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La autocrítica de Víctor Fernández en Oviedo abre el libro de repaso táctico

El Real Zaragoza, pese a empatar al final y seguir invicto en lo alto de la tabla, jugó en el Tartiere su peor partido en el arranque de la temporada, un aviso que requiere reparaciones y ajustes ante el duro calendario que llega.

Víctor Fernández, muy enfadado en la banda del Tartiere, da órdenes a sus jugadores a gritos durante la segunda parte del Real Oviedo-Real Zaragoza de este domingo.
Víctor Fernández, muy enfadado en la banda del Tartiere, da órdenes a sus jugadores a gritos durante la segunda parte del Real Oviedo-Real Zaragoza de este domingo.
Álvaro Campo/LOF

Real Oviedo 2-Real Zaragoza 2. Empate de los zaragocistas en el Carlos Tartiere ovetense en la 8ª jornada de liga. Los blanquillos siguen si conocer la derrota, invictos. Son los únicos que pueden presumir de ello en la Segunda División. Permanecen en la 3ª posición en la tabla, pese a que les falta por jugar un partido, el aplazado en Fuenlabrada. Con solo 4 goles encajados, son los menos batidos de la categoría de plata. 

Valores, todos ellos, positivos. Muy ilusionantes si se cotejan con el pasado reciente, de 6 campañas consecutivas en Segunda, en la historia contemporánea del Real Zaragoza. Pero, dentro de ese contexto que tiene al zaragocismo expectante y con la fe creciente en que éste va a ser el año del ascenso, por fin, los últimos días han experimentado una cierta involución en el caminar del equipo por la liga.

El 0-0 en La Romareda ante el Lugo de hace 7 días fue el primer aviso. Algo no funcionó bien en ataque y en la creación de fútbol en ese duelo ante los gallegos. Lentitud, atasco, previsibilidad, falta de cintura para acudir a un plan B. Y, hace unas horas, en Oviedo, ante el colista momentáneo el torneo, este 2-2, salvado con sufrimiento y sudor extremos, terminó por denunciar más retrocesos tácticos y técnicos de muchos futbolistas del cuadro aragonés. Algo que repercutió directamente en el rendimiento colectivo. 

Son, por lo tanto, dos jornadas sin ganar. Un leve contrapunto a la euforia inicial. Con marcadores que se antojan escasos para las perspectivas previas que se tenían antes de jugarse y, mucho más, tras el prometedor arranque de curso de los de Víctor Fernández.

El preparador del barrio Oliver, 10 minutos después de concluir el sufrido partido en Oviedo, dedicó buena parte de su alocución ante la prensa a hacer autocrítica. Algo que le honra. Y que, de paso, avisa a la plantilla de horas de repaso ante la pizarra, con los libros del verano de nuevo abiertos. Urge reconducir el modo de jugar. Se debería mejorar, nunca empeorar lo ya aprendido.

"Yo doy por bueno el empate", comenzó asumiendo Fernández de manera ya definitoria. "El partido arrancó desgraciadamente muy mal para nosotros, de la peor manera posible, con una desatención tremenda en el primer gol. Con una carrera del rival, Saúl Berjón, arrancando desde campo propio, que se la permitimos. No fijamos la marca", señaló de entrada respecto de asuntos del juego. Fotografía de denuncia para la línea zaguera, para el sistema defensivo completo.

"Nos costó entrar en el partido. No hemos hecho nuestro mejor juego. Hemos tenido muchos errores y muchas imprecisiones en el medio campo, que es uno de nuestros fuertes como equipo", prosiguió su relato. Esta vez, la denuncia tenía como destino a la línea de medios, al mecanismo creativo y de distribución. 

"Yo creo que hoy no hemos hecho bien los repliegues. Hemos estado muy lentos en esos repliegues. Y, yendo detrás en el marcador, eso se paga muchísimo en Segunda División", añadió a su lista de máculas en el juego del Real Zaragoza en Oviedo. Esto, además de implicar mala praxis en los centrocampistas, también afecta a delanteros y defensas, en especial a los laterales. 

"Kagawa estaba muy cansado, agotado. Por eso lo sustituí a falta de 10 minutos. Estaba muy superado por el partido", explicó Víctor cuando se le preguntó por las razones que le llevaron a prescindir de la estrella japonesa. Su lacónica frase final no requiere de más explicaciones. Al nipón le está costando encontrar su punto de forma física y, además, como él mismo indicó el jueves en rueda de prensa, tanto a él como al equipo les queda todavía mucho para coordinarse bien, para mezclar correctamente. En Oviedo, esa disfunción fue mayor que otros días. Y se notó enseguida. 

"Nos hemos equivocado mucho en la toma de decisiones. En alturas horizontales, los mediocampistas. Con un exceso de pases horizontales. Eguaras, no es normal que pierda tantos balones como ha perdido. Él es mucho más preciso. Pero en este partido no estaba; no estaba. No sé si era por la presión de ellos o por qué. Supongo que igual eso es lo que ha provocado nuestras imprecisiones", sumó Víctor a su decálogo de defectos detectados, a primera vista, nada más finalizar el 2-2 de Oviedo. No cabe duda de que el rendimiento de la zona de generación de fútbol en el Zaragoza del Tartiere quedó evaluada de manera deficiente ipso facto. Allí mismo. 

En estas primeras estimaciones, se apreció un Víctor autoexigente. Sincero. Transparente. Con esa tesis de que no hay mejor modo de arreglar lo que no funciona bien que admitirlo para poder ponerle remedio. Si es, como se da el caso, desde un estado de 'no derrotas', mucho mejor para todos los afectados.

Y, obviamente, en este estado de las cosas, Fernández puso valor notable al 2-2 final, pese a que, a priori, la mayoría de los zaragocistas pudieran haber pronosticado un triunfo en casa del colista. "La lectura mía, al final, es positiva. Porque el equipo ha sabido reponerse. Y superar dos desventajas en el marcador, en un ambiente eléctrico, con mucho apoyo a los suyos y con un campo en malas condiciones, muy resbaladizo. En esos momentos malos, hemos demostrado madurez. No nos hemos caído en nuestros peores momentos", concluyó, mezclando de nuevo la asunción de los problemas manifestados por el equipo con las virtudes que impidieron que eso desembocara en la primera derrota del año.

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