Gastronomía

Gastronomía

vinos de aragón

Vinos de Ayerbe criados en el fondo del mar

Bodega Edra participa en el proyecto de atesoramiento submarino Crusoe Treasure con un tinto de syrah, un blanco de uva viognier y otro de garnacha gris.

Los dos vinos de Edra de Crusoe Treasure, junto a otro de garnacha blanca y una caja en la que se venden estas botellas.
Los dos vinos de Edra de Crusoe Treasure, junto a otro de garnacha blanca y una caja en la que se venden estas botellas.
J. L. S.

Bodega Edra, ubicada en la localidad oscense de Ayerbe y encuadrada en la indicación geográfica protegida Vinos de la Tierra Ribera del Gállego-Cinco Villas, es una de las pocas bodegas españolas que participa en el proyecto de atesoramiento submarino de vinos Crusoe Treasure. En concreto, con dos de sus referencias estrella -Edra Blancoluz, un blanco monovarietal de uva viognier, y XtraSyrah, tinto monovarietal de syrah- y con otro de garnacha gris. 

Álex Ascaso, propietario de Edra, quedó seducido desde un principio, cuando hace ya unos años le propusieron participar en el proyecto. Fue el director técnico de Crusoe Treasure, Antonio Palacios, un enólogo de mucho prestigio en el sector vitivinícola, tanto dentro como fuera de España, con el que coincido en los jurados de certámenes internacionales, como el Concurso Mundial de Bruselas.

Y la cuestión es: ¿cómo afecta a los vinos esa permanencia durante varios meses en la bodega submarina de Crusoe Treasure, situada a 16 metros de profundidad en el mar Cantábrico, en la bahía de Plentzia, en la costa vizcaína? Para comprobarlo, este lunes tuvo lugar una cata en el espacio Coopervinos, en Zaragoza, en la que participaron varios hosteleros y sumilleres zaragozanos convocados por Miguel Ángel Hierro, de Rezusta Hermanos, distribuidora de estos productos. También asistieron el bodeguero, Álex Ascaso, y el director comercial de Crusoe, Francesc Ricart.

Catamos primero el Edra de viognier, que se comercializa como Sea Legend nº 5, y que estuvo 24 meses de crianza en barrica en la bodega antes de ser embotellado y depositado en los jaulones del arrecife artificial-bodega submarino, donde permaneció año y medio. La impresión fue la de disfrutar un vino redondo y muy bien evolucionado, que ofrecía unos matices y una complejidad propios de un gran reserva con carácter juvenil.

Francesc Ricart, Álex Ascaso y Miguel Ángel Hierro, en la cata de vinos submarinos.
Francesc Ricart, Álex Ascaso y Miguel Ángel Hierro, en la cata de vinos submarinos.
J. L. S.

Y es que ahí radica una de las claves de esta crianza submarina, aseguró Ricart: que la crianza de los vinos se acelera y se multiplica por cuatro o por cinco en relación con otro que se cría en botella en superficie.

Lo mismo podría decirse del tinto de syrah, que sale al mercado como Sea Soul nº 4, que mostró todas las virtudes que ofrece un vino joven gracias a su acidez e intensidad olfativa, a la vez que la finura y redondez de un tinto con larga crianza. De ahí que podría pensarse que esta crianza submarina aporta sedosidad y contribuye a la integración de los elementos que conforman el vino y, así, se atenúa la sensación alcohólica, aunque el grado permanece inalterable y se afinan en grado máximo sus taninos. El de garnacha gris no se pudo catar porque está todavía en fase de crianza, con apenas cinco meses bajo el agua.

Álex Ascaso se mostró muy satisfecho con el resultado de esta cata porque reafirmó su convencimiento de que estos vinos con crianza submarina tienen unos matices que no se pueden conseguir con la crianza convencional en la bodega. "Se muestran más redondos, más elegantes, más afinados, con una complejidad aromática verdaderamente impresionante".

Francesc Ricart añadió el detalle de que, una vez abiertas, las botellas con crianza submarina (que se comercializan tal como se extraen del fondo del mar, sin limpiar, para que conserven la huella visual de su estancia en el arrecife artificial) van cambiando cada poco tiempo, ofreciendo distintos matices aromáticos y gustativos conforme pasan los minutos y las horas: "Es como si el vino se abriese con todo lo que lleva dentro, después de haber pasado unos meses muy duros ahí abajo, sometido a la presión del agua y a los embates de las corrientes submarinas". Ese efecto de afinamiento se nota también en los vinos espumosos, con los que están investigando también en Crusoe Treasure. Lo que está claro es que los vinos no se enriquecen con aromas provenientes del mar, ya que están totalmente aislados porque los tapones están lacrados para evitar que penetre agua dentro de la botella.

Uno de los mayores inconvenientes para el disfrute de estos vinos puede estar en el precio de venta que tienen, dados los costes de explotación. Así, el blanco de Edra cuesta en la página web de Crusoe 92 euros, mientras que el syrah se vende a 62 euros. Obviamente, no son vinos para tomarlos frecuentemente, pero sí pueden ser objeto de deseo para regalos selectos o para ocasiones muy especiales en las que se aprecie la historia que hay detrás del vino, además del contenido de la botella.

Las botellas, almacenadas en los jaulones, a 16 metros de profundidad.
Las botellas, almacenadas en los jaulones, a 16 metros de profundidad.
Crusoe Treasure.

Crusoe Treasure ofrece también experiencias enoturísticas con paseos en barco hasta el lugar donde se encuentra la bodega submarina, catas comparadas de los vinos con crianza y sin crianza submarina, y maridajes con pinchos vascos. En el arrecife submarino artificial se almacenan en la actualidad unas 15.000 botellas y tiene capacidad para 40.000. Según sus creadores, esta estructura ha posibilitado la recuperación de especies submarinas que habían desaparecido de esa bahía. Además de con vino, están experimentando con la crianza bajo el agua de otras bebidas, como ron, whisky, cervezas, cava y champán. También con la crianza de vinos en barricas de madera, pero hasta ahora no han conseguido compatibilizar la microoxigenación necesaria dentro de la barrica con la impermeabilización total que impida que penetre agua dentro.

Etiquetas
Comentarios