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Crítica gastronómica: Serendipia, un secreto que hay que compartir

El céntrico restaurante, de esmerada cocina y trato cercano, pasa más desapercibido de lo que debería.

Hummus de guisante, hierbabuena y albahaca con salmón y queso feta del restaurante Serendipia.
Hummus de guisante, hierbabuena y albahaca con salmón y queso feta del restaurante Serendipia.
Francisco Jiménez

¿Dónde cenamos este fin de semana? Cuando se acerca el viernes y nos planteamos esta pregunta, lo normal es que un puñado de restaurantes vengan rápidamente a nuestra cabeza. Es así porque los conocemos y hemos tenido una buena experiencia. O porque el local está de moda, hemos pasado por la puerta o, simplemente, porque su manejo de las redes sociales los ha ubicado como referentes.

Otros negocios, sin embargo, pasan algo desapercibidos pese al esmero de su equipo de cocina, su honesta propuesta culinaria y el cariño que ponen al atender la sala. En este último grupo se encuentra el restaurante Serendipia (calle de San Lorenzo, 7, Zaragoza). Su local, discreto, no llama la atención cuando paseamos por esta vía de La Madalena. Pero lo cierto es que tras la puerta se esconde un establecimiento con un manejo del producto de primera y que, además, consigue una relación entre la calidad y el precio que solo se puede calificar de imbatible. Es de ese tipo de negocios que no abundan y que uno desearía que se multiplicasen en su ciudad.

Empecemos por el final, por los precios. Además de las raciones para compartir y las tostadas, el restaurante despliega dos menús degustación, uno por 19,50 euros y otro, algo más largo, que sale por 23,50 euros. Ambos incluyen pan, agua y postre casero (para el que recomendamos guardar hueco). En los dos casos hay una serie de bocados comunes, algunos en formato individual y otros que van al centro de la mesa ya que están pensados para compartir. De estos es difícil elegir uno solo. La ensaladilla de encurtidos y sardina ahumada con tosta de pasta wonton merece un aplauso cerrado por lo redondo del sabor y, por qué no decirlo, también por salirse de los cánones a los que solemos maniatar a las ensaladillas. Bravo por aquellos que se atreven a innovar y por quienes lo consiguen sin caer en la estridencia, como es el caso.

Decir que la presa a la parrilla con cremoso de manzana de Serendipia sale tierna es quedarse corto.
Decir que la presa a la parrilla con cremoso de manzana de Serendipia sale tierna es quedarse corto.
Francisco Jiménez

Le coge el relevo un hummus que tampoco sigue la norma. Es verde, como la materia prima que le da forma, el guisante, acompañado por toques de hierbabuena y albahaca, lo que da como resultado un bocado muy fresco. Está rematado por salmón y queso feta y se acompaña con pappadums, panecillos planos y crujientes elaborados a partir de frijoles negros.

Otro de los pases sobre los que hay consenso -para muy bien- es el champiñón relleno de queso, cebolla caramelizada y bacon y fondo de salsa de tomate. Puede que sobre el papel no sorprenda... pero en el plato, que es donde debe destacar, lo hace. Apuesto que te hará pedir más pan. El langostino y las verduritas crujientes con salsa de mango y lima ponen punto final a la primera fase, que es común en los dos menús.

A partir de este punto surgen dos itinerarios. En el menú de 23,50 se comparte un sabroso brazo de pulpo sobre crema de patata con alioli. También un jugosísimo corte de presa ibérica a la parrilla con patatas bastón. A la buena materia prima se une un cremoso de manzana para quitarse el sombrero. En el menú económico se sirve, de forma individual, un jamoncito de pato confitado y rustido con salsa de cítricos y albaricoque.

Hablemos ahora de los postres, que no se quedan atrás. Esther Alonso, que comparte la propiedad con Carlos Yagüe, es la encargada de la repostería. Los dos bocados finales que manejaron el fin de semana pasado son de nota. Por un lado está la espuma de capuccino con crema de chocolate y migas de nueces, que gustará a cafeteros y a quienes disfrutan de lo dulce, pero sin pasarse. La otra opción lleva camino de convertirse en un clásico de la casa: el cremoso de queso con coulis de frutos rojos y crumble de semillas anima los corazones y logra, siendo una tarta de queso, ser algo más que una tarta de queso. La repostera, si se le pregunta, cuenta que la receta surgió fruto de la casualidad, tras probar otro postre que no había quedado muy allá, hacerlo suyo y mejorar la receta hasta encontrar aquello que realmente buscaba.

En cuanto a vinos, la carta no es muy extensa, pero sí solvente, y despliega referencias de distintos rangos sin inflar el precio, lo que se agradece.

El equipo, integrado por solo tres trabajadores, además de dedicarse a la cocina disfruta de ella. Y eso se nota. No en vano, cada vez que pueden, los hosteleros se escapan a probar restaurantes de caché dentro y fuera de Aragón, lo que les permite expandir su catálogo de ideas y después, dentro de las posibilidades, aplicarlas en la carta de sugerencias y en la rotación del menú, que por ahora, hasta que asiente el negocio, es más bien estático.

Por su cariño dentro y fuera de la cocina, sus imaginativos platos y su única pretensión de plasmar la propuesta gastronómica que les satisface, Serendipia es, en definitiva, en un secreto en pleno centro de Zaragoza que hay que compartir.

Ficha técnica

Dirección: Calle de San Lorenzo, 7, Zaragoza. 

Teléfono: 685 684 883

Horario: De martes a domingo, de 11.30 a 17.30. Viernes y sábado, además, de 20.00 a 00.00.

Descanso: cierra los lunes.

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