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Areces Franco vuelve a La Romareda apenas 22 días después de un día obtuso

El árbitro asturiano pitó el partido de la 3ª jornada ante el Elche en Zaragoza, por lo que su nueva designación ha sorprendido por inusual. Ése día, su actitud autoritaria, atípica, sorprendió en el campo y pudo ser origen de un lío, que el 1-o final alivió.

Dos momentos del partido Real Zaragoza-Elche de hace 21 días en La Romareda. El árbitro, Areces Franco, se encara cabeza con cabeza con Atienza (izda.) y con Kagawa (dcha.), dos gestos iracundos del asturiano, impropios en un juez, que llamaron la atención a todo el mundo ese día por inusuales y fuera de sitio.
Dos momentos del partido Real Zaragoza-Elche de hace 21 días en La Romareda. El árbitro, Areces Franco, se encara cabeza con cabeza con Atienza (izda.) y con Kagawa (dcha.), dos gestos iracundos del asturiano, impropios en un juez, que llamaron la atención a todo el mundo ese día por inusuales y fuera de sitio.
Toni Galán

El partido de este sábado, 21 de septiembre, en La Romareda, duelo que va a enfrentar al Real Zaragoza y al Lugo en la 7ª jornada de liga, lo va a arbitrar el asturiano Víctor Areces Franco. Nada tendría de especial este dato salvo que, de repente, uno colija enseguida que el juez de Avilés (33 años, nacido en 1985), acaba de pasar por el estadio municipal zaragozano hace tan solo 22 días. Este colegiado astur, en efecto, ya fue el encargado de dirigir el Real Zaragoza-Elche, de la 3ª jornada, que se jugó en La Romareda el 30 de agosto. Hace nada. 

Por un lado, por ende, sorprende que se le vuelva a designar con tanta prontitud para repetir arbitraje con el Real Zaragoza de por medio. No es lo habitual en el Comité Técnico. Ni lo es ahora, en 2019, ni lo ha sido nunca. Con el amplio elenco de árbitros que existe en Segunda División, el movimiento del cuadrante de los mismos da de sí de sobras para que no se dé esta llamativa reiteración en la presencia del mismo juez en un mismo estadio con apenas tres semanas de distancia temporal entre una y otra. 

Después, además de este efecto epatante, subyace en la nueva presencia de Areces en el estadio zaragozano en este duelo ante el Lugo la infortunada actuación que tuvo hace 22 días, en ese precedente tan próximo que su regreso súbito provoca. Porque el avilesino, que cumple su 6ª temporada en Segunda División, que es por ello habitual cada año en la vida zaragocista de vez en cuando, nunca había dado las muestras de rarezas que sí manifestó ante el Elche hace nada, el otro día.

Víctor Areces fue siempre, desde su aparición en 2014 en el ámbito del fútbol profesional (de plata, por ahora), un joven emergente, prometedor, con hechuras de buen árbitro. Con el Real Zaragoza, da igual que fuese en victorias, que en empates, que en las derrotas (que de todo hay en la trayectoria común), siempre había sido un tipo correcto, serio, recto y riguroso en decisiones y conducta... hasta el día del Elche. Aquel recientísimo 30 de agosto, se vio en La Romareda a un Areces iracundo, subido de todo con el silbato en la boca, un tanto provocativo -in crescendo- en la señalización de faltas contra el Real Zaragoza y, finalmente, fuera de sí en el trato con los futbolistas, que acabaron confundidos con las reacciones de Areces en el campo.

Las dos fotografías que acompañan esta información son solo dos ejemplos de lo que pasó hace 22 días. Areces Franco, el árbitro, respondiendo a Atienza, por un lado, y a Kagawa, por otro, con un ademán autoritario, poniéndose cabeza con cabeza, frente con frente, a grito pelado con los futbolistas en un intercambio de pareceres respecto de una falta o una sanción del juego. Exagerado. Fuera del tiesto. Desmesurado

Si esto, lo del día del Elche, hubiese sido la carta de presentación de Areces Franco con el Real Zaragoza, a estas alturas todo el mundo estaría alarmado por estos lares. Con las manos en la cabeza. Pidiendo el cuerpo a tierra. Porque aquello dejó ratos, instantes, posturas de impacto negativo por sí solas. Le perdieron las formas, al margen de no tener una buena tarde técnica y disciplinariamente. 

