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De coser ropa de trabajo, a mascarillas y batas contra el coronavirus

Las empresas de inserción aragonesas buscan reinventarse para afrontar el parón de actividad por la crisis del Covid-19, aunque al menos media docena se plantean ERTES por fuerza mayor.

Taller de confección de Inserta de la Fundación Federico Ozanam.
Taller de confección de Inserta de la Fundación Federico Ozanam.
Heraldo.es

El frenazo en la economía que está suponiendo el intento de contener el virus Covid-19 se deja sentir en la mayoría de los sectores. Muchos servicios y productos se han quedado en ‘stand by’. Entre la avalancha de empresas que van a recurrir estos días a los expedientes de suspensión temporal de empleo (ERTES) por fuerza mayor por el coronavirus se encuentran algunas de inserción, cuyas plantillas las forman personas con especiales dificultades por su situación personal, económica o social.

Sin embargo, en ese grupo otras han conseguido reinventarse en medio de la crisis y aportar a la vez su granito de arena. En Aragón hay 16 compañías de inserción que generan 309 empleos, según los últimos datos recogidos por la asociación Arei que las agrupa. "La situación es muy variada", reconoce Marisa Esteve, la gerente. El denominador común se encuentra en las personas que contratan, todas ellas llegadas de los servicios sociales y que entran en un itinerario formativo para preparar su incorporación al mercado laboral. Sus actividades van desde la recogida de ropa usada y su tratamiento posterior, a gremios como la jardinería, carpintería y manipulado para la industria.

"Mucha incertidumbre"

Esteve reconoce que hay "mucha incertidumbre" entre el colectivo. Al menos media docena se han planteado suspender su actividad, pero esperaron hasta que el Gobierno confirmó con el decreto de medidas laborales que los desempleados cobrarían el paro aunque no hubieran cotizado lo necesario. Esta era la situación de algunos de sus trabajadores.

"Vamos a hacer mascarillas, batas y pijamas sanitarios para las residencias de infectados por coronavirus"

"La situación general de las empresas de inserción no difiere mucho de la economía en general", señala Carlos Lazaga, presidente de Arei y gerente de Inserta, de la Fundación Federico Ozanam. La empresa cuenta con varias actividades que han corrido desigual suerte. Mientras los trabajos de carpintería se han desplomado, la actividad de confección de su taller de ropa laboral no solo no ha parado sino que ha crecido y se ha diversificado. "Vamos a hacer mascarillas, batas y pijamas sanitarios para las residencias de infectados por coronavirus", explica. A su favor ha contado que muchos proveedores solo son distribuidores y ya no confeccionan en España. "El mundo de la sanidad y sociosanitario está buscando desesperadamente por la escasez", asegura.

Esto ha supuesto contratar a una persona más y han pasado gente de otras ramas. Entre ellos, un albañil y un carpintero que sabían manejar la máquina de coser. Reconoce que pese al crecimiento no dejan de ser "un taller pequeño". Han crecido de 6  a 9 personas. "Para garantizar distancias de seguridad hemos movido las máquinas. No cabemos más gente. El espacio es el que es. Todas las máquinas que funcionan están ocupadas". dice.

La avalancha de solidaridad con la confección de mascarillas en los hogares ha hecho que "hayamos dejado de hacer porque había tanta gente cosiendo que al final eran muchas". Solo confeccionaban las de tela, no las certificadas que se incluyen en los equipos de protección individual.

Pérdida de clientes

La caída de las reformas les va a llevar a presentar un ERTE por fuerza mayor. Afectará a 27 empleados. "Trabajamos para clientes externos y para la propia Fundación, para la que cambiamos puertas, ventanas y suelos. Las residencias han cerrado el paso a lo que no era absolutamente imprescindible", reconoce. Y no llegan presupuestos de particulares ni de obras. "La idea es que en el momento en que se pueda, recuperar todos los contratos. Al final es una medida para garantizar la supervivencia de la empresa", afirma.

"No era prudente por nuestros trabajadores y por los clientes, para no entrar en las viviendas"

Con esa idea ha parado también estos días Carinsertas la de recogida y tratamiento de ropa usada a través de sus contenedores, como el resto de empresas que se dedican a esta actividad. La empresa de inserción de Cáritas deja en suspenso el reciclaje textil y ha precintado sus contenedores, explica Dalila Robayo, gerente. También se ha paralizado el reciclaje de muebles, la recogida y mudanzas e incluso la gestión en el punto limpio. "Notificamos a los servicios programados que no era prudente por nuestros trabajadores y por los clientes, para no entrar en las viviendas". Algo similar ocurre en la limpieza de pisos, donde "el bajón de facturación ha sido del 80% y en acompañamiento a gente mayor, de un 20%", reducido a dependientes a los que ayudan también a comprar comida o medicinas.

Contenedor de ropa usada de Carinsertas precintado por el coronavirus.
Contenedor de ropa usada de Carinsertas precintado por el coronavirus.
Heraldo.es

Mientras el coronavirus ha castigado estas actividades, ha impulsado la limpieza de empresas. "En el área industrial mantenemos las empresas y hemos intentado reinventarnos con la desinfección por ozono", explica. Ante esta situación, de 26 trabajadores en todas las áreas se han quedado ocho.

Sueldos que sustentan familias

Están acostumbrados a los cambios porque nacieron en 2013, en plena crisis inmobiliaria y ya tuvieron que pasar de la confección a las actividades actuales. Su preocupación es que "son sueldos que normalmente están vinculados a que el sustentador de la familia es el que está en la empresa".

Desde el colectivo se piden reformas administrativas para que la interrupción que van a sufrir los itinerarios formativos no les penalicen ni a ellos ni a las empresas "porque si no vamos a cerrar muchísimas", advierte Esteve. "Estos proyectos cuesta mucho ponerlos en marcha y caerse, muy poco", lamenta. Plantea vías como adelantar subvenciones.

Lazaga confía en que "saldremos de esta sin problema, pero no sabemos si será dentro de un mes o dos". Inserta tiene 20 años de trayectoria y ha pasado por crisis como la de 2008 aunque entonces la actividad cayó "de forma gradual" y les permitió ir adaptándose y no "de la noche a la mañana" como ahora. Su idea es presentar el ERTE el 1 de abril "para que todo el mundo cobre la nómina de marzo entera" y el mes que viene "estaremos en contacto telefónicamente con todos por si detectamos necesidad que podamos atender".

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