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Adrián González: "Hay que buscar estímulos positivos porque si no la espiral no tendrá fin"

El veterano mediapunta madrileño, de 33 años, pone voz a un vestuario expectante y con ganas de vivir un año ilusionante entre el zaragocismo.

Adrián, en un futbolín de la zona de recreo del Hotel Thalasia, lugar de concentración del Real Zaragoza en San Pedro de Pinatar (Murcia).
Adrián, en un futbolín de la zona de recreo del Hotel Thalasia, lugar de concentración del Real Zaragoza en San Pedro de Pinatar (Murcia).
TINO GIL/Real Zaragoza

Su llegada al Real Zaragoza hace un año, en el foco del fútbol de la pandemia, y el resultado de la temporada ha devaluado lo que se pretendió con su fichaje.

La pasada fue una temporada muy rara. No solo adulterada por el asunto de la covid, sino por sus derivaciones: burbujas de seguridad, relaciones humanas limitadas, nada de público… Fue un año de pesadilla.

Que para usted lo fue aún más. Vino como fichaje estrella y casi ni se le pudo ver.

Los últimos meses han sido muy extraños para mí. Nunca había estado lesionado en toda mi carrera, nunca estuve tantos meses sin poder estar disponible físicamente. Ha sido increíble, hubo momentos en los que no encontraba una explicación posible. Desde que empecé a jugar al fútbol siempre he sido metódico en cuidarme al máximo. Pero el año pasado se demostró que con eso no basta, que debe haber algo más que no controlas.

Solo al final de la liga se pudo apreciar su juego, con cuentagotas. El Real Zaragoza todavía le está esperando.

Sí, sí. Lo sé. Yo mismo me encuentro con esa sensación: sé que tengo que demostrar aún aquí todo lo que se esperaba de mí y que no pude dar en el año más raro de mi vida deportiva, el pasado. Esta liga que va a empezar es, por eso, muy importante para mí. Me queda un año de contrato y no puedo aspirar al otro opcional porque no jugué el año pasado el número de partidos suficientes, ya no me da de sí. Tendré que ganármelo dentro del campo. Quiero tener continuidad en el equipo, disfrutar como solo hice al final, cuando nos estábamos jugando la vida. Quiero ser importante en este equipo, vine como reto personal a un grande como es el Real Zaragoza.

¿A qué achaca el fracaso estrepitoso del año pasado?

El equipo venía de una temporada anterior concluida con el golpe anímico de no conseguir un ascenso a Primera que parecía hecho cuando surgió la pandemia. El equipo tuvo unas vacaciones muy cortas y llegó con un estado de ánimo bastante malo. La pretemporada fue escasísima porque se había acabado muy tarde por el lío de la promoción el curso anterior. Los fichajes nuevos no entramos bien en el equipo, había un entrenador nuevo (Baraja) que no pudo trabajar con nadie por el tema covid. Se entrenó fuera de las mejores circunstancias siempre. Llegaron los malos resultados muy pronto y la espiral se hizo imparable.

Salvarse del descenso, de la catástrofe, fue un milagro.

Desde octubre el Real Zaragoza era una bola de nieve que bajaba la ladera y cada vez era más grande. Yo, cuando volví tras la Navidad, confieso que tuve miedo. Mucho miedo porque no se veía solución.

¿Se arrepintió entonces de haber venido a Zaragoza?

No, porque no soy de esas personas. Sería injusto que, cuando tomas una decisión a voluntad tuya, luego reniegues. Siempre piensas que tomas la mejor opción, aunque luego salga mal de vez en cuando. Lo que sí tuve fue mucho dolor en lo particular. Venía de vivir una situación dura en Málaga, donde como capitán se me adjudicaron cosas que no eran de mi responsabilidad. Y me pareció duro tener que pasar por el padecimiento que tuvimos todos en Zaragoza. Buscaba oxígeno en un equipo grande y me encontré un año inestable, horrible en el campo y fuera de él, sin gente en las gradas, con cambios de entrenadores…

Adrián González, desde niño, ¿tuvo muy claro siempre que su destino era ser futbolista o... ser futbolista?

Es verdad que nunca me he planteado otra vía como salida profesional. Pero lo achaco a que, desde muy pronto, fui dando pasos firmes, las cosas me iban saliendo en todas las categorías. No hubo nunca dudas. Me considero un tipo con suerte en ese sentido. No tuve que decidir en disyuntivas. El fútbol me fue atrapando desde el primer día, todo fue muy natural. Y la tradición familiar (ser hijo de Míchel) no tuvo tampoco un impulso decisivo, nunca me vi empujado a ser futbolista. Salió así, sin más.

Míchel, su padre, ¿no le ha dicho alguna vez el lío en el que lo metió siguiendo su estela?

