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Un nuevo vino tan elegante como fino

Las Margas Los Cerezos, de Bodem, es una nueva propuesta que con pasión reivindica la tradición.

Vino Las Margas Los Cerezos, de Bodem.
Vino Las Margas Los Cerezos, de Bodem.
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La pasión que tiene la familia holandesa Geirnaerdt-van Ekeris por la tierra aragonesa y su vid es innegable. Encandilan cuando hablan de ellas.

"Nos produce mucho orgullo", señalan con una inevitable sonrisa todos los miembros de Bodem al hablar de Las Margas Los Cerezos, el nuevo vino que presentaron este jueves en primicia en el restaurante Absinthium de Zaragoza. "Para nosotros es seguir la tradición de un viñedo que iba a ser levantado", apunta Eugenie Van Ekeris, propietaria de la bodega de Almonacid de la Sierra.

En la copa se descubre un vino rojo intenso con ribete violáceo. En la nariz llega con una intensidad media, aunque destaca su finura. En la boca irrumpe con envolventes aromas de frutos rojos del bosque maduros, tomillo, pedregal, flores secas y unas notas de sotobosque. No termina con los sorbos, ya que da gran longitud y profundidad. Puede ser un perfecto compañero para pescados salvajes, carnes blancas o platos de cuchara.

Se descubre una verdadera expresión del terroir de Belerma. Este enclave da el nombre al vino, ya que los cerezos abrazan al viñedo. Se trata de unas cepas de indomable garnacha salvaje a las faldas de la Sierra de Algairén. Las compraron al lugareño José Salvador y se ubican de 580 a 700 metros, una pendiente que lo convierte en un vino todavía más especial. "La única herramienta que puede trabajar ahí son nuestras manos", dice orgulloso Luis Geirnaerdt, el técnico de campo de la bodega. La riqueza de esta tierra no hizo más que reafirmar la pasión del joven por el campo. "Sé cómo se llaman cada una de las cepas y cómo las he mimado", confiesa Geirnaerdt. Crecen como estrellas de cine sobre una alfombra de colores. "Van desde el suelo de arcilla a lo más pedregoso, pasando por la calcárea", explica Luis. "Crean una sinfonía de sabores y aromas", añade.

Eugenie van Ekeris, junto a su hijo, Luis Geirnaerdt.
Eugenie van Ekeris, junto a su hijo, Luis Geirnaerdt.
Montañés

Se consigue con una maceración prefermentativa en frío, a 10ºC, y, tras completar la fermentación alcohólica y maloláctica, una parte del vino se traslada a barricas de roble francés, donde envejece durante diez meses. No se somete a ningún proceso de estabilización, se clarifica y se filtra suavemente. La bodega alardea de sostenibilidad, de hecho, el cuidado del medio ambiente es uno de sus pilares.

Los Cerezos no es todo, porque "prometen más alegrías" y no solo porque con el tiempo, en unos seis u ocho años, este vino adquiera más complejidad, sostenía el enólogo de la bodega. A este se añade el de garnacha blanca, el vidadillo o el de garnacha. Un buen cuarteto para maridar y brindar en cualquier cena.

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