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El Real Zaragoza no logra abrir el cerrojo a ultranza del Lugo y solo empata en La Romareda (0-0)

Los de Víctor Fernández dominaron por completo a un rival cuyo único objetivo táctico fue lograr el botín que obtuvo, metido atrás todo el tiempo. Pero faltó gol y precisión esta vez.

Se acabó la racha de victorias encadenadas en La Romareda con la visita del siempre incómodo Lugo, algo tradicional desde que el Real Zaragoza asomó por Segunda División en 2013. Los gallegos se llevaron el 0-0 inicial, botín por el que apostaron todo su capital desde el minuto cero. Fue un partido feo, chapado a la antigua, con un equipo, el visitante, metido atrás del todo en defensa, con ‘el autobús’ de aquellos míticos entrenadores de los 70, los Maguregui, los Arsenio, los Naya, aparcado delante de su área pequeña. Y, en esta ocasión, el cuadro zaragocista no fue capaz de encontrar la salida del laberinto. El peaje, la pérdida de 2 puntos para los de Víctor Fernández.

Hacía tiempo que no se veía en La Romareda un cerrojazo a la vieja usanza como el que planteó Eloy Jiménez, el técnico del Lugo este sábado. Cinco defensas, retrasando al centrocampista Pita como tercer central para intentar taponar las penetraciones en velocidad de Dwamena y Luis Suarez. Tres centrocampistas muy retrasados, pegados a la zaga (ya hacían 8 destructores y el portero). Y solo dos puntas que, eso sí, no arrancaban al ataque ni cuando sus compañeros robaban el balón en la zona ancha del campo. Terrible propuesta la gallega, fea, impropia de una liga de alto rango. Cuando tuvieron el balón, que fue pocas veces en la primera parte, los muchachos del Lugo jugaron a las cuatro esquinas, a tenerla, pero nunca a buscar el portal zaragocista. En boxeo, hubiera sido descalificación de los rojiblancos por falta de combatividad.

Con un Lugo plantado en el césped para ir con descaro al 0-0 y a ver si sonaba la flauta, el Zaragoza echó a perder durante el primer periodo todas las opciones de gol que provocó entre la espesura general. De haber anotado alguna de las primeras, todo hubiese sido bien distinto porque a los galaicos no les hubiera rentado defender a saco, como hicieron todo el tiempo. Dwamena, en el minuto 2, cabeceó a placer un córner de Kagawa, pero no dobló el cuello lo suficiente hacia abajo y el balón salió alto rozando el larguero. En el 9 fue Nieto el que gozó de un disparo franco, tras un recorte en el área, pero su chut fue sin cicuta, suave, a las manos del portero Varo. Y en el 11, en ese arreón inicial que siempre tiene el Zaragoza, fue Luis Suárez el que se marchó mano a mano con celeridad tras sentar a Peybernes, se la jugó individualmente pese a que tenía un pase de gol a Dwamena, y el portero visitante le tapó el gol con las dos manos en su salida. Una pena porque esto daba paso a un embudo sin resolución, pues el 0-0, afán lucense toda la tarde, se fue hasta el intermedio.

Al Real Zaragoza empezó a costarle hilvanar una jugada profunda. Cada vez le costaba más. El Lugo iba creciéndose en su rol de martillo pilón en defensa. Fue en el minuto 12, con un remate de cabeza de Luis Suárez en el segundo palo en un centro de Nieto que se envenenó por el camino en el pie de un zaguero. Al colombiano, con todo a favor, se le marchó arriba la pelota. La tarde empezaba a dar indicios de problemas, de partido largo, largo.

En estas, el Lugo ensayó su primer ataque, si se le puede llamar así. Se trató de un centro-chut largo, de 40 metros desde la banda, del lateral Valentín que salvó bajo palos Cristian Álvarez a dos puños, casi sorprendido por la trayectoria extraña del balón. Era el minuto 29 y se sabía que los de rojo y blanco eran el rival del Real Zaragoza este sábado. Esta acción lucense tuvo enseguida su réplica local, un minuto después, en la jugada que enervó a la afición local con el árbitro, Areces Franco, que curiosamente era el mismo que arbitró ante el Elche hacía 21 días, cosa rara, mucho más cuando aquella tarde ya dejó un poso amargo en La Romareda.

Dwamena se quedó solo ante Varo tras un pase de Kagawa al espacio. Cuando iba a marcar, Pita lo trabó por detrás descaradamente, a la desesperada. Falta a dos centímetros del área, fuera de ella, pero la gente creyó que eso era roja y expulsión. Areces lo dejó en amarilla y el VAR no le rectificó. El lío ya estaba montado. Kagawa desaprovechó la falta pero la temperatura subió muchos grados en las tribunas. Y Areces se fue de onda, pues estaba pasando desapercibido y dejó de estarlo.

El Lugo no cambió sus prácticas. Varo perdió varios minutos en los saques de puerta y de fueras de juego durante los 45 primeros minutos. Solo fue advertido oralmente por el árbitro. Hasta el 38 no logró el Zaragoza encontrar otro hueco para el gol. Le faltaba velocidad y precisión a todo el equipo. Fue Igbekeme quien empalmó fuera, cruzado, un balón suelto tras un centro de Vigaray. Y en el 43, Luis Suárez, también con la testa, remató forzado alto un centro del propio Igbekeme. Era todo a empujones, sin una pauta clara. El Lugo se había atragantado a los blanquillos hacía largo tiempo.

