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Zapater y el discurso encriptado que recogen sus declaraciones

El capitán, como en tantos días de decepción, ha sido uno de los encargados de analizar el bofetón que supone la derrota por 0-2 ante el Leganés este lunes. En cinco ideas, el ejeano deja traslucir los problemas del equipo.

Alberto Zapater, durante el primer tiempo del partido ante el Leganés este lunes en La Romareda.
Alberto Zapater, durante el primer tiempo del partido ante el Leganés este lunes en La Romareda.
Guillermo Mestre

Derrota por 0-2 ante el Leganés en La Romareda, decepción, decaimiento del ánimo de la tropa... y llamada al capitán, Alberto Zapater, para que se trague el marrón de poner declaraciones a este nuevo batacazo. Nada nuevo. Es un 'dejà vú' que se repite en bucle en el último lustro con tanta naturalidad que ya ni llama la atención de la mayoría. 

El ejeano, en su habitual sinceridad, dejó unas breves ideas en su discurso de tono bajo, abatido moralmente, como todo el zaragocismo, una vez diluidos 19 días de alegrías, ilusiones y optimismos basados en los tres triunfos seguidos que el equipo encadenó ante Burgos, Sporting de Gijón y Las Palmas. Y en esas palabras se esconden claves encriptadas de por dónde van los problemas de este equipo que dirige Juan Ignacio Martínez 'Jim' y que construyó en verano Miguel Torrecilla, el director deportivo.

"Esto no tiene que hacer que nos equivoquemos", avisó Zapater en el momento de más hondura de su tesis. Teme el aragonés ese bamboleo radical del carácter propio de la tierra, el que pasa de la gran secada a la gran remojada en un segundo sin rubor alguno. Difícil equilibrio. El año viene extremista en sensaciones, pareceres y opiniones ante lo que se ve y acontece. 

Zapater, en una entrevista en HERALDO DE ARAGÓN, al igual que el propio Jim en declaraciones durante esta semana previa a recibir al Leganés, ya había tratado con delicadeza pero con franqueza el rango de este Real Zaragoza en la actual Segunda División. Rebajaron el nivel de las euforias, de los sueños.

"Es una pena. Llevábamos mucho tiempo sin perder. Las tres victorias seguidas habían hecho que nos ilusionáramos todos", remarca el cincovillés tras este varapalo, otro más en La Romareda, donde el equipo solo ha sabido/podido ganar uno de los nueve partidos jugados ahí. Hace falta tan poco en Zaragoza últimamente para que la afición crea que es posible lo mejor, la excelencia; y, cuando se dan los precedentes de los últimos 19 días, a muchos se les va la romana y la medida de la realidad. 

"La desgracia del primer gol marcó el partido. De nuevo tuvimos que ir contra corriente, algo que no nos resulta fácil", indica Zapater como causa de la derrota ante el Leganés. Pero, en sí misma, esta excusa denuncia la falta de sostén de calidad y carácter del equipo actual. Ese gol, llegado tras una pifia monumental de Nieto, sucedió en el minuto 14. Quedaban 80 minutos por delante. Todo un partido. Si a un equipo, un gol tempranero como este "le marca" el devenir de manera tan decisiva, el problema es de órdago a la grande. Y si "no nos resulta fácil" el hecho de jugar "contra corriente", pese a contar con ese loado (pero no honrado) factor Romareda a favor, el problema estructural adquiere el grado de grave.  

"Era un partido de 0-0 en el primer tiempo. Si hubiera sido así, lo hubiésemos llevado hasta el final y seguro que hubiéramos tenido nuestras opciones de ganarlo. Era un día en el que no podíamos equivocarnos... y lo hemos hecho en el primer gol, con esa desgracia, con esa mala suerte (de Nieto)", apunta también Zapater. En este epígrafe oral del de Ejea de los Caballeros, está cifrada la teoría futbolística que impera en el vestuario de Jim desde hace varios partidos, cuando el técnico alicantino se dio cuenta que, al principio de la temporada, con una propuesta más ágil y plástica, la falta de calidad ante el gol y los marros defensivos con penalización segura impedían ganar partidos y llevaron al Zaragoza a la zona de descenso. Ante el Leganés, el equipo blanquillo volvió a jugar 'a que no pase nada' y a 'esperar un momento de inspiración o fortuna'. Y si sale con barba, San Antón; y, si no, la Purísima Concepción. Refrán castellano. 

Y, por fin, otro mensaje subliminal. "El segundo gol de Shibasaki es un detalle de calidad que finiquitó el partido. No hemos sabido reaccionar", asegura Zapater. Ese 0-2 del Leganés lo marcó el internacional japonés... ¡en el minuto 64! En ningún caso, en fútbol profesional, un tanto que deja la ventaja de un equipo sobre otro en dos de diferencia puede suponer "el finiquito" del partido cuando aún hay por delante media hora de juego, un tercio del duelo (contando el tiempo de aumento). Es tiempo más que suficiente para reaccionar, para remontar, para forzar la máquina con argumentos, resortes futbolísticos y de ánimo. ¿No existe eso en la plantilla del Real Zaragoza?

Todo esto se destila de lo dicho por Zapater, que a la vez responde al libreto de Jim y, obviamente, llueve sobre mojado respecto de lo que se viene apreciando en el Real Zaragoza 21-22 desde que empezó el curso en agosto. No dejan la conciencia en paz estos indicios. 

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