No. Él siempre me habló muy claro. Solo me pidió dedicación y profesionalidad, seriedad. Sé que muchas veces, ser su hijo me ha perjudicado. Y en algunos momentos, a él también. Pero no son cosas que ahora tenga en cuenta. Llevo más de 400 partidos en el fútbol profesional, acumulé 11 temporadas seguidas jugando en Primera División. Eso es algo que muchos futbolistas buenos no han logrado. Mi meta era esa, no la de jugar en el Real Madrid o en la selección española (como su padre), sino tener mi sitio en Primera. Y lo he logrado.

¿La experiencia de Getafe le enseñó que lo peor que puede pasar en un caso como el suyo es que padre e hijo coincidan en un mismo equipo?

Sí. De acuerdo. Incompatible no es, pero puede generar y, de hecho genera, muchos chispazos. Es algo inevitable. Tu relación personal, por mucho que la quieras llevar a cabo dentro de la más profunda ética profesional que se requiere, siempre es vista desde muchos prismas con dudas, provoca controversia. Es una reacción social que se da en nuestra cultura. Se pasan momentos tristes, la verdad.

Vigo, Tarragona, Getafe, Santander, Vallecas… aquellos inicios en los que usted llevaba el pelo largo, irreconocible.

(Risas) Y con la cara más redonda y rechoncha. Con 19 años me fui de casa por primera vez. Son recuerdos, los de esos equipos, que marcan mi vida personal. Un aprendizaje constante, en vestuarios muy veteranos en todos ellos. Llegué a los 23 años muy maduro gracias a aquel periplo constante de destinos. Recuerdo que en el Celta lo pasé muy mal. Fue un año fatal, estaba solo y nada salió bien. No fue agradable. En Tarragona, sin embargo, me cambió la película. Allí recuperé la moral porque, por momentos, pensé que la carrera se me estaba apagando.

Alguna vez pudo venir usted al Real Zaragoza en aquella juventud.

Sí, sí. Cuando estaba en el Racing de Santander. Lo recuerdo. Fue en 2012 (en los peores años del agapitismo). Pero no se dieron las condiciones que yo creí necesarias para aceptar. No eran buenas.

Llegó ocho años después, ya en su madurez. Pero a Segunda División. ¿Cree que se puede salir de este atolladero pronto?

La situación es complicada en Zaragoza. Este es un sitio de éxitos, de alto nivel, de títulos, de proezas internacionales. Y son ya nueve años en Segunda. Para los miles de personas que han vivido eso durante décadas, entiendo que sea incomprensible lo que están viviendo. Es fuerte. Comprendo esa quemazón por dentro que no hay manera de calmarla. No sé dar una respuesta a la pregunta. El fútbol es aleatorio. Nunca sabes cuándo va a venir el empujón bueno que te saque hacia arriba. La experiencia mía me dice que las cosas cambian de un día para otro sin saber, muchas veces, el porqué.

Usted vino del Málaga. Ciudad grande que, en el fútbol, han pasado las de Caín también.

Es cierto. Hay muchas similitudes con Zaragoza por habitantes, importancia del club en la sociedad local, estadio, historia en la liga. Y el Málaga original llegó a desaparecer, pasaron décadas fuera de la élite. La forma de ser hoy de los malaguistas creo que tiene que ver con esas vivencias. Tal vez en Zaragoza se esté evolucionando con extrañeza respecto de las euforias del pasado. Estas fases tan negativas y alejadas de lo normal tienden al desapego, a la desilusión con todo lo que rodea al club… Conviene no perderse por ese camino. En Málaga ya lo advertí y aquí digo lo mismo. Yo entiendo ese sentimiento de la gente, pero hay que buscar estímulos positivos porque, si no, la espiral no tendrá fin. Ojalá se ascienda este año. Toca año bueno.

¿Cómo respira en el vestuario del Real Zaragoza ante el largo proceso de compraventa de la SAD?

Pues como es natural en estos casos. No es que los jugadores actuemos con hermetismo, es que no tenemos la información. Ves que no se termina de concretar. Que no acaban de llegar los fichajes. Que no termina de conformarse la plantilla. Mentiría si dijese que los jugadores no hablamos de este tema de la venta. Claro que nos incumbe. Y, al margen de que esté tardando más o menos en hacerse, lo principal ahora es el asunto de la confección de la plantilla.

La pretemporada está siendo anormal para ustedes.

Es un momento importante de cara a la liga. Y vemos cómo está el mercado ahora. Lo que ocurre en el Real Zaragoza lleva un proceso, que está siendo lento. El mercado también lo está. Los equipos no están bien de dinero, ninguno. Ha afectado mucho el problema de la covid. Los fichajes y traspasos se están moviendo poco. El efecto dominó de todos los años está tardando mucho más de la cuenta. Ante esto, los jugadores nos tomamos lo que sucede con la calma obligada por estos condicionantes.

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