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Ocio y Cultura

TENÍA 43 AÑOS

El escritor zaragozano Félix Romeo fallece en Madrid

Crítico literario, autor de tres novelas, director del programa cultural ?La Mandrágora? en TVE y colaborador en varias publicaciones, entre ellas HERALDO, falleció en Madrid por un fallo cardiaco.

Félix Romeo en una imagen de archivo
Muere en Madrid el escritor zaragozano Félix Romeo
JAVIER BLASCO

Félix Romeo (Zaragoza, 1968), el crítico y escritor que defendía la búsqueda de la felicidad, fallecía este viernes en Madrid. Había ido a pasar tres días para celebrar la primera década de la revista ‘Letras libres’, revista en la que colaboraba asiduamente, tanto en la edición de papel como en el blog, con el mismo fervor y pasión por la vida y la libertad con que lo hacía en HERALDO, tanto en su sección de opinión, en ‘Artes & Letras’, como crítico de referencia y en las páginas de ‘Heraldo Domingo’, y murió a consecuencia de un fallo cardíaco. Félix también colaboraba con RNE y con ‘ABCD Cultural’ donde escribía de casi todo: de libros, de arte, de viajes y de cómics, otra de sus curiosidades desde niño.

Fue siempre un gran lector, estudio Filosofía y Letras (ahora se iba a matricular en Lenguas Modernas), residió en la Residencia de Estudiantes, dirigió durante cinco años el programa cultural ‘La Mandrágora’ en TVE (que recibió el Premio Ondas) y protagonizó una corto de Fernando Trueba, ‘El insumiso Félix Romeo sale de la cárcel de Torrero’. Como escritor era autor de novelas como ‘Dibujos animados’ (que conoció distintas ediciones en Mira, Plaza & Janés y Anagrama), ‘Discotheque’ (Anagrama) y ‘Amarillo’ (Plot), la historia del joven escritor Chusé Izuel, y deja inédito su último trabajo: ‘Noche de los enamorados’, de título provisional, que era la historia de un preso que conoció en la cárcel de Torrero, donde estuvo dos años por insumiso, entre 1994 y 1995.

Félix era un lector voraz y le gustaba estar en la vida descubriendo sus placeres, la belleza cotidiana, la comida, las pequeñas cosas. Amaba Zaragoza con locura, le erizaban los tópicos sobre ella y era un seguidor del Real Zaragoza. Su pasión principal, más allá del amor mismo, era la amistad. Su vivencia de lo aragonés y de lo zaragozano, no le impedía ser un ciudadano del mundo: viajaba de aquí para allá con su compañera la artista Lina Vila, estaba pendiente de las literaturas extranjeras e impartía charlas, talleres. Era un agitador cultural que parecía haberse leído todos los libros. Admiraba a Patrick Modiano, a Georges Perec, a Wislawa Szymborska, a la que conoció y entrevistó, a Norman Manea, a Jorge Semprún, a Ramón José Sender. Para él la vida era infinita: una casa sin puertas y llena de seres humanos que le interesaban. Una vida inagotable que se dispone a continuar en otro lugar.

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