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La historia tras la mochila solidaria con más tirón del mercado

Hemper comercializa complementos artesanales de cáñamo salvaje cultivado por la comunidad nepalí, un proyecto paradigma de sostenibilidad

Imagen de archivo: Cáñamo.
Imagen de archivo: Cáñamo.
PIXABAY

Un viaje de cooperación en Nepal hizo que Gloria Gubianas se enamorara del país, de su cultura y de la ropa artesanal que las comunidades locales del país eran capaces de hacer con el cáñamo. Una experiencia que le llevó a intentar buscar una manera de ayudar a uno de los países más pobres del mundo: se calcula que casi la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

Fue así como nació Hemper, un proyecto con el que se intentaba lograr este objetivo desde el punto de vista, además, de la sostenibilidad. "El cáñamo es una de las plantas más ecológicas", nos cuenta Gubianas. Es a partir de los 3.000 metros de altura donde lo podemos encontrar en el país nepalí, donde nace de manera salvaje. "Es en esas zonas donde se hace el cultivo y el hilado de la planta", proceso con el que después se podrá generar una tela para confeccionar todo tipo de artículos, como camisetas o mochilas.

De lo artesanal a lo profesional

El proyecto, como tantos otros, empezó poco a poco. "Empezamos a vender en España muy pocos productos de los que se hacían en Nepal", relata Gema Gubianas. Pero, poco a poco, se dieron cuenta de que los productos gustaban y que las ventas empezaban a tener tirón. "Nos sentíamos orgullosos, porque era un proyecto interesante: permitir el desarrollo social local en Nepal por un lado y conseguirlo a través de un producto y unos materiales sostenibles".

Estos productos están basados en la tradición y la artesanía de estas comunidades nepalíes. Pero poco a poco el proceso se ha ido profesionalizando.

Así, una vez hilado el cáñamo que se cultiva en las zonas altas (el Himalaya), las telas viajan hasta la capital, Katmandú. Un grupo de mujeres de otras zonas de Nepal se encargan de hacer las telas y también los tintes vegetales, elaborados también de forma tradicional. En Katmandú se cosen las telas, dando forma a los productos, que viajan a España para ser vendidos con la marca Hemper.

La fabricación se ha ido también trasladando a otras zonas cercanas, como la India "por un tema de diversificación de riesgo", explica la fundadora de esta empresa, quien recuerda que durante los confinamientos por el covid-19 "cerraron Nepal por tierra, mar y aire".

En esta cadena de producción, Gubianas asegura que intervienen no solo en el diseño de las piezas, sino también en la profesionalización de las personas que forman parte. "Intervenimos en la mejora de la calidad de los materiales y de los procesos. Les tenemos que formar, dado que las personas a las que empleamos no han ido ni siquiera al colegio. Trabajamos también en cómo pueden mejorar la gestión de toda su cadena de producción, para que mejore y trabajen bajo unos estándares a nivel internacional".

Más allá de la repercusión que esto pueda tener en sus propios productos, el reto es contribuir al desarrollo económico y social de Nepal. "No es un país productor como puede ser China o India", remarca Gubianas. "Es un país que no tiene todas esas infraestructuras y facilidades. Lo que nosotros hacemos es potenciar que Nepal pueda llegar a ser un país en el que haya una industria sostenible alrededor del cáñamo".

El camino, no obstante, es largo. Para esta emprendedora, "el cáñamo es una fibra súper interesante", porque es "muy eficiente": vuelve fértil a un suelo que no lo es y captura mucho C02. Sin embargo, y pese a que Nepal sea un gran productor de esta planta, Gubianas asegura que las comunidades que saben tratar esta planta "siempre han estado marginadas", por lo que los logros de Hemper se dan sobre todo tanto a nivel social como medioambiental.

Hemper asegura que tiene una facturación anual de unos 300.000 euros. Su fundadora reconoce que la gente suele comprar por primera vez los productos por la parte estética pero asegura que "luego se quedan por toda la historia que hay detrás".

El reto es que "nuestros productos generen emociones y cuenten historias de todas las tradiciones y personas que están detrás de ellos".

¿Cómo se consigue? "El producto es muy especial, lo ves directamente en la tela. Un material artesanal muy diferente a lo que normalmente encuentras", explica. Además, cuando se compran se recibe con un mapa donde se explica todo el recorrido que ha hecho el producto y todos los elementos que lo forman. El empaquetado, además, está hecho de sacos de arroz de Nepal utilizados.

Muchas de estas compras son realizadas por empresas. "Algunas agencias de viajes o incluso universidades han regalado nuestras mochilas, frente a las de plástico que solían dar", asegura.

Crecer sin perder la esencia

Según sus datos, en estos momentos las acciones de Hemper tienen un impacto directo en Nepal a unas cien personas de varias regiones.

Aunque el objetivo inicial de esta aventura era poder recaudar dinero para destinarlo a una ONG, el proyecto ha ido creciendo tanto que es la única actividad profesional de sus fundadores. Ayer su interesante apuesta fue protagonista en la feria de arte Arco, donde se ocuparon de crear "el primer punto de encuentro y reflexión sobre la cultura sostenible y regenerativa".

Gubianas sabe que, antes o después, y según vaya creciendo, llegará un momento en que sea necesario adoptar un modelo más de industrialización, pero sin perder la esencia. De momento, los siguientes pasos son asentar la marca, acometer un proyecto de ampliación de capital, asentar bien las bases de todo este proceso e iniciar la aventura de la internacionalización.

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