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Borja y sus garnachas únicas

Las bodegas de la denominación de origen muestran toda la potencialidad de sus vinos.

Los jardines del Aura, en Zaragoza, fueron el escenario escogido para la muestra.
Los jardines del Aura, en Zaragoza, fueron el escenario escogido para la muestra.
Francisco Jiménez

La variedad garnacha del Campo de Borja se asocia habitualmente con vinos envolventes y con mucho cuerpo. Pero no solo responden a estas características. Así se puso en evidencia este jueves en la XVIII Muestra de Garnachas de la Denominación de Origen Campo de Borja que se celebró en el complejo Aura de Zaragoza.

Si algo ha permitido esta cita es conocer de primera mano la forma de trabajar de cada bodega. En Borsao saben bien lo que supuso rescatar del olvido a la garnacha. Tres Picos fue su buque insignia hace 20 años y lo sigue siendo hoy en día. Fruta, frescura y potencia, "junto a crianzas cortas para estructurarlo y que no se apodere la madera", destaca su director técnico, José Luis Chueca. En el mismo grupo, Alto Moncayo representa el perfil de las garnachas viejas para conseguir vinos más maduros, "concentrados y potentes".

Bodegas Aragonesas es otro de los motores de la denominación de origen. Su director general, Enrique Chueca, tiene claro qué hace diferente a sus garnachas: "Son muy frutales, incluso en los vinos de reserva". También apunta el detalle de que "los elaboramos pensando en el producto que queremos lanzar al mercado". Nabulé es un buen ejemplo de control de maduración y vendimia. "Representa una garnacha más elegante y sutil".

El enólogo de Palmeri Sicilia, David Cuartero, destaca la altura de sus viñedos como seña de identidad. "Apostamos por un ciclo largo con vendimias tardías, buena selección de la uva y maduraciones largas". De esta forman consiguen, a su juicio, "vinos más finos y aromáticos, con un bouquet persistente".

Desde la visión exportadora de Bodega Picos se trabaja con un modelo familiar y vendimia manual para conseguirlos de gama alta o muy alta con una relación calidad/precio atractiva, como es el caso del Gregoriano Tinto.

El concepto de cooperativa pequeña lo representa Bodegas Ainzón. Su gerente, Paola Espligares, habla del servicio "casi puerta a puerta" que dan. "Hemos sido pioneros adelantando la vendimia buscando acideces altas y la frescura de vinos internacionales como los australianos".

Las viñas viejas de vaso, mayoritarias en Bodegas Román, marcan su trabajo. "La mayor parte es manual, que es lo que requieren estas plantaciones", señala el director técnico Héctor Román. Una de sus últimas apuestas es Portal del Moncayo Rosé Garnacha. "Hemos hecho una elaboración afrancesada buscando un color piel de cebolla, que está tan de moda".

Algo parecido hacen en Ruberte con su Rosado Selección. En cualquier caso, la enóloga Ana Salvador destaca que "nuestras elaboraciones son en depósitos grandes de madera; también el almacenamiento". Y un detalle más: ponen música clásica durante la fermentación y Ana está contenta con el resultado.

Ferrán García, director comercial de Bodegas Morca, también está satisfecho con sus cuatro vinos, "con mucha fruta y un final sedoso". Por otra parte, el carácter artesanal y el concepto de sostenibilidad describen a Pagos del Moncayo. "Nuestros lagares son abiertos, con material de poletileno de alta densidad".

El último en llegar y "el raro" de la denominación de origen, como él mismo se describe, es el californiano Michel Cooper y sus Vinos del Viento. Altitud, vinos sin filtrar, fermentación con levaduras autóctonas... Es su apuesta para transmitir el terruño de cada uno.

El colofón llega de la mano de la bodega más pequeña, Cabal. Ángel Arcega lo hace todo, hasta espumosos sorprendentes. Lo más especial y diferente es su mirada hacia los vinos orgánicos y naturales. "Llevan mucho trabajo, pero el mercado va por ahí".

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