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Lina Vila pinta el diario de su vida y sus obsesiones

La pintora zaragozana presenta en el Paraninfo la exposición ‘La vida en los pliegues’, una autobiografía en varias técnicas de 1999 a 2019 donde la experiencia privada se hace pública

Lina Vila
Una de las obras, de lápiz acuarelable sobre papel, de la muestra de Lina Vila.
José Garrido Lapeña

La pintora Lina Vila (Zaragoza, 1970) está muy emocionada por exponer en las salas Goya y Saura del Paraninfo, al que considera “un referente en la divulgación cultural” en Zaragoza, donde ha pasado muchas horas y donde ahora alberga el deseo de ser referente también para otros creadores, especialmente para otras mujeres artistas. Yolanda Polo, la vicerrectora de Cultura y Proyección Social de la Universidad de Zaragoza, definió su exposición, que empieza en 1999 y concluye en 2019, como la síntesis expresada en 100 obras de diversos tamaños y técnicas de “la experiencia vital de una pintora”.

Chus Tudelilla, crítica e historiadora del arte, agradeció la confianza del Paraninfo y la de la artista hacia ella. Contó que un día Lina Vila la llamó para decirle que le habían concedido las salas para exponer, y que estaba entre “asustada y orgullosa”, y que no estaba muy segura de tener una amplia trayectoria a sus espaldas. Se pusieron a trabajar las dos, y eligieron un título que rinde homenaje a Henri Michaux: ‘La vida en los pliegues’ porque en la muestra está todo aquello que surge, que se ha desarrollado y que se expresa en “los pliegues del papel y de la piel” de una experiencia privada que se hace universal y que nos compete a todos. Y a la vez, en ese esfera íntima de la creación, la artista recibe el impacto del mundo exterior.

La muestra está dividida en dos grandes partes: “La obra relacionada con su vida”, en la sala Goya, y en la Saura se ha construido un jardín, un jardín con lobos, en clara alusión al peligro, con escarabajos, moscas, abejas, con cráneos, con árboles, con amapolas, que “se ofrecen como sexos abiertos”, donde hay obra de varios períodos, pero especialmente de los años 2018 y 2019. Ese jardín, el fondo, parece encerrar un nuevo período vital, más gozoso, que ambiciona la felicidad y la alegría.

Lina Vila dijo que ‘La vida en los pliegues’ es “una autobiografía, un diario de vida y un diario de mis obsesiones, y ya es sabido que las obsesiones la eligen a una. Esta es una exposición sobre mi pequeño y pobre reino del yo, donde todo se relaciona, no son relatos estancos, y me gustaría transmitir algo de mi mundo. Tengo la esperanza y el deseo de hacerlo”, dijo Lina Vila, y a la vez afirmó que la obra tiene un efecto terapéutico y a la vez nace de la catarsis. “Este es un extenso recorrido por la vida, en 100 piezas”, donde se abordan asuntos que han sucedido en lo oscuro y en lo luminoso. Confesó que ha aprendido a pintar lo que conoce y a expresar lo que sabe y siente, y a “no extraviarse en jardines ajenos”. La pintora dice que en sus obras está todo: las pérdidas, el enamoramiento, la felicidad, la fortaleza, la placidez, etc.

Por otra parte, mientras visitaba y explicaba la sala Goya dijo que casi toda su obra era una ‘vanitas’, una gran ‘vanitas’. “Todo es efímero, somos fugaces, somos vanidad de vanidades”, y eso se percibe en las flores y los insectos, pero también en los seres humanos. En esa sala de la vida, hay muchos ecos familiares o de dolor: rinde homenaje a su abuela ciega en ‘Canciones para después de una guerra’, una instalación con exvotos y bordados; rinde homenaje a su padre, Pedro Vila, que fue un estímulo para ella; en el cuidado catálogo también se incluye un poema de Félix Romeo. Y, entre otras series, está 'Octubre 2011’, de corazones en llamas, que aluden a la inesperada muerte de quien era su compañero entonces. “Son los mejores retratos que he visto jamás de Félix. Se me eriza la piel”, observó la comisaria, explicó el montaje de esta sala con vacíos y blancos, “que a veces dicen más que cuando hay cuadros expuestos”.

Lina Vila en el Paraninfo
Lina Vila, en la sala Saura, donde ella y la comisaria Chus Tudelilla han creado un jardín.
Oliver Duch

En la muestra, se percibe la versatilidad de Lina Vila: el uso de la acuarela, “esa sorpresa del agua y del azar” que tanto le gusta; la pintura, para cuando quiere hacer algo más duro; el lápiz, cuando se inclina por la lentitud; el lápiz acuarelable con el que logra una pintura claramente enigmática, o el grabado, que tanto le gusta. Lina Vila, como se recordaba, ha creado un paraíso para la creación en su jardín de San Mateo, que crece en diálogo con su pintura y se transforma al ritmo de las estaciones. La mujer que pinta flores y a sí misma cuenta simbólicamente los ciclos de la vida.

El catálogo incorpora textos de la comisaria, del escritor José María Conget “Lina plasma la sensación subjetiva, desolada e intensa de abatimiento moral”, escribe) y el ya citado poema que hace algunos años Félix Romeo Pescador dedicó a aquel hacendoso e incansable promotor de cultura y de sueños que fue Pedro Vila: “Sé que le gustaba escribir a mano”, anotó.

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