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Toni Abadía: “Tenía ya asumida mi retirada”

Toni Abadía ha vuelto a ganar apenas tres meses después de rozar el adiós al atletismo por culpa de los problemas derivados de la ansiedad generada por el deporte de competición.

Abadía celebra su triunfo en la prueba de medio maratón del EDP Rock 'n' Roll Running Series de Madrid.
Abadía celebra su triunfo en la prueba de medio maratón del EDP Rock 'n' Roll Running Series de Madrid.
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La línea de meta más importante de la vida es la felicidad y Toni Abadía la cruza ahora todos los días. El atleta zaragozano volvió a ganar hace una semana en Madrid: rompió el primero la cinta de vencedor del medio maratón del EDP Rock 'n' Roll Running Series, solo tres meses después de anunciar su ausencia en los Juegos de Tokio y desvelar un problema de salud que le removía las tripas, pero que le nacía en la cabeza. Y es eso, una mente reciclada, vigorizada y entusiasmada, mucho más que volver a paladear una victoria, lo que hace volver a sonreir a Toni Abadía. Si hay un deportista en Aragón del que jamás pensamos que se podría borrar una sonrisa que parecía cincelada en mármol, ese era él, optimista y alegre por naturaleza. Pero hasta los más fuertes son débiles alguna vez.

¡Vaya alegría, Toni!

Joer… Independientemente del resultado por muy paradójico que pueda parecer en un deporte como el atletismo, es muy especial volver a sentir esto. Pensaba que nunca más podría cruzar una línea de meta. Es una de esas sorpresas que te da la vida.

En mayo, renunció a los Juegos Olímpicos y unos problemas de salud lo tenían contra las cuerdas. ¿Qué ha cambiado?

Mayo fue el peor mes de mi vida. Había días que parecía que se despejaba, pero no. Vivía en una niebla continua, cuando aparecía un poco de luz, enseguida, el cuerpo volvía a resentirse. No eran recaídas física, sino mentales, y eso hacía la continuidad imposibe. Ha sido muy duro, una lucha constante. En realidad, no he entrenado ni tres meses completos, pero siempre he ido en progresión. Al lado, eso sí, tenía al mejor padrino, quién si no, el inconfundible Pepe Mareca, que ha guiado mis pasos.

¿Cómo lo ha hecho?

A un entrenador le pedimos resultados, pero al final hay que pedirle que esté contigo en las duras y en las maduras. No he podido elegir mejor compañero de viaje en este bonito deporte que Pepe. Sin su figura en mi vida, nada hubiera sido igual. El día 2 de julio, el día que hacía 31 años, me puse a entrenar. Yo he sido de entrenar mucho, he machacado mi cuerpo considerablemente, pero fuimos de forma gradual. Hacer una media maratón era impensable, no te digo ya ganarla. Me costaba hacer cuatro kilómetros como para hacer 21. El factor mental ha sido clave y Pepe ha sido determinante en eso. He estado en permanente charla con él. Cualquier cosa, desde la más banal, se ha tratado: desde cómo había dormido o descansado, a qué había hecho en el tiempo libre. Sin agobios de ningún tipo, solo hablando de la vida.

¿Cómo definiría a Pepe?

Lo que mejor le define es su capacidad para hacerte sentir parte de una familia. Cuando llegué al atletismo, siempre escuchaba que nunca podía haber dos gallos en el mismo corral. Pero Pepe no solo ha tenido dos, sino muchos, y ha conseguido que seamos una familia. Él es el patriarca. Yo soy una persona muy visceral, pero siento los triunfos de Chiki (Pérez) o Carlos (Mayo) como míos. No importa quién entra primero en meta, lo importante es el grupo de entrenamiento, que alguno de nosotros sea el primer español o el primer europeo. Valoramos ese esfuerzo común, eso da sentido a nuestro deporte. Es un mundo expuesto a aspectos como el ego o la ambición, pero Pepe es capaz de gestionarlo y transmitirlo. La suerte no es que haya sido capaz de sacar rendimiento de nosotros, sino construir un grupo en armonía y que no nos viéramos como rivales, sino como una unidad. Pepe y su mujer, Chus Zorraquín, han sido fundamentales en eso.

Al final, el acento son las personas…

Chus es la cara amable del deporte. Es la que mejor comprende la situaciones difíciles. En estos meses, una sonrisa suya ha sido como una sonrisa de mi madre. Son muy parecidas, sabes que está ahí para ayudarte y apoyarte, transmitiéndote que todo irá bien. Yo siempre digo que tengo dos familias, la Mareca-Zorraquín y la Abadía-Beci. Al final, te das cuenta que el rendimiento debe quedar en segundo plano.

¿De qué modo la exigencia de deporte de alto nivel influyó en su problema, en aquellas molestias gástricas desconocidas de la pasada primavera?

