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Zaragocismo sin fronteras

La existencia de peñas zaragocistas en Colombia y en Costa Rica mantiene viva la llama blanquilla

El Real Zaragoza se lleva en el corazón, en la sangre. Es un equipo del que naces, o te haces. Por herencia, por arraigo a la ciudad o simple casualidad. Vayas donde vayas, siempre hay un zaragocista. En todos los continentes. Porque en la maleta del emigrante, uno de los intangibles que se desplaza, como el amor a tu madre, es el de tu equipo de fútbol. También banderas, bufandas, ropa… Cualquier símbolo que te acerque a casa. Habitaciones de estudiantes, hogares familiares y locales se decoran con el león rampante, con la histórica escala cromótica blanquiazul, avispa y tomate. No podía esperarse menos de una afición que, desde el descenso a Segunda División, ha fundado 45 peñas zaragocistas en España, casi un tercio de las 153 que hay censadas.

En este juego sentimental la carta más valiosa es el orgullo con el que se profesa tu zaragocismo en los diferentes rincones de la geografía mundial. Una coletilla que surge en cada presentación con cualquier foráneo internacional. Lo mejor de todo es que este último siempre conocerá esa historia que te emociona, la que invoca a épocas de éxitos. Que si el gol de Nayim al Arsenal, la destrucción de la galaxia blanca en 2006... Los hay más ancianos que incluso recitan de memoria la quinta magnífica. Sí, los hay. El Zaragoza es un buen tema de conversación para entablar relaciones fuera de España. El fútbol de La Romareda está en todas partes, recuerdos y enciclopedias. Se habla en todos los idiomas. En Latinoamérica, países hermanados por la Hispanidad, hay cuatro bonitas historias que contar.

Un hotel en Costa Rica

Poco le costó al aragonés Eduardo Lanaspa inculcar su ideología futbolera en Santo Domingo de Heredia, donde en la actualidad dirige el prestigioso hotel Palma Real en el centro de la provincia de San José. Su experiencia, ya contada, es curiosa. El 10 de mayo de 1995, este aragonés acudió con varios amigos zaragocistas y del Arsenal a la final de la mítica Recopa. Tras la celebración del triunfo cosechado por los Nayim, Aguado, Cedrún, Esnáider y cía en la capital francesa, se despidió de su familia en España y cogió un avión dirección Costa Rica para realizar unas prácticas que a la postre, serían su puente a una vida en el extranjero. A partir de ese momento comenzó a expandir su sentimiento blanquillo. "Había mucha comunidad internacional y me molestaba que solo hablaran del Madrid y del Barcelona, y pusimos el nombre del Zaragoza bien alto", recuerda.

Su idea fue inscrita en la lista de la Federación de Peñas del Real Zaragoza bajo el nombre de ‘El Alacrán’. "Mi zona estaba a rebosar de esta especie". El hotel fue convirtiéndose poco a poco en un lugar de culto para el zaragocismo en el país tico: el ebanista del complejo fabricó un precioso escudo del león, proliferan estampas de la Virgen del Pilar, figuras de joteros, bufandas, pines enviados por el propio Zaragoza... La decoración, ya se pueden imaginar, está muy bien cuidada.

Las paredes del salón de festejos del Palma Real también saben de la aventura. Allí se han celebrado todo tipo de fiestas con acento aragonés. "Las Fiestas del Pilar, San Lorenzo, San Jorge... lo que se tercié. Recuerdo con especial cariño la celebración del 75 aniversario del Zaragoza, con una fiesta para el personal del hotel y para la que mandé que hicieran una tarta con el escudo", asegura. No todo iban a ser fiestas, así que en materia deportiva, el equipo de fútbol del hotel también jugó muchos años con los colores del equipo de sus amores. Lanaspa, casado con una tica desde el 2017, se rodea de buenos colegas zaragocistas. Con ellos comenta cada partido del equipo aragonés, incluso debaten sobre otros choques de Segunda División que afectan a los intereses del Zaragoza.

Uno de estos cómplices es el periodista montisonense Daniel Zueras, quien emigró hace 13 años por asuntos laborales. "Nos juntamos muy de vez en cuando, intenté comprar los partidos a principio de temporada pero no pude finalmente porque no se veía el canal. Lo seguimos siempre en alguna web, en los ‘lives’ de Heraldo… y siempre comentamos en directo las jugadas, los goles y la situación del equipo en general", asegura. Todos los años, repasa cada calendario de Segunda para ver en qué fechas se juegan los partidos de promoción de ascenso. Este año, no habrá billete destino a Zaragoza. "Aunque sé que cada temporada me voy a llevar mi ración semanal de sufrimiento, siempre soy optimista. Este año no ha podido ser, pero ten por seguro que cuando ascendamos acudiré a Zaragoza para estar presente en el día de la celebración", confirma, todavía con un brillo en la voz al hablar del tema, un asunto capital en sus vidas.

El Zaragoza de Colombia

Casi 1.200 kilómetros al sur, otro atractivo cuento se narra con nostalgia. En este, un zaragocista cafetero, curtido tras el paso de los años, es el protagonista principal. David Godoy, un entrenador de fútbol natural de Girardot (provincia de Cundinamarca), viajó a Bogotá a principios de siglo para ejercer su profesión en un equipo de la Categoría Primera B. En la capital conoció a buenos amigos, como al cura Antonio Vicente, de Marianistas, quien le trajo de visita a Zaragoza en 2002, momento en el que a Godoy le picó el gusanillo de fundar un club en su localidad. Adivinen cómo le nombró. Diana, lo han acertado: el Real Zaragoza de Girardot.

El técnico soñador pudo conocer al por entonces director general zaragocista, Jerónimo Suárez, cuando regentaba el club Alfonso Soláns Soláns. El directivo entabló una gran amistad con Godoy. "Cuando le mostré el proyecto, Don Jerónimo me dijo: ‘hágalo, yo le voy a ayudar a que forme el equipo’. Y así empezamos", rememora. Se quedó alucinado el colombiano cuando Suárez le bajó a los almacenes para que se llevara toda la ropa que quisiera para su país y vestir así a sus jugadores. "He pasado por un montón de clubes, pero no había visto nada igual", garantiza Godoy. Dicho y hecho, llenó todas su maletas de las añejas equipaciones ‘Kappa’ y se fue para Colombia a crear escuela.

La anécdota de este viaje de regreso la puso otro histórico zaragocista: el defensa central peruano Miguel Rebosio. "Era un gran futbolista, pero sobre todo es una buenísima persona", manifiesta Godoy, que fue ayudado por el jugador a cargar con los bártulos al cruzar el charco. Esas equipaciones vistieron en su día a los chicos del Real Zaragoza colombiano, un equipo todavía activo dedicado a la formación deportiva y humana de jóvenes menores de 17 años. Tres de ellos incluso probaron suerte en las filas bases del club aragonés. En agradecimiento a la implicación de Jerónimo Suárez, las familias de los pequeños, con Godoy como representante, fundaron la peña en 2005 con el nombre del exdirectivo blanquillo. Un detalle que sigue vigente en la memoria de todos los actores. Godoy, en sus pasos por Zaragoza, conoció a figuras como Víctor Fernández, quien dirigía al equipo aragonés en el último viaje del colombiano a Zaragoza (2006). "Volveré, pero cuando allí sea invierno, en diciembre. Aquí en Girardot ronda todos los días los 40º y necesito que me pegue el frío", bromea. "Por supuesto que regresaré a La Romareda, soy un hombre de fútbol y no me pierdo una", afirma.

El ‘héroe loco’ de Buenos Aires

