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Toni Abadía: “En los últimos meses, he estado más en el hospital que en la pista”

Unos problemas gástricos tienen apartado de los entrenamientos y la normalidad de la competición al atleta zaragozano, hipotecando así su participación en los Juegos de Tokio. 

El fondista del Nike Toni Abadía
El atleta Toni Abadía
José Miguel Marco

El deporte del alto rendimiento es muchas veces ingrato, por no llamarlo injusto, y te golpea cuando menos lo esperas, o cuando más ilusión se tiene depositada en él. Toni Abadía, el mejor atleta aragonés del último lustro, el atleta de la eterna sonrisa, lidia estos días con uno de esos laberintos que los problemas de salud retuercen y enmarañan durante la trayectoria de un deportista del máximo nivel. Una espiral de síntomas le tiene apartado de los entrenamientos y ha puesto en jaque su participación en los JJOO de Tokio. “Antes de nada, debo decir que no es una enfermedad grave. No tengo aún un diagnóstico, pero no es algo que revista gravedad. No quería hacer, por eso, de esto algo así como ‘el drama de Toni’. Lo comparo con una lesión larga en la que se tienen recaídas”, explica Abadía, camino de su nutricionista de confianza en Santander.

Todo empezó en diciembre, después de la Maratón de Valencia. “Empecé a sufrir problemas gástricos, con molestias, una quemazón en el estómago, mucha acidez y una extraña sensación de hambre continua. Al principio, piensas en que se vaya cuanto antes la molestias, luego ves que no y ya piensas en que se vaya. Han sido muchas consultas, muchas pruebas médicas, muchas noches en urgencias… Si te digo la verdad, creo que he estado más en el hospital que en la pista”, relata.

Toni apenas ha podido correr en los últimos meses. Cualquier plan de entrenamientos estructurado perdía el sentido, porque, más allá de las molestias y dolores físicos, la incertidumbre, la ausencia de un diagnóstico específico y la persistencia de la dolencia fueron erosionando, mellando, el ánimo del atleta. “No sabes bien qué te pasa, comienzas a despertarte por las noches con dolor, pero también con ansiedad porque te pones en lo peor… No terminas de acostumbrarte a esa situación. Al entrenar, del impacto, notaba mucha acidez y lo pasas mal con ese ardor”, detalla. Una círculo vicioso que a él, persona alegre, positiva, dicharachera y abierta, le ha afectado de un modo desconocido: “No he perdido mi humor e intento ser como he sido siempre, pero sí te replanteas cosas, ves todo con más inseguridad, te vuelves más irascible y no tienes esa energía. Al final, también aprendes a relativizar las cosas. No quería darle bombo a todo esto que me ha sucedido, principalmente, porque no es un problema grave y hay gente con problemas graves de verdad. También porque hay veces que cuando te quejas de algo, más cuesta superarlo mentalmente. Pero también es verdad que hay que afrontar la realidad y visibilizarlo puede ayudar”, sostiene Toni Abadia.

En otoño, el atleta zaragozano pasó el covid y la duda de las secuelas cubre la aparición de estos problemas. “Los doctores decían que como virus nuevo que es no se podían saber sus consecuencias. Me decían que, en teoría, no tiene nada que ver”, señala. “En estos meses, he tenido impulsos de retomar los entrenamientos y te sientes optimista con volver a competir, pero a las tres semanas ya no podía correr con normalidad. No se puede estar parcheando el dolor, y tampoco quiero estar tomando miles de medicamentos”, indica.

La competición ha desaparecido de su agenda. Su prioridad es volver a sentirse bien. La salud. Luego, recobrar sensaciones en carrera. Pero no hay plazos, ni tiempos establecidos. Tampoco los Juegos de Tokio le roban ahora preocupaciones. “Para los atletas profesionales, los Juegos son nuestro gran altavoz. Pero a día de hoy no me lo planteo. No puedo pensar en que voy a llegar a tiempo o marcarme unos plazos que serían demasiado autoimpuestos. No es lo lógico”, admite. “Adidas, mi equipo, sabe mi situación y se están portando muy bien conmigo”, completa.

Este mal trago le ha puesto contra las cuerdas, como nunca, pero Toni Abadía, siempre luchador, promete batalla: “Ahora valoras cosas que antes a lo mejor no valorabas. Tengo 30 años y quiero intentar competir más tiempo, pero no a cualquier precio. Si no mejora la cosa en un tiempo, pues habría que replantearse algunas cosas. La vida es a veces realista. A lo mejor el cuerpo te está diciendo que necesita un cambio después de 14 años sometiéndolo al estrés del entrenamiento y la competición. Pero yo no voy a tira la toalla y voy a pelear”, asegura.

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