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El Real Zaragoza «sufre» jugando y se muestra incapaz de «disfrutar»

El sistema táctico de Baraja, una propuesta de fútbol austero, mucho control y poca imaginación, coarta a un equipo que se agobia a lo largo de los partidos.

Los jugadores del Real Zaragoza, anteayer jueves, al salir al campo antes de comenzar su partido en Leganés.
Los jugadores del Real Zaragoza, este último jueves, al salir al campo antes de comenzar su partido en Leganés.
LOF

Las caras de los futbolistas del Real Zaragoza durante los partidos y, sobre todo, al final de los mismos, son el espejo de su alma. Excepto en la conclusión del choque ante el Albacete, el único saldado con una victoria real hasta hoy, obtenida en un golpe de acierto en el minuto 88, los semblantes de los jugadores han sido serios, de padecimiento, preocupación, insatisfacción sobre el césped. Para los que siguen del año anterior, que son la mitad, es como una continuación del calvario que supuso el apéndice del torneo del año pasado, donde se perdieron las opciones del ascenso a Primera que parecía atado cuando estalló la pandemia.

Dentro de la caseta se destila cierto desasosiego con la praxis futbolística que está llevando a cabo el equipo bajo el nuevo ideal. El modelo no es seductor, no solo hacia fuera, para los observadores, sino también dentro del terreno de juego, para los ejecutores.

Sobre el césped, el Real Zaragoza «sufre» durante la mayor parte del tiempo. No «disfruta» del juego. En el corazón del vestuario se siente que afrontar un partido empieza a ser para el equipo un ejercicio de máxima responsabilidad táctica, de constreñida austeridad de movimientos, de poco espacio para la imaginación e improvisación personal, de sometimiento al control de un guión estricto que se escribe desde el puesto de mando y que la tropa ha de cumplir espartanamente.

Eguaras, mensajes evidentes

Íñigo Eguaras,uno de los jugadores más desdibujados en el arranque de esta nueva campaña, habló –por segunda vez en el mismo sentido en pocas fechas– nada más consumarse la derrota en Butarque anteayer. «Por supuesto, nos está faltando llegada y ser más agresivos de cara a puerta; sí que llegamos bien a la zona de tres cuartos pero, luego, no decidimos bien. Ocasiones claras, no estamos teniendo, nos falta materializar las jugadas», se quejó en voz alta el navarro, cuya misión ha sido siempre en los últimos años la de encabezar la creatividad del medio campo, hallando líneas de pase y desmarques de otros colegas en la zona delantera y alrededores del área rival. En este fútbol de Rubén Baraja, con esta plantilla construida por la dirección deportiva, Eguaras –que individualmente no está a buen nivel–, está padeciendo como nunca para mezclar como es necesario con las piezas de ataque.

Combinar, jugar con un mínimo de gusto, es un imposible en la inmensa mayoría de los minutos de juego hasta hoy. En Leganés, donde se esperaban ver puntos de luz y reacción tras acometer el técnico una revolución de cinco cambios en el once inicial respecto del anterior fiasco con el Málaga, lejos de mejorar, las sensaciones acabaron yendo en sentido inverso. El motor, el ánimo, no arranca.

«En la primera parte no tuvimos muchas ocasiones (…). Esta es una categoría muy difícil y no tenemos que ser menos que nadie (…). Y es verdad que necesitamos mucho más si queremos estar arriba», denunció Eguaras con la faz seria y preocupada.

Esta es la moneda en curso en el seno del equipo blanquillo. Pocas alegrías, apenas el gol salvador de Narváez ante el Albacete, que dejó las únicas fotografías con sonrisas, con dientes y abrazos, de este primer mes de liga. Y, alrededor de esa excepción, quintales y arrobas de caras largas, muecas torcidas, rictus de incomodidad en el campo durante el juego, breves conversaciones solemnes en determinados momentos entre los jugadores, silencios largos de desazón, demasiadas miradas abajo... El álbum de fotos de los primeros partidos de esta liga, la revision del archivo gráfico, es un ejercicio descriptivo que habla por sí solo. No hay alegría, todo está envuelto en una burbuja de presión, preocupación, sensación de que no se camina por el buen rumbo. Este talante es creciente cuando se ve que cuesta más de la cuenta, más de lo deseable, encontrar alguna vía de reparación a los muchos problemas existentes.

Reparación rápida o problemas

Quien más y quien menos, dentro del plantel, es capaz de deducir ya, tras varias semanas de trabajo y competición, cuál es la estructura del equipo y por dónde tiende a discurrir el Real Zaragoza a través de esta fórmula de juego. El equipo es consciente de que necesita, a través de un urgente saldo de resultados positivos, salir de la autopresión que deriva de la insolvencia patente. Para empezar, es ya imperioso ganar en 24 horas al Sabadell y, si es posible, encontrar el modo de sentirse bien jugando.

No es buen síntoma que el mero hecho de salir a la hierba genere repelús. Cuando un equipo juega a gusto, es feliz y ansía que llegue el siguiente partido porque los resultados son buenos, la compenetración entre sí está engrasada y todo fluye con naturalidad, las caras son relajadas, transmite seguridad. Hoy, esto no ocurre en un acogotado Real Zaragoza.  

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