El origen de todo está precisamente en la filosofía del deporte de alta competición que yo tenía. El origen de mi ansiedad está ahí. Todo lo producía la ansiedad. Era un atleta de una autoexigencia desmedida. Ahora, he visto la otra cara. Si te dejas ayudar, al otro lado tienes la mano de mucha gente. Yo, más que brotes de ansiedad, tenía un estado de alerta increíble durante las 24 horas. No podía dormir muchos días. Y sufría ataques de pánico que no le deseo a nadie. Más que el problema en sí, es que no quieres darte cuenta. Te dices: “¿Cómo voy a tener yo ataques de pánico?”. Pero al final la vida te pone en el sitio.

La relación entre las demandas y los sacrificios del deporte de elite y la salud mental cobró relieve a raíz de los problemas de Simone Biles en los pasados Juegos. ¿Tendemos a creer que los deportistas de éxito son personas indestructibles?

Lo acabas de decir: somos personas, somos vulnerables. Estamos atados a contratos, nuestro rendimiento tiene que ser anual… Hay quien lo sobrelleva bien, pero hay veces en las que la cabeza te juega una mala pasada y tú acabas siendo tu propio enemigo. Aparecen los miedos. O la incertidumbre. La incertidumbre a mí es lo que más me mataba. La autoexigencia me flagelaba, me pedía por encima de mis posibilidades.

¿Por qué cuesta hablarlo, por qué este tipo de problemas son tabú?

Está el caso de Simone Biles, de Teresa Perales, de Michael Phelps y otros grandes deportistas. Cultivamos nuestro cuerpo y sabemos que lo podemos dominar con nuestro entrenamiento físico. Pero el entrenamiento mental sigue siendo la cuenta pendiente. Cuesta mucho en todos los sentido, pero ahora tenemos herramientas. Yo he tenido mi psiquiatra. Yo no lo considero tabú hablar de esto. Al contrario, entiendo que contarlo puede ayudar a la gente en situaciones parecidas.

Precisamente, el pasado mayo, usted dio a conocer su problema . ¿Ese primer paso es el más difícil, pero también el más importante?

Sí. Me vino muy bien aceptar que no podía luchar por los Juegos Olímpicos (Abadía tenía marca y plaza en Tokio). Necesitaba apartar esa preocupación de la cabeza para centrarme en salir del pozo personal en el que me estaba metiendo. Era un soplo de aire fresco que necesitaba.

¿Tomo distancia de los Juegos Olímpicos o los siguió?

Los seguí, animando a los atletas españoles y disfrutando mucho del carrerón de Carlos Mayo y su puesto 13º. Tengo un vínculo muy especial con él, un vínculo que es en doble dirección, porque lo admiro, por cómo corre y por lo buena persona que es y lo que se sacrifica. Le dije que lo diera todo porque quería sentirme como si estuviera allí con él. Su carrera en el 10.000 me dio alas durante mi proceso de entrenamiento. Hay que ser honesto con uno mismo. No estuve en los Juegos, pero las cosas se dieron así. Cuando no se puede una vez, ya se podrá otra.

¿Le ha cambiado este episodio su modo de entender el atletismo?

Sí, valoras las cosas de manera distinta. Antes te salía un entrenamiento perfecto y no lo veías así. Y ahora valoras esos entrenamientos que no te salen tan bien. Hace unos meses no podía pensar si el entrenamiento era bueno o malo porque no podía salir a correr. No olvidaré esa lección. Un atleta lo es los 365 días del año y tiene que demostras que en su ADN está sacar las cosas adelante. Hay valorar las cosas cuando vienen de cara y tener la mejor actitud cuando no sea así. No pensar en retirarse ni lamentarse de lo mal que está uno.

¿Pensó en la retirada?

Tenía ya asumida mi retirada. Parece frívolo decirlo pero así es. Tuve con Pepe Mareca una conversación en la que le dije que tenía ya un plan b decidido y atado. No me avergüenzo de ello. Todos tenemos que tener planes alternativos. Puede sonar místico pero a veces las cosas pasan por algo. Al final, no debemos olvidar que somos unos privilegiados por nuestra profesión.

¿Cuál es ese plan b?

Soy una persona con don de gentes y que le gusta hablar y tratar a otras, así que conversé como mi representante, Julia García, para tomar su testigo en su agencia. Sería una forma muy romántica de volver al atletismo -al que tan agradecido estoy- y dedicarme a los atletas.

Pero aún le queda suela en la zapatilla: ¿qué objetivos se plantea ahora?

Volver a sentirme yo del todo y encontrarme conmigo mismo. Puede parecer abstracto y precavido, pero a ver lo que cuerpo y mente están dispuestos a dar. En el cross disfruto mucho, en las medias, aun habiendo ganado en Madrid, el sufrimiento es superlativo. Quiero pasarlo bien en la campaña de cross. Es un terreno que me gusta. Luego, ¿por qué no?, quiero intentar pelear por entrar en la selección española que compita en los Campeonato de Europa de diciembre. Pero sin quitarme el sueño. Sin consigo entrar con último hombre, sensacional. Si no, con estar ahí y pelearlo, sería feliz y estaría orgulloso.

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