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Más de 40 años sirviendo crepes en un chaflán muy parisino de Zaragoza

Creperie Flor nació a principios de los 80 en el corazón del Casco Antiguo de la capital aragonesa. Algunas de sus crepes se han mantenido en la carta intactas.

Fachada de Creperie Flor, en la calle de Torrenueva de Zaragoza.
Fachada de Creperie Flor, en la calle del Temple de Zaragoza.
H. A.

Las crepes gratinadas, la que se llama Fabián y la de berenjena son tres platos icónicos de Creperie Flor, tanto que ya se pagaban en tiempos de las pesetas. "Hace unos años vino una señora y se pidió una gratinada. Le caían las lágrimas cuando la empezó a comer porque había estado en Zaragoza durante la época de la Base Americana y desde entonces no la probaba". Este relato emociona a Jaime Rebollo, al frente de esta crepería envuelta en un ambiente muy parisino, a pesar de estar en un chaflán de la calle del Temple con Torrenueva.

La de berenjena lleva también setas, gambas y la salsa casera. Esa misma salsa lleva Fabián, que es de solomillo de cerdo, pimientos verdes y salsa de ciruela. Jamón, champiñones y queso son los ingredientes de la gratinada. Esas solo son tres ejemplos. "La 'ratatouille' es una gran desconocida", reivindica Rebollo, elaborada en base a un pisto de verduras con jamón y salsa de tomate. Jaime también señala que desde la pandemia ha apreciado que el público demanda cada vez más otra de 'magret' de pato - el ave, cebolla, calabacín y crema de manzana-.

Además de sus emblemáticas crepes han sumado otras propuestas, como las del concurso de trufa al que se han presentado en últimas ediciones. "También hacemos sin gluten –que agradecen si se avisa a la hora de la reserva- o la de borraja y ternasco". ¿Cuál es la clave para hacer una crepe de éxito? "Un montón de factores", resume Jaime. Matiza, que además de la práctica, son necesarios unos productos de calidad y tener maña con la plancha en la que se hacen.

"Al principio fue una auténtica novedad"

"Al principio fue una auténtica novedad", recuerda Jaime. Claude Molinie, José Pérez Robert y Pepe Rebollo la fundaron a principios de los años 80. Cuatro décadas más tarde, el apellido Rebollo continúa en el negocio de la mano de Pepe, ya jubilado, y de su sobrino Jaime. "Seguimos siendo los mismos, ha habido un cambio generacional", explica Jaime, que se incorporó en 2002. Considera que el negocio familiar -también han estado su padre y hermano-, el modelo de cómo elaborar las crepes y el emblemático local han sido –y son- tres ingredientes clave para que Flor continúe al pie del cañón y siga siendo un lugar especializado y de referencia en estos platos franceses, que trajeron de París.

Pepe Rebollo y Jaime Rebollo en la fachada de Creperie Flor, junto al dibujo de los 40 años.
Pepe Rebollo y su sobrino Jaime Rebollo, en la fachada de Creperie Flor, junto al dibujo de los 40 años.
H. A.
"Teníamos un grupo de hombres que durante más de veinte años estuvieron viniendo todos los miércoles"

Igual que en la cocina, ha habido un cambio generacional también en los clientes. Personas que en los inicios acudían con su pareja, ahora ya se sientan a la mesa con sus nietos. "Teníamos un grupo de hombres que durante más de veinte años estuvieron viniendo todos los miércoles", agradece Jaime desde la misma mesa donde se solían sentar ellos. Zaragozanos anónimos y turistas, pero también populares rostros, como Pau Donés, Amaral, Joan Manuel Serrat, Juan Tamariz o los actores Pere Ponce y Juan Pablo Shuk.

La cultura está íntimamente relacionada con este chaflán, y no solo por los comensales. En las paredes del establecimiento se pueden admirar obras de arte: "Exponemos cuadros de pintores amateur, que se ponen en contacto conmigo", apunta Rebollo.

En Creperie Flor se sirven comidas de martes a domingo (de 13.30 a 15.30) y cenas de jueves a sábado. Además, por las mañanas también ofrecen desayunos, en los que tampoco faltan las crepes.

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