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Narváez, sus aparatosas cicatrices en la cabeza, Chico Flores, Fuenlabrada...

El nuevo delantero centro del Real Zaragoza sufrió el año pasado una grave lesión ósea tras una brutal entrada del central fuenlabreño en el estadio Fernando Torres de Madrid. Las consecuencias son para toda la vida.

Los dos perfiles de Narváez, derecho e izquierdo de su cráneo, con las aparatosas cicatrices en forma de 'zeta' que le acompañarán para siempre desde la entrada de Chico Flores en Fuenlabrada el enero.
Los dos perfiles de Narváez, derecho e izquierdo de su cráneo, con las aparatosas cicatrices en forma de 'zeta' que le acompañarán para siempre desde la entrada de Chico Flores en Fuenlabrada el enero.
Oliver Duch

Seguro que muchos aficionados zaragocistas apreciarían el pasado viernes las llamativas cicatrices que luce Juanjo Narváez a ambos lados de la cabeza, cerciorándose en ese momento de tal circunstancia. ¿De dónde le vienen al colombiano semejantes secuelas? ¿Por qué tiene esas marcas que advierten de un problema de cirugía en tiempos pretéritos?

Juanjo Narváez fue, el curso pasado, la víctima de la entrada más violenta de toda la liga. El nuevo delantero centro del Real Zaragoza, sufrió una brutal patada en el rostro durante el partido Fuenlabrada-Las Palmas (su equipo en la campaña recién concluida), jugado el 4 de enero en el estadio Fernando Torres del sur de Madrid. El central Chico Flores le destrozó la cara en el minuto 75. Se la reventó, literalmente, en una acción injustificable que supuso, obviamente, la tarjeta roja directa para el defensor andaluz de los fuenlabreños.

Momento en el que Chico Flores golpea con violencia con una patada en el rostro a Narváez en el Fuenlabrada-Las Palmas del 4 de enero pasado.
Momento en el que Chico Flores golpea con violencia con una patada en el rostro a Narváez en el Fuenlabrada-Las Palmas del 4 de enero pasado. En la sombra emitida sobre la publicidad se aprecia perfectamente la bota golpeando la cabeza del nuevo delantero zaragocista.
Captura de Movistar Liga

Fue un balón largo pegado a la banda izquierda del ataque canario, por donde se movía Narváez esa tarde de sábado durante la disputa del primer partido de año nuevo, tras el parón navideño. El sudamericano llegó primero en la carrera, tocó el balón con la cabeza tras el bote para seguir corriendo la banda... pero llegó Chico Flores al corte, con su 1,88 y 85 kilos en velocidad de tren de mercancías. El zaguero andaluz vio que su cruce iba a ser tardío y que Narváez se le iba a escapar en velocidad sin remedio, por lo que optó por levantar la pierna derecha al límite, a la altura de la cabeza, un golpe de judo en toda regla. Entre la energía de su zancada y la inercia que ya llevaba Narváez en línea recta, el resultado fue fatal. La patada al mentón dejó K.O. al colombiano de Las Palmas, hoy zaragocista, y lo peor estaba por descubrirse tras tener que ser sustituido y llegar al vestuario. 

Narváez empezó a sentirse mal. Fatal. Mareos, arcadas, desvanecimiento. Y los médicos, con acierto, decidieron llevarlo de urgencia a un hospital. Las radiografías fueron demoledoras: se le diagnosticó la "fractura con hundimiento de ambas órbitas oculares a nivel del hueso frontal" y una " lesión de seno maxilar y fractura con luxación de huesos nasales". El enorme traumatismo le había desplazado diferentes huesos de la parte subcraneal, al unísono. Y eso le afectaba a la visión y a la masticación. Palabras mayores. Era necesaria la cirugía y con la máxima urgencia posible para evitar efectos secundarios a futuro inmediato. Narváez quedó ingresado en Madrid y no volvió a la isla.

La operación, 24 horas después de los hechos, fue pura orfebrería quirúrgica. Según se supo nada más concluir la larga intervención, los médicos llegaron a las zonas de fracturas óseas a la altura de los ojos y del maxilar superior a través del cuero cabelludo. Los cirujanos maxilofaciales desplazaron la piel hacia delante sin tener que hacer incisión alguna de manera directa en la cara. Es decir, durante unos minutos, le desmontaron a Narváez la faz de su cara para abordar los huesos quebrados y desplazados de su sitio. 

Una vez alcanzaron las zonas afectadas, le recolocaron todas las piezas dañadas, recompusieron las superficies hundidas y las protegieron con mallas y placas. Narváez lleva en su rostro, por lo tanto, diversas fijaciones de estabilización. Que las cicatrices, a ambos lados de su cabeza, sean en forma de 'zeta', un zigzag casi gemelo en cada lateral del cráneo, deriva del método de suturación utilizado por los cirujanos. Se busca, en casos tan aparatosos, que las cuestiones estéticas inevitables sean del menor efecto visual posible para el paciente.  Si Narváez optase por dejarse el pelo largo, las marcas serían prácticamente inapreciables. Por ahora, al de Colombia este asunto no parece preocuparle demasiado, visto que incluso se rapa el cabello casi totalmente y deja las secuelas al aire. 

Después de 4 semanas con un potente tratamiento de corticoides y antibióticos, los médicos dieron el alta a Narváez el 28 de enero, tiempo récord gracias a las ganas del ariete por volver a los campos. Algo que hizo, durante 50 minutos, el 1 de febrero en Riazor ante el Deportivo de La Coruña. Fue con una máscara protectora hecha a la medida. Atrás quedaba un susto morrocotudo que pudo acabar en tragedia y que, afortunadamente, es hoy una anécdota (triste) en la historia de la competición. Eso sí, para Narváez, en lo sucesivo jugador del Real Zaragoza, con unas cicatrices perennes que siempre le recordarán lo acontecido en Fuenlabrada.

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