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Real Zaragoza: un calendario envenenado

El Real Zaragoza inicia contra el Girona su tercera semana consecutiva con dos partidos, para completar así una tanda de siete encuentros condensados en 21 días. Una saturación que se ha desvelado perjudicial en pleno proceso de construcción del equipo y que ha coincidido con su caída de rendimiento.

Rubén Baraja, este viernes en el inicio del entrenamiento del equipo.
Rubén Baraja, este viernes en el inicio del entrenamiento del equipo.
Guillermo Mestre

En unas horas, el Real Zaragoza volverá a vestirse de corto para recibir al Girona, una nueva estación en su particular carrusel de partidos que se inició el pasado 18 de octubre contra el Málaga. LaLiga tuvo a bien designarle al equipo aragonés, y al resto de rezagados en el inicio de esta singular temporada, este partido de puesta al día en jornada intersemanal, después de dos semanas consecutivas con dos partidos, encadenando así, en la actual, el Zaragoza la tercera seguida con un partido en miércoles o jueves y otro en el fin de semana. Ya no tenía LaLiga más ancho y largo en la temporada para rescatar esta jornada -aún queda otra por recuperar, el duelo contra el Almería aún sin fecha-...

Esta programación de partidos, saturándose aún más el calendario con la cita del Girona, enlazada con la del próximo domingo en Tenerife, es uno de los múltiples factores que explican la dinámica decreciente del Real Zaragoza. Tal condensación de compromisos, en una fase tan temprana de la temporada y, más aún en un conjunto que la inició tarde y tras una corta puesta a punto de verano, ha alterado los ritmos naturales de crecimiento y ensamblaje propios de un equipo en construcción como el Real Zaragoza de Baraja.

La sucesión de partidos, en este sentido, se le ha atragantado al técnico, perjudicado a la hora de administrar determinados entrenamientos, organizar procesos de trabajo y gestionar los minutos y la continuidad de sus futbolistas, de una plantilla reformada en profundidad en sus frente ofensivo y con varios jugadores procedentes de largos tiempos de inactividad o poca participación, como Vuckic, Larrazabal, Chavarría o Toro Fernández. Desde el pasado día 18, tras la derrota contra el Málaga, el Zaragoza se ha venido deshinchando. Si hasta ese día el equipo marcó una línea progresiva de mejora, después de tres partidos inaugurales en los que exhibió ciertas garantías competitivas (Las Palmas, Alcorcón y Albacete, dos empates y una victoria sobre el campo, un triunfo más ganado en los despachos), desde entonces, el Zaragoza es un equipo decadente, al que se le acumulan problemas y apenas se le observan brotes de mejora.

Los resultados son evidentes: derrota contra el Málaga (1-2), derrota contra el Leganés (1-0) a los cuatro días, empate en casa contra el colista Sabadell (0-0) tres días después, nueva derrota, frente al Mirandés (1-0), al jueves siguiente, e igualada contra el Mallorca (0-0) este pasado domingo. La caída del Zaragoza en rendimiento y funcionamiento ha coincidido con estas dos semanas de sobrecarga de partidos.

Baraja se ha visto, en este tiempo, obligado a focalizar su labor en la preparación de los partidos. Un aspecto que, por otra parte, fue una de las razones de su elección para el banquillo tras su buen papel en el Tenerife en el fútbol sin pausa de después del confinamiento.

La dinámica ordinaria de trabajo la ha devorado el frenético ritmo de encuentros en un momento delicado de la construcción del equipo. Se ha centrado así en el análisis del partido jugado y la preparación del siguiente a jugar, sin apenas margen para trabajar conceptos generales, consolidar principios colectivos del juego y profundizar en la evolución de la identidad del fútbol del Real Zaragoza.

Esta problemática es uno de los elementos de análisis que han frenado decisiones precipitadas sobre el entrenador del equipo aragonés. El crédito de Baraja se ha venido agotando a ritmo de malos resultados, como suele dictar la ley máxima del fútbol especialmente cuando hay intereses externos de gatillo rápido, pero el contexto de la competición introduce un factor clave para un diagnóstico más completo de la mala situación del Real Zaragoza. Girona, este miércoles, y Tenerife, el próximo domingo, medirán la capacidad de reacción del equipo de Baraja, si sus estímulos cambian de dirección o, finalmente, este tramo del calendario acaba por abrasarlo en el banquillo del Real Zaragoza.

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