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Las pastas divinas que salen de los conventos

En algunos conventos aragoneses compaginan las horas de oración con el trabajo en los obradores de repostería. Ahora ya, casi con la campaña de Navidad en el horno.

Sor Petronila muestra las pastas en el convento de Santa Mónica de Zaragoza.
Sor Petronila muestra las pastas en el convento de Santa Mónica de Zaragoza.
Oliver Duch

Una amplia sonrisa se descubre al otro lado de la reja del convento de Santa Mónica de Zaragoza, en una esquina de la Magdalena. Es Sor Petronila, una hermana agustina que vende lengüitas de ángel y lágrimas de su santa. "Antes, nunca había hecho repostería y me encanta", confiesa. "Las glorias las hacemos con avellana y clara de huevo y las polancas con almendra y nata", explica, mientras señala las bolsas. Las recetas que utilizan son inventadas por ellas, con la inspiración de unas hermanas de Castellón.

En la estantería también ofrecen corazones de café, rollitos de huevo, mónicas, garrapiñadas y recortes de formas –"nos los piden mucho"–. Reciben encargos y las cantidades no son grandes, porque no añaden conservantes: son productos naturales. Abrieron en plena pandemia y en poco tiempo se han dado a conocer gracias al boca a boca y por su cuenta de Instagram. Este no solo es un lugar de compra: "Al tener la puerta abierta vienen a contar sus problemas, te compran para un cumpleaños y te piden que reces por ellos…".

Los conventos que tienen horno compaginan este trabajo con las horas de oración. "Las seis horas de coro se respetan", aclaran. "Ave María Purísima", responde la hermana Dolores, de las Carmelitas Descalzas de San José, en Maluenda.

Esta carmelita es la encargada del obrador del convento, donde la tradición repostera no data de antiguo. "En la fiesta del centenario preparamos unas pastas para tomar en el locutorio y tuvieron tanto éxito que nos pidieron más y empezamos a hacer", recuerda. Ese día cambió el rumbo del convento.

Algunos de los dulces elaborados en Maluenda.
Algunos de los dulces elaborados en Maluenda.
Macipe
"Al final nunca nos falta el dulce"

"Nuestros productos estrella son las pastas y las sultanas, una especie de merengue de coco", cuenta la religiosa. En el mismo pueblo hay panadería y una de sus máximas es no ser competencia del comercio local, por lo que han renunciado, por ejemplo, a las magdalenas. Cuando idean una receta nueva o la primera vez que la hace la prueba y también aprovechan las que no se pueden vender por algún defecto. "Al final nunca nos falta el dulce", ríe la hermana Dolores. A pesar de que durante todo el año tengan trabajo, es en Navidad cuando preparan productos más especiales, como turrones o polvorones. La lista que tienen en este convento es bastante nutrida, más de una veintena por temporada: castañas de Navidad, cordiales, delicias de varios sabores, polvorones, huesos de santo, bombones de licor, perrunillas, yemas de Santa Teresa... y un largo etcétera.

"Ya tenemos en marcha la campaña navideña", anuncia la madre María Alegría. En su convento, el de las clarisas de Monzón, elaboran durante todo el año pastas y tartas para celebraciones. "Nos las encargan para cumpleaños y personalizamos los dulces", cuenta la madre. Imprimen la fotografía en una oblea con tintas comestibles, como hicieron en 1.000 galletas para las fiestas de San Mateo de Monzón. Sus pastas de limón y canela llevan fama, así como las rosquillas. Pero, ¿quién dijo que de los conventos solo salen dulces? En su caso también hacen empanadas de atún que se venden en las provincias de Huesca y Zaragoza.

Los trabajos que tradicionalmente hacían las monjas, ya no son suficientes para cubrir costes.
Las hermanas de Monzón.
José Luis Pano

No obstante, la oferta es variable, en función de la época. Precisamente, Navidad es su fuerte. "Hacemos turrones de ocho o nueve clases, panetones, mazapanes, mantecados…", dice en una enumeración sinfín. La madre María Alegría tiene clara la estrella de su obrador: "Los empanadones de calabaza". "Nos los encargan para Nochebuena y Nochevieja y estos últimos años también han sido el regalo de muchas empresas que no podían celebrar su tradicional cena", relata. La receta es "muy antigua", puesto que procede de la abuela de una de las hermanas más mayores.

En la década de los 90 comenzaron a hacer sus primeras hornadas y ahora se han convertido en un lugar de peregrinación en la ciudad montisonense. Reciben encargos por correo electrónico de toda España –hasta a Alemania han enviado lamines- e incluso ahora planean abrir una página web para vender. Entre cuatro hermanas las amasan, hornean, decoran y preparan los envíos.

En Aragón reside una maestra de la repostería, con varios libros publicados. Se llama Sor María Isabel Lora y el monasterio de las Madres Dominicas de Nuestra Señora del Rosario de Daroca es su casa. Hace un lustro que comenzaron a elaborar dulces de forma profesional y ahora deleitan con sus pastas, mostachones o magdalenas. «Hay recetas que son de mi familia materna y también de los libros del convento», ejemplifica con las rosquillas, que mandan hasta Madrid o Barcelona.

María Isabel Loras, en Daroca.
María Isabel Loras, en Daroca.
HA

¿El secreto? "La delicadeza, la finura y el cariño. Lo hacemos con el amor de Dios, ese es nuestro secreto más grande", revela sor María Isabel. El resto de los ingredientes son de proximidad, como la harina darocense. "Nosotras compramos todo en Huesca y alguna cosa en Zaragoza", coincide la hermana Regina del convento de la Asunción de Huesca.

En la capital oscense elaboran magdalenas con y sin leche y una larga lista de pastas. "No tiene periódico para escribirlas", dice. De limón, rosquillas de San Vicente, coquitos, roscos de yema bañados con chocolate, bollitos de miel… "Está todo buenísimo", promociona Regina. "Una de las más especiales son las asuntas, unas galletas de mantequilla que proceden de una receta antigua de nuestra casa y son en honor a la hermana Asunción que falleció hace unos años", continúa emocionada la religiosa, quien jamás había hecho repostería.

Dulces de las hermanas de la Asunción de Huesca.
Dulces de las hermanas de la Asunción de Huesca.
HA

A un nivel más familiar, pero con la misma pasión, hacen sus recetas las religiosas del monasterio de San Ignacio de Loyola de Rubielos de Mora. "En verano es cuando más trabajamos", señalan. Cada convento tendrá una receta y un dulce diferente, pero hay ingredientes que todas comparten, y no es el azúcar: "Las hacemos con alma, vida y corazón"

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