Menos mal que, durante los 5 años anteriores, la imagen de Areces Franco es otra diferente a esta última. El asturiano fue elegido, incluso, el mejor árbitro del año hace dos campañas (Trofeo Guruceta), pese a que ello no significó su ascenso a Primera División finalmente. Cabe pensar que lo del otro día ante el Elche fue un mal día. Un mal rato del de Avilés. Su 'día de furia', al estilo Michael Douglas, por los motivos personales que fueren, que lo llevaron a manifestarse de un modo anómalo.

Fueron coincidentes las reseñas en las crónicas de aquel Real Zaragoza-Elche a la conducta arbitral. En HERALDO DE ARAGÓN, cuando se contó el triunfo final de los aragonesés por 1-0 (gol de Luis Suárez de penalti en el minuto 86), se referenció, entre otras cosas, que el tanto del colombiano "fue de penalti, con el suspense que deja a partir de este año el videoarbitraje, pues el árbitro de turno, un errático Areces Franco, se lo había tragado y tuvo que ser rectificado por el VAR para alivio del zaragocismo".

Asimismo, en aquella narración de los hechos, hubo que evaluar así el devenir del partido ante los ilicitanos: "Y, entre flor y flor, ahí estuvo la figura del árbitro, el asturiano Areces Franco, cuya actuación, perniciosa para el Real Zaragoza en muchas decisiones del juego, pareció por momentos un tanto provocadora. Por ejemplo, más que los centrales ilicitanos, el juez fue el mejor marcador de Dwamena, al que cosieron a faltas y agarrones sin sanción alguna. Entre las protestas crecientes del graderío, caliente como nunca, acabó adoptando poses chulescas, algo injustificable siempre en quienes dirigen los partidos con el silbato".

Otro pasaje de aquella reciente crónica de la 3ª jornada volvió a tener al árbitro astur como sujeto principal: "Todo quedaba abierto para una segunda mitad llena de incertidumbres. También en lo referente a la actuación arbitral, probablemente la más imprecisa y deficiente en los 7 años que lleva el Zaragoza en Segunda. Un desastre Areces Franco", se contó.

Obviamente, en la jugada clave de aquel partido, el gol de penalti que otorgó el triunfo al Zaragoza, también Areces pasó por el foco de atención valorativa. Fue así: "En el minuto 83 se le encendió la luz al equipo aragonés. Llegó un penalti que, por supuesto, a Areces Franco se lo tuvo que pitar el VAR, su colega balear Varón Aceitón desde Las Rozas. Una patada clara de Juan Cruz a Luis Suárez en una penetración en el área acabó, un rato después y tras consultar el árbitro la pantalla del centro del campo, en pena máxima".

Y, finalmente, en el colofón de la crónica de Heraldo, el colegiado de Asturias se había hecho acreedor a una nueva cita: "Ganó el que más propuso. Quien más apostó por ello. Y el Elche se fue de vacío por su escasez de argumentos. Eso sí, menos mal al VAR. Porque lo de Areces Franco es para guardarlo en el disco duro", se resumió lo ocurrido.

Por este singular antecedente, reciente en el tiempo (mucho, demasiado) y cargado de bombo por cómo actuó el protagonista principal ese día, su presencia ante el Lugo 22 días después no va a pasar desapercibida bajo la lupa del zaragocismo. A esto lleva, irremediablemente, la extraña decisión del Comité Nacional de Árbitros de traer a Zaragoza a Areces con tanta prontitud. 

El prometedor colegiado norteño mostrará en La Romareda este sábado de inicio del otoño si su arbitraje ante el Elche fue un accidente, un mal día, un pasaje anormal en su trayectoria profesional o si, por el contrario, resultó el aviso de una evolución en sus poses y ademanes que lo están llevando a ser un árbitro de brazo remangado, con ínfulas de estrella cada tarde de fútbol y que, por lo que sea (pregúntenle al ya retirado López Amaya, por ejemplo), se siente hiper estimulado con el Real Zaragoza en el campo. A eso de las 20.00, habrá más materia para estudiar y diagnosticar.

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