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El Casademont Zaragoza iguala el peor inicio de su historia

En sus 18 años de vida, únicamente en el curso 2015-16 había encajado ocho derrotas en sus diez primeros partidos.

Melo Trimble intenta avanzar ante la presencia del base Rodrigo San Miguel.
Melo Trimble intenta avanzar ante la presencia del base Rodrigo San Miguel.
Alba Pacheco/ACB Photo

El Casademont no reacciona. Continúa con su preocupante proceso, con su silueta desfigurada, con actuaciones recientes que delatan la fragilidad anímica de una plantilla que, víctima de sus propios errores, sigue sin encontrar el camino correcto en el curso actual. Ante el Fuenlabrada mejoró actuaciones pasadas, sobre todo en el capítulo defensivo, pero su mayor desempeño no le alcanzó para sumar la victoria.

Al contrario, acabó perdiendo por un solo punto (82-81), lastrado por su propia ansiedad y una gestión muy deficiente del último acto. El Casademont, que dilapidó una renta de hasta 16 puntos, protagonizó un desplome sorprendente en los últimos 10 minutos de la contienda: se precipitó en sus acciones, cuando el choque demandaba pausa, serenidad y templanza, además de presentar importantes –ahora sí– grietas en su sistema defensivo. Encajó un parcial de 26-11 en el tramo final.

La derrota, especialmente dolorosa, especialmente perniciosa, acentúa las dudas de un conjunto que ha elevado su compromiso colectivo, pero que continúa sin obtener réditos en la clasificación. De hecho, el Casademont permanece incrustado en la zona baja de la tabla, tras haber sumado únicamente dos victorias en sus 10 primeros compromisos de la Liga Endesa. Ni siquiera el cambio de entrenador –Sergio Hernández sustituyó el 3 de noviembre a Diego Ocampo– ha modificado, de momento, la negativa tendencia del equipo zaragozano.

En este sentido, el conjunto aragonés ha igualado el peor comienzo de su historia. Una situación imprevista para un conjunto que, a priori, estaba diseñado para aspirar decididamente a las posiciones de ‘play off’. Más aún cuando el club edificó el nuevo proyecto deportivo sobre los mismos cimientos que en el curso anterior: la plantilla conserva hasta 11 piezas de la pasada temporada. Y era, en principio, un paisaje estimulante, muy atractivo, teniendo en cuenta el sobresaliente rendimiento de los zaragozanos hasta el pasado mes de marzo, tanto en la Liga Endesa como en la Champions League, cuando el azote del coronavirus obligó a paralizar todas las competiciones.

Ahora, sin embargo, el Casademont sigue muy lejos de su verdadera dimensión. Y ha entrado una espiral muy peligrosa, tras las derrotas ante el Iberostar Tenerife (91-86), el Real Madrid (102-83), el San Pablo Burgos (86-100), el Gipuzkoa Basket (70-67), el Valencia (93-84), el Unicaja de Málaga (63-92), el Manresa (102-103) y el Fuenlabrada (82-81). Especialmente inquietante resultó el tropiezo en San Sebastián, contra el equipo más accesible de la Liga Endesa. Sus únicos triunfos se produjeron ante el Herbalife Gran Canaria (88-71) y el UCAM Murcia (98-86), ambos en el pabellón Príncipe Felipe.

En la presente edición de la Champions, al menos, el equipo aragonés sí ha conquistado el triunfo en sus dos compromisos. Eso sí, lo hizo con una dificultad manifiesta. Los duelos en Polonia, frente al Start Lublin (85-86); y en Zaragoza, ante el Nizhny Novgorod (78-75), tuvieron un desenlace similar: la victoria se produjo con un lanzamiento triple sobre la bocina, pese a la escasa entidad de sus oponentes. Los polacos disponen de un potencial menor; mientras que los rusos, que no competían desde el pasado 18 de octubre, se presentaron a la cita con sólo ocho jugadores y sin la participación de Anton Astapkovich, su máximo anotador.

En Liga Endesa, el Casademont solamente había perdido ocho de sus 10 primeros partidos en la temporada 2015-16. Entonces, el conjunto aragonés inició su andadura en el Palau, doblando la rodilla ante el Barcelona (84-76), aunque lo hizo ofreciendo una tenaz resistencia durante la mayor parte del duelo. De hecho, el conjunto aragonés gobernaba el marcador a la media hora de juego (61-62). Los azulgranas sólo inclinaron el duelo a su favor en los compases finales, con un parcial de 10-0 en los últimos dos minutos de la contienda.

El Casademont superó después al UCAM Murcia, en su primer compromiso como local (84-64), en otro partido marcado por el buen juego de los zaragozanos. Sin embargo, el equipo encadenó después hasta seis partidos consecutivos sin ganar. Comenzó su deterioro en Santiago de Compostela, ante el Obradoiro (82-67), para prolongar su negativa trayectoria en los partidos ante el Real Madrid (80-88), el Joventut de Badalona (71-70), el Andorra (73-80) y el Herbalife (91-79).

La derrota ante los grancanarios conllevó la destitución de Joaquín Ruiz Lorente, que fue reemplazado en el banquillo por Andreu Casadevall; pero la llegada del nuevo técnico no se tradujo en una victoria, y el conjunto aragonés también cayó ante el Baskonia, en el Príncipe Felipe (66-90), para firmar su sexta derrota seguida. El Casademont se sobrepuso después, en la pista del Estudiantes (110-116), en un partido que necesitó de dos prórrogas para resolverse; aunque de nuevo fue superado siete días más tarde, en Tenerife, por el Iberostar (82-78). Firmaba así el inicio más negativo de su historia: dos únicas victorias en las 10 primeras jornadas de la competición. Un secuencia desalentadora que, sin embargo, ha igualado ahora la plantilla actual.

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