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El Real Zaragoza vuelve a su incapacidad para ganar en casa y cae 0-2 ante el Leganés

En una versión muy deficiente, los aragoneses claudican ante un rival que era antepenúltimo en la tabla y que los superó de principio a fin.

Se acabó la racha de victorias y de no derrotas. Tercera voltereta completa del Real Zaragoza en esta temporada, batacazo ante el antepenúltimo en la tabla, el Leganés (0-2), en una noche en La Romareda en la que se vinieron abajo los sueños de verse a solo dos puntos de la zona de promoción de ascenso. Tenía razón el entrenador esta semana cuando pedía humildad, no vender humo y ver la realidad de la que viene y en la que se cimenta el actual equipo zaragozano.

Vísperas de mucho, días de nada. A este adagio respondio la puesta en escena del cuadro zaragocista en una noche canalla de fútbol, lluviosa, invernal, sin apenas público en unas gradas llenas de plástico, cemento con aluminosis y goteras en los viejos tejados de las tribunas, palco VIP incluido. Qué decepción de equipo el de Juan Ignacio Martínez ‘Jim’, que simplemente no compareció ante un Leganés nervioso, con problemas anexos enseguida al lesionarse el portero Riesgo (aguantó cojeando hasta el final) y también Vico, que abandonó el campo en el minuto 11. De las buenas vibraciones provocadas por los tres últimos triunfos ante Burgos, Sporting y Las Palmas no quedó nada. No hubo ni gota de imaginación, ni de calidad. El equipo regresó al pasado.

En el minuto 8 Cristian Álvarez ya salvó el primer gol visitante, un disparo seco desde fuera del área del lateral Javi Hernández que, tras un extraño efecto, obligó al argentino a sacar una mano rara, arriba, porque la pelota se colaba como un obús. Fue un aviso próximo del 0-1, que firmó Randjelovic en la primera pelota que tocaba, recién sustituido Vico. El suplente balcánico aprovechó un fallo grueso de un catastrófico Nieto en una cesión atrás al portero que se quedó corta. La lluvia, mezclada con la falta de concentración, provoca monstruos, hubiera dicho Goya si el fútbol hubiese existido en sus tiempos de Fuendetodos y la corte. Si el Real Zaragoza ya daba muestras de frialdad extrema, de pasar de todo increíblemente, este mazazo en el minuto 14 lo puso a soplar hacia el cielo, grogui. Y no se levantó jamás. Se fue al descanso sin pisar el área con peligro, sin disparar a puerta nunca, pese a tener un guardameta mermado enfrente. Increíble. Injustificable.

Arnáiz perdonó el 0-2 en el 34 en un mano a mano tras el enésimo fallo de la zaga local y del medio campo, caótico con Eguaras, Francho y Zapater en modo Regional Preferente. Se entretuvo el leganense y Lluís López llegó por detrás a la desesperada y, rozando el penalti, le arrebató el balón milagrosamente. En el 45, el japonés Shibasaki forzaría a Cristian a parar abajo un chut raso con marchamo de gol. Todo lo que se vio ofensivamente fue de los madrileños. Jim, por tener, tenía que haber cambiado a los once, de haber sido posible. Urgían sustituciones.

No hubo un pase bueno, ni un desmarque. El equipo tiene tan mimetizado eso de ‘que no pase nada’ que saca los fuera de banda siempre hacia atrás, aunque como le pasó a Eguaras con Francés en el pico del área del Leganés, estuviese solo y desmarcado. El canterano ni se enteró. Se abusa de juego tonto en la zona de la defensa, pases que en el aguacero fueron de máximo riesgo, por resbalones, malas medidas y nervios. Ah, y también ausencia de unos mínimos de aplicación y clase. Ya se sabe donde estamos. Mala cosa cuando un equipo que juega en casa y pierde 0-1 combina más veces con su portero que con sus delanteros.

Foto del partido Real Zaragoza-Leganés, de la 17ª jornada de Segunda División, en La Romareda
Foto del partido Real Zaragoza-Leganés, de la 17ª jornada de Segunda División, en La Romareda
Toni Galán

Sin capacidad para revivir

Narváez relevó al inicio del segundo tiempo al, de nuevo, errático Bermejo; y Vada a Zapater. Primeros revulsivos de un desbordado Jim. Salió en tromba el Zaragoza. No le quedaba otra. Dos gambetas de Narváez, una penetración de Vada… y un fallo en el remate de Álvaro Giménez a pase de Francho en el 47. Se amagó resurrección. El Leganés, con oficio y marrullerías en su mochila para dar y tomar, empezó 'el otro fútbol' enseguida, con pérdidas de tiempo que el veterano Arcediano se fue tragando como un salmón un anzuelo de mosquito. El árbitro tampoco se enteró. Era noche de despistados o tardos de reflejos. Monescillo ha ido para atrás como el cangrejo en los 11 años seguidos que lleva en Segunda. Incluso, de buen chico que parecía, ahora es un tanto provocador, resabiado, protagonista de baja estofa. 

