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Restaurante Lamiana, 30 años de servicio en el Parque de Ordesa más desconocido

El establecimiento de esta pequeña aldea ha garantizado su supervivencia alrededor de productos como el cordero de churra tensina.

Feliciano Sesé, junto al hotel restaurante de montaña Lamiana.
Feliciano Sesé, junto al hotel restaurante de montaña Lamiana.
A. Toquero

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido tiene varias entradas. Una de ellas, seguramente la menos conocida, es la del valle de Escuaín, que lleva hasta la localidad de Revilla, donde termina la carretera. En los años 80, apenas pasaban cuatro o cinco coches al día por la zona en temporada alta. Hoy, esa cifra se ha elevado hasta casi 200, muy lejos en cualquier caso de la afluencia que durante todo el año tiene la ruta que va de la pradera de Ordesa a la cola de caballo.

Antes de llegar a Revilla se encuentra la pequeña aldea de Lamiana, que si a día de hoy está habitada, es porque hace 30 años Feliciano Sesé y su familia decidieron montar un restaurante (Ordesa-Tella- Lamiana. 974 341 066) que lleva el nombre de la localidad. Diez años después se creó un pequeño hotel de montaña y hasta la fecha. “Era la casa familiar de mis abuelos y mis padres –comenta Feliciano–, que vivieron de la ganadería y de la huerta, aunque finalmente tuvieron que salir fuera porque no les daba para mantener a la familia”.

Hace 30 años que abrió sus puertas el restaurante Lamiana.
Hace 30 años que abrió sus puertas el restaurante Lamiana.
A. Toquero

Feliciano empezó a trabajar en la ampliación del Parque Nacional de Ordesa en 1982. “Veía que cada año pasaban más coches, así que a finales de los 80 pensé en montar un merendero, que finalmente se convirtió en un restaurante, y así es como empezamos con la hostelería y el turismo”, explica.

La sensación en Lamiana es de tranquilidad y desconexión absoluta. Y en esta época del año, mucho más. Ahora no se puede comer o cenar en la terraza, pero las vistas a las montañas Castillo Mayor, Tres Marías, Puntas Verdes o al portillo de Tella son impresionantes. “Mires por donde mires es paisaje”, prosigue Feliciano. Eso sí, diferente a las rutas más conocidas de Ordesa. En esta zona tranquila del parque habita el quebrantahuesos, así que acudir con unos buenos prismáticos casi resulta obligado.

La terraza es uno de los espacios más demandados del restaurante.
La terraza es uno de los espacios más demandados del restaurante.
A. Toquero

Feliciano y su familia están volcados en el proyecto hostelero, que abre todo el año –en esta época y hasta Semana Santa, de jueves a domingo–, pero no se han olvidado de la ganadería y de los productos de la huerta.

De la ternera sacan despieces como chuletón, solomillo o los filetes del menú. Además, han apostado por una raza de ovino autóctona como la churra tensina, así que el cordero que ofrecen es de la zona. Y un bocado muy delicado es el cabrito de la raza pirenaica. “Hace cinco años empezamos con la cría de bueyes y vamos a probar; durante el verano están en la montaña y ahora bajan a los prados del valle”, comenta Feliciano.

El valle de Escuaín es uno de los menos conocidos del Parque Nacional de Ordesa.
El valle de Escuaín es uno de los menos conocidos del Parque Nacional de Ordesa.
A. Toquero

Por supuesto, del huerto se abastecen durante todo el año con productos que van cambiando en función de la temporada. “Ahora llegan las escarolas, coles, calabaza… y tenemos una variedad de alubia que es como un boliche y no he visto en ningún otro sitio”, prosigue.

Con todas estas materias primas se diseña el generoso menú (18,90 euros) del restaurante Lamiana. Suele incluir hasta ocho primeros platos y otros tantos segundos. Arroz con setas, pimientos rellenos de bacalao o canelones caseros son algunas de las especialidades de la casa.

Entre los segundos, la brasa es la gran protagonista: chuletillas de ternasco de Lamiana, longaniza de Graus, churrasco… Pero dos de los bocados gourmet más interesantes son el lechal y el cabrito asados, además del guiso de jabalí o las codornices con picada de ajo y perejil.

El comedor no es muy grande, así que, sobre todo si se acude en fin de semana, la opción de reservar es más que recomendable, necesaria.

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