el verdadero sentido de su lucha.

Juan Manuel Calvo Gascón.
Detalle de la portada del libro de Juan Manuel Calvo.
Archivo Calvo Gascón.
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