Entre tanto alboroto extrafutbolístico, fueron pasando los minutos y el Zaragoza se evaporó enseguida. Efecto gaseosa. Esbafado en un abrir y cerrar de ojos el ataque de los de Jim. De repente, se veía el minuto 60 en el marcador y no había ocurrido nada. Solo una penetración de Arnáiz en el área zaragocista que Francés echó a córner gracias a Dios, porque el 0-2 andaba cerca. En el otro lado, un chut lejano precipitado de Nano y otro sin mucha fe de Vada no abrían la caja de las esperanzas. Era muy poco para tratar de, al menos, igualar el tanteo. Y esa percepción no positiva se consumó en el minuto 64, con el segundo tanto de los del sur de Madrid.

El Real Zaragoza vuelve a perder

Shibasaki, internacional japonés, se sacó de la chistera un derechazo desde 25 metros, solo y sin marca de ningún zaragocista, para superar a Cristian Álvarez pegado al poste derecho. Un golazo que mandaba a las mulillas salir a recoger al Real Zaragoza abatido. Jim movió el banquillo ya más por inercia que por fe. Petrovic y Sainz no parecían ser garantía de revulsivo. Francés, en el 70, probó a Riesgo con un tirín al centro, sin pólvora. Ciertamente, los blanquillos demostraron que su capacidad de reacción es próxima a nula cuando encajan un gol, principalmente si es en La Romareda. No saben jugar como locales. Un solo triunfo en nueve partidos en el estadio municipal. Qué lastre tan pesado… y peligroso a medio plazo.

La mitad de la gente abandonó los graderíos muchos minutos antes. Otro termómetro del grado de frustración que dejó este partido postrero del lunes en plena gota fría (DANA, llaman ahora). Cualquier equipo, por ahí, tiene algo de rasmia para tratar de remontar, de apurar un marcador adverso a base de casta. Este Zaragoza no. Es plano cuando hay una situación límite. Sin recursos. Sin individualidades que se echen a la espalda al equipo o se lo pongan por montera. O vienen las cosas del cielo y a favor, o la creatividad es escasa a todas caras. Cuando el Leganés hizo el 0-2 faltaba media hora. Pues bien, el Zaragoza no hizo ni una ocasión clara. Una de Nieto y Sainz, estaba anulada por mano del canterano, vaya nochecita la suya.

El pitido final de Arcediano fue un alivio. Los pocos que quedaron en el campo se podían ir a cenar a casa y a dormir. Cosas de mucho más provecho que este lamentable partido de fútbol del Real Zaragoza. Se pinchó el globo. El equipo se pareció mucho más al de las incapacidades de las primeras 13 jornadas que al de las ilusiones de las tres precedentes. Como dijo Jim, ni petardos, ni fenómenos. Equilibrio, mesura. Eso sí, ante el Leganés, mucho más petardos que lo otro. Nadie lo puede poner en duda.

Foto del partido Real Zaragoza-Leganés, de la 17ª jornada de Segunda División, en La Romareda
Vídeo resumen del partido Real Zaragoza-Leganés
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Ficha Técnica

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Francés, Lluís López, Jair, Nieto; Eguaras (Petrovic, 69), Francho (Azón, 81), Zapater (Vada, 46); Bermejo (Narváez, 46), Nano (Sainz, 69); y Álvaro Giménez.

CD Leganés: Riesgo; Palencia, Sergio González, Bruno, Javi Hernández; Recio, Shibasaki (Perea, 69); Fede Vico (Randjelovic, 11), Pardo (Eraso, 81), Arnáiz (Quintillá, 81); y Garcés (Sabin Merino, 69).

Árbitro: Arcediano Monescillo (Comité Castellano-manchego). Amonestó a Javi Hernández (36), Bermejo (42), Francés (48), Arnáiz (48), Eguaras (56), Recio (61),

Goles: 0-1, min. 14: Randjelovic. 0-2, min. 64: Shibasaki.

Incidencias: Noche gélida, muy desapacible, con solo 7 grados al inicio del choque (las 21.00) y una fuerte lluvia que cayó desde las 6 de la tarde, circunstancia que, junto con lo intempestivo de la ubicación del partido, un lunes laboral a las 9 de la noche, invitó a que las gradas de La Romareda registrasen la peor entrada de la temporada, apenas 8.000 espectadores. El césped, muy mojado, aguantó bien el aguacero.

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