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El peor Real Zaragoza en La Romareda a estas alturas de la liga

Desde el descenso de Primera en 2013, es la primera vez que el equipo solo suma 9 puntos como local en sus primeros nueve partidos jugados en casa. Los 5 goles marcados suponen otro récord llamativo por su escasez extrema.

Narváez, Eguaras, Vada... la desolación de los zaragocistas tras perder en La Romareda de nuevo.
Narváez, Eguaras, Vada... la desolación de los zaragocistas tras perder en La Romareda de nuevo.
Guillermo Mestre

Que jugar en La Romareda es un suplicio para el actual Real Zaragoza 21-22 es algo que se ve venir y se percibe con certezas desde hace muchas semanas, meses ya. Los números no engañan. Ni se pueden trampear. Son ciencia exacta. La derrota de este lunes ante el Leganés (0-2) ha colocado al equipo que dirige Juan Ignacio Martínez ‘Jim’ en el dudoso honor de ser el peor Zaragoza como local a estas alturas de la liga desde que se empezó este largo periplo consecutivo en Segunda División, allá por 2013, tras el último descenso de Primera.

El equipo solo ha sumado 9 de los 27 puntos disputados en el césped de La Romareda desde agosto. Es el fruto de una sola victoria, de seis empates y, con la de anteayer, dos derrotas ante la afición blanquilla. Es decir, solo ha sabido sujetar y meter en el balance de rentas el 33 por ciento de lo dirimido con sus rivales visitantes. En definitiva, que ha perdido el 66 por ciento de lo que había en juego.

Hasta ahora, en este tramo de competición –el que reúne los nueve primeros partidos jugados en La Romareda– desde el curso 13-14, el récord negativo estaba en 10 puntos de los 27. Lo firmaron, en sendos inicios muy deficientes de cada respectivo curso, el año pasado Rubén Baraja e Iván Martínez (ya se había cambiado de entrenador hace días por estas fechas de finales de noviembre) y, dos años más atrás, el equipo que dirigieron Imanol Idiakez y Lucas Alcaraz, en otra campaña con relevo prematuro en el vestuario.

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Este Zaragoza de Jim es, pues, peor en su rol de local que el terrible equipo del año pasado, que el propio técnico alicantino salvó en tercera instancia a través de un milagro de un descenso a Segunda B. Y también peor que aquel que, también como tercer inquilino del banquillo, Víctor Fernández sacó del corredor de la muerte in extremis en otra temporada de infarto y sudores fríos hasta el final.

Este detalle sirve para hacerse una idea aproximada de por dónde se encamina el rumbo por el que va a transitar el Real Zaragoza 21-22 de no mediar con urgencia un golpe de timón de muchos grados de diferencia respecto de la ruta adquirida a estas alturas del torneo, que no es nada halagüeña.

Simultáneamente a la insuficiencia futbolística que tiene al Real Zaragoza del presente en un estado catatónico cuando juega ante su público en La Romareda, asoma otra cifra que asusta por sí sola, sin paliativo posible por su gravedad: el equipo de Jim solo ha marcado cinco goles en estos nueve partidos en su estadio.

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Hasta ahora, el récord negativo vigente en los últimos ocho años encadenados en Segunda se establecía en los escasos 9 tantos anotados en esta horquilla del calendario por los mismos ‘zaragozas’ referidos en el apartado de puntos: el de Baraja e Iván Martínez –el año pasado, por lo tanto– y el de Idiakez y Alcaraz en la 18-19. Si 9 eran pocos... 5 son casi la mitad. Una insignificancia, síntoma de algo enormemente serio y pernicioso de cara al futuro para el equipo. El índice de eficacia anotadora en La Romareda es ínfimo, alarmante a más no poder.

En tercer nivel de estudio y diagnóstico, se aprecia que ningún Real Zaragoza precedente desde 2013 había llegado hasta este punto con una sola victoria en casa en nueve partidos. El que menos había logrado ya dos. Este es otro parámetro que provoca vértigos y escalofíos. El equipo de Jim es un grupo envuelto por la pusilanimidad, que tiene escasas luces ante las porterías en La Romareda, que muestra pocos argumentos y destrezas para saber ganar partidos en es escenario de la responsabilidad que supone jugar ante su público y, como consecuencia de estas aptitudes y actitudes, está en unos niveles de adición de puntos en La Romareda que no pueden traer nada bueno en el largo plazo.

O se logra reconducir esta tendencia tóxica enseguida o Jim estará obligado a mantener un nivel excelso de puntuación a domicilio para sobrevivir. No es nada fácil.

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