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Ocio y Cultura

"Las cuatro canciones del EP 'Andros 2' son las más emotivas que compuso Labordeta"

Joaquín Carbonell, Juana de Grandes, Eloy Fernández Clemente y David Angulo presentaron el primer disco del músico, secuestrado en 1969 y recuperado y reeditado por la Fundación del cantautor

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«José Antonio Labordeta tenía el don de la universalidad y sus canciones se pueden rehacer y siempre funcionan», dijo el compositor, intérprete y diseñador David Angulo, que hizo de conductor de la presentación del disco ‘Andros 2’, que ha recuperado la Fundación José Antonio Labordeta, el primer trabajo del músico que se grabó en Madrid, en los Estudios Philips, el 10 de octubre de 1968 para el sello Edumsa (Editorial Universitaria Madrileña); poco después, hace medio siglo, fue secuestrado por la censura y algunos de los miembros de la editora acabaron en Carabanchel.

Años después, el periodista y experto musical Fernando González Lucini, director pedagógico de Alhambra, sello que había colaborado con Edumsa, halló el máster de la grabación y se lo regaló al autor de ‘Cantar i Callar’ y ‘Las cuatro estaciones’ en el restaurante madrileño La Giralda. Labordeta grabó después de que lo hubieran hecho Hilario Camacho, Elisa Serna e Ignacio Fernández Toca, que había titulado su ‘single’ ‘Andros 1’; como Labordeta venía después, su trabajo se tituló ‘Andros 2’ y contenía, al principio, tres canciones: ‘Réquiem por un burguesito’, ‘Los masoveros’ y ‘Los leñeros’. Labordeta grabó con varios músicos las tres piezas, pero al acabar comprobaron que eran piezas más bien cortas y que cabía una más. Entonces, únicamente con su guitarra, grabó ‘Las arcillas’.

Teruel y las canciones

Juana de Grandes, viuda del cantautor, político y profesor, explicó que el Labordeta cantautor nació en Teruel, aunque la primera canción que compuso fue ‘Réquiem por un pequeño burguesito’, hacia 1964, y surgió del aburrimiento de sus clases y de sus oposiciones, y del impacto de Georges Brassens, que le marcó mucho en sus inicios, igual que Atahualpa Yupanqui, tal como recordaría Joaquín Carbonell. «Labordeta solía decir que se marchó de Teruel con las pilas cargadas y que esa energía le duró toda la vida», dijo Juana.

Un día José Sanchis Sinisterra, entonces profesor y uno de los grandes dramaturgos españoles de hoy, vio un anuncio en la revista ‘Cuadernos para el diálogo’, en el que se pedían canciones de autor. Se lo dijo a Labordeta, que ya tenía algunas canciones, y se fueron a Radio Teruel a grabarlas, y las mandaron a Madrid.

Las cuatro canciones del EP Andros 2 son las más emotivas que compuso Labordeta

Interior del disco de José Antonio Labordeta, 'Andros 2', integrado por cuatro canciones y grabado el 10 de octubre de 1968./Guillermo Mestre.

Más tarde, al final del verano de 1968, le escribieron para que fuese a Madrid a grabar. «Después de ‘Réquiem por un burguesito’, que fue para mí una sorpresa, escribió ‘Los masoveros’. El había visto esas casas que estaban en el desamparo absoluto, perdidas en la lejanía, y le impresionaron». Como le impresionaban los mansuetos, que deslumbraron a Ernest Hemingway.

Agregó Juana: «Era un paisaje increíble que se veía desde el salón y su despacho, todo rojo, sin retama, sin plantas. Aquel panorama era como una escultura, una divinidad, que con los últimos rayos del sol se llenaba de vida». Contó, además, que la edición en CD con la carátula original había sido posible por el trabajo de Paco Aguarod y su estudio Coda, «hubo que editarlo en Francia», y por el deseo de Paula Labordeta.

Eloy Fernández Clemente, compañero durante casi un lustro de Labordeta en Teruel y cofundador de ‘Andalán’ con él, leyó un texto que publicó en la revista ‘Verde Teruel’ sobre cómo vivía Labordeta la ciudad mudéjar y la provincia turolense. En su artículo, que tenía algo de cartografía privada y de inventario de recuerdos y paisajes, aludió al «rojo vivo de los mansuetos» y dibujó a un Labordeta que se quedaba extasiado, con los ojos perdidos en la lejanía, pensando, y recordó que era «un correcalles, que se conocía todos los cafés». Observó: «El espíritu de Teruel es sencillo, austero, paradigma de la discreción y el recogimiento», y subrayó que Labordeta desarrolló su imaginación en la ciudad: «Vivió y soñó en ella», dijo.

El maestro y sus alumnos

Joaquín Carbonell, periodista, cantautor y uno de los principales biógrafos de Labordeta, recordó que aunque había cantado durante 40 años con él, siempre lo había visto como su maestro. Glosó la espléndida relación que se estableció entre los profesores –con los citados Eloy, Labordeta y Sanchís Sinisterra a la cabeza– y los alumnos: Federico Jiménez Losantos, Cesáreo Hernández, que tocaba muy bien la guitarra, Carmen Magallón o el propio Carbonell, entre otros. El primer día Labordeta les dijo: «Sé que necesitan pasar para obtener sus becas. Sepan que están todos aprobados»; agregó que el que no quisiera ir a clases que no fuera.

Las cuatro canciones del EP Andros 2 son las más emotivas que compuso Labordeta

Carátula original de este EP, que ha rescatado la Fundación José Antonio Labordeta, en colaboración con Paco Aguarod, cómplice constante del cantautor. / Guillermo Mestre.

Al segundo o tercer día de novillos por los billares, empezaron a ir; más tarde, los profesores invitaban a los estudiantes a café en sus casas, les descubrían discos, «como el de Brassens. Aprendimos que se podía hacer música con ironía y con humor, y eso nos gustaba». Carbonell arriesgó una opinión que puede parecer excesiva: «Creo que las canciones de ‘Andros 2’ son las más emotivas que compuso en toda su vida, por esa sinceridad, esa ingenuidad y la falta de oficio de entonces». Carbonell recordó también que por entonces Labordeta grabó, en Radio–Zaragoza, una canción para el Che Guevara.

El acto, que tuvo lugar en el Espacio Mariano Cariñena del Teatro Principal, terminó con música. David Angulo hizo su versión de ‘Las arcillas’; Carbonell se atrevió con ‘Réquiem por un burguesito’, y ambos despidieron el acto con ‘Somos’, ese himno de identidad y fraternidad.

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