Para que la marcha a los vestuarios fuera aún más preocupante para el Real Zaragoza, resultó que el Lugo lanzó al larguero el último balón jugado de la primera parte. Lo hizo Cristian Herrera tras un error previo de Grippo y una mácula a sus espaldas de Nieto. Era una advertencia clara del peligro del día. El Lugo era una bomba de relojería. Se le podían meter varios goles si se le desactivaba pronto tras el descanso, pero de seguir armado atrás invulnerable, le podía explotar en las manos a un Zaragoza impreciso y aturullado. Ros e Igbekeme no estuvieron atinados con el balón en la medular, en un día donde se les necesitaba pues Eguaras estuvo muy taponado por Seoane. Kagawa no recibió buen flujo de juego. Y los puntas, mucho menos.

El segundo periodo empezó sin cambios. Y, por supuesto, con dominio absoluto del Real Zaragoza, con el Lugo en posición tortuga, metido en su caparazón sin rubor. En ese primer tramo de la reanudación, el 1-0 estuvo a punto de llegar de forma rocambolesca: en propia puerta. Fue Pita, en un centro cerrado de Nieto, el que llevó el balón al poste derecho de su portería, con violencia incluso, No era el día de los zaragocistas, tampoco en estos gestos de fortuna. Al cuarto de hora, hubo un parón forzoso porque se lesionó Vigaray en un muslo y, tras atenderlo, hubo de suplirlo Delmás. La última media hora se encaró con nervios evidentes, precipitaciones, dudas.

Dwamena cabeceó fuera, mal, un centró al área en el minuto 60. Repetiría acción poco después. No había precisión en nadie. Tampoco en el ghanés. Su colega en punta, Luis Suárez, en esta segunda mitad, no existía. Pero nada de nada. Algo hacía falta y Víctor Fernández metió a Papunashvili por Ros a falta de 25 para la conclusión. El Lugo no mutó su rictus ni un instante. Atrás. Todos. Como todo el tiempo. Cuando subieron alguna vez hacia arriba, ni ellos mismos se creían que podían llegar a Cristian Álvarez. El tiempo corría deprisa para el zaragocismo. Kagawa fallaba lo infallable, aunque estuviera en fuera de juego. Se notaba la presión. De lo lindo.

Los jugadores lucenses empezaron a perder el tiempo en cada momento que podían. Golpes exagerados, balonazos que dolían mucho más de lo normal. Todos al suelo y minuto por aquí, minuto por allá, el 0-0 iba tomando cuerpo. Los cambios de Eloy, su técnico, aún fueron echando al equipo más hacia atrás, si es que eso era posible. En el 78, Víctor se jugó su última bala: Pombo entró por el desacertado Dwamena. Todo el mundo se santiguó. Ahí estaba la suerte echada. Era tal el acoso zaragocista que, en un balón perdido arriba del todo por Luis Suárez, el francoargelino Rahmani corrío de área a área y provocó la parada salvadora del cupo diario de Álvarez. En el minuto 80, el Lugo pudo haberse encontrado con el premio más inmerecido del mundo.

El Zaragoza gozó de varios córners al final. Pero, como en toda la tarde, ni uno solo salió bien. Fatal esta vez la estrategia. Faltaron ocasiones nítidas de gol. La precipitación se apoderó de la cabeza. Areces solo dio 4 minutos de tiempo añadido. Poco para lo que se había perdido. En ellos, la desesperación. Pérdidas de tiempo constantes de los gallegos con la condescendencia del árbitro. Y solo una ocasión de gol local, un centro de Delmás al que no llegó Luis Suárez por centímetros, Definitivamente, el Lugo se le indigestó al Real Zaragoza y, de paso, le dio una lección de la que debe aprender el grupo de Víctor Fernández: hoy por hoy, quizá no estén aún debidamente preparados para combatir este tipo de cerrojos a ultranza de los rivales que visiten La Romareda. En el juego estático, el equipo blanquillo fue muy previsible, muy lento de reflejos.

Volaron los primeros puntos de La Romareda. Se acabó la magnífica racha como locales del inicio de temporada. Al menos, la portería siguió a cero, imbatida un día más. Eso, en jornadas de obturación ofensiva, garantiza puntuar, como fue el caso. El equipo seguirá arriba en la tabla, con un partido aún por disputar en Fuenlabrada cuando el Comité de Competición tenga a bien hacer oficial la fecha. Pero ya no es infalible en casa. Ya tiene asignaturas por mejorar y recuperar. Otra lectura buena de este patinazo es que ya no hay lugar a la levitación placentera. Hay que pisar el suelo y ver la verdadera dureza de esta liga y de rivales del perfil de este Lugo árido de fútbol pero estajanovista en su laboreo del punto obtenido. Esto es la Segunda también. Rudeza y fealdad. Todo vale por un punto en las alforjas.

Ficha Técnica

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Vigaray (Delmás, 59), Atienza, Grippo, Nieto; Eguaras, Javi Ros (Papunashvili, 67), Igbekeme; Kagawa; Dwamena (Pombo, 78) y Luis Suárez.

CD Lugo: Varo; G. Valentín, José Carlos, Pita, Peybernes, Lebedenko; Borja Domínguez, Seoane; Álex López (Jaume Grau, 74); Castro (Rahmani, 59) y Cristian Herrera (Barreiro, 83).

Árbitro: Areces Franco (Comité Asturiano). Amonestó a Pita (30), Peybernes (34), Seoane (46), Eguaras (89) y Lebedenko (90).

Goles: No hubo

Incidencias: Tarde calurosa en Zaragoza, con nubes y 27 grados de temperatura. El césped de La Romareda presentó un buen estado. En las gradas hubo alrededor de 27.000 espectadores.

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