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Luis Ángel López: "Idealicé vivir en el pueblo y ha superado mis expectativas"

López es panadero de Almonacid de la Sierra, pero también el campanero y el cronista, unas labores que compagina con impartir cursos sobre la historia gastronómica de Aragón.

Luis Ángel López, panadero de Almonacid de la Sierra e investigador.
Luis Ángel López, panadero de Almonacid de la Sierra e investigador.
Francisco Jiménez

Luis Ángel López Sanz nació en Zaragoza en 1984, pero siempre quiso ir a vivir a Almonacid de la Sierra, pueblo donde estaban sus raíces y que le apasiona. Lo consiguió y desde hace una década es el panadero de este pueblo. Además, investiga la gastronomía de Juan de Altamiras y los productos locales de la zona, sobre el vino en la evolución de la comida en el siglo XX y también sobre la cultura religiosa y alimentaria en la provincia de Zaragoza.

Estos días estará liado con los dulces de Todos los Santos...

Se me han juntado los huesos de santo, panellets y buñuelos con el turrón Paco Goya-Fuendetodos.

¿Qué desvelan los dulces?

Pasamos de la mística a la mástica, todo lo celebramos comiendo y, cómo no, con un final feliz, con un dulce. El azúcar ayuda a una buena digestión.

Los niños cada vez meriendan menos magdalenas y más repostería industrial.

Pero está el recordis, el recuerdo que pasa por el corazón. Mi abuela iba todos los sábados a por masa de pan para hacernos tortas y me despertaba a las 7.00 con el olor del aceite friéndolas. Ese recordis le pasa a mucha gente joven y no les importa pagar un poco más por esas cosas.

¿Qué hacemos para cambiarlo?

Tenemos que enseñar que una barra artesana vale más que otra prefabricada y que es mejor para la salud.

¿Cómo se ve el aumento de los precios desde el otro lado del mostrador?

Sube la luz y gracias a Dios tengo un horno de leña, pero necesito utilizar amasadoras, batidoras... El incremento de luz ha sido de un 300%, la harina ha subido tres veces su precio, el kilo de azúcar un euro... La gente baja el consumo de dulces y de pan.

¿Se imaginaba alguna vez siendo panadero?

De niño me flipaba hacer pan y cuando me ofrecieron la panadería estaba soldando y fue un sueño. Me encontré con este trabajo y con volver al pueblo.

¿También ha sido soldador?

Trabajaba de camarero en un bar, por las mañanas soldaba y por las tardes daba cursos de pastelería.

Ahora también compagina su trabajo con otros menesteres.

Así es, lo combino con mi labor como investigador e historiador. Trabajo por las mañanas y estudio por las tardes.

¿Considera que la tradición es un pilar para la sociedad?

Lo que comemos es lo que somos y lo que somos es lo que eran nuestros abuelos. La labor de investigador me ha llevado a pueblos para buscar qué hacían las abuelas.

¿Cómo se amasa lo de siempre con la innovación?

Muy sencillo: se coge una receta tradicional y se facilita la elaboración con las técnicas de ahora.

Disculpe que cambie de tema, ¿y esa cicatriz de la frente? ¿Es el Harry Potter de Almonacid?

No (ríe). El campanero nos estaba explicando los toques cuando otro chaval se chafó el dedo con el badajo y al reírme me di la vuelta y me pegó la campana en la cabeza. Un castigo divino. Fuimos al médico, que era nuevo en el pueblo, y no se creía la historia.

Así que también es campanero.

Y archivero y cronista de la villa.

¿Qué cuenta para la posteridad?

En un cuaderno apunto todo lo que pasa en el pueblo. Por ejemplo, conté la pandemia como antiguamente se contó una guerra, unas inundaciones o una sequía.

Es un ejemplo de joven que regresó al pueblo.

Mis padres descendía de allí. Tenía mis amigos y una medio novia. Cosas de la vida, me fui por amor y me enamoré más del pueblo que de ella.

¿Volvería a hacerlo?

Con los ojos cerrados, es uno de los sitios donde quiero morir. Siempre quise trabajar en el pueblo, como camarero, dj, soldador... la cosa era asentar mis raíces.

El otro día recriminaron a un tuitero que planteaba una vida rural idílica, ¿cómo lo ve usted?

Es duro y hay que mentalizarse. Yo idealicé vivir en el pueblo y ha superado mis expectativas, me ha demostrado una forma de ser.

Le he cotilleado en las redes sociales y se define como "un personaje un tanto peculiar".

Un amigo sacerdote dice que gracias a Dios solo nacemos uno como yo cada 2.000 años. Soy alcahuete, me gusta saber el por qué de las cosas.

También dice que es el "panadero más feliz del mundo".

Cuando haces lo que te gusta, donde te gusta, sobra todo lo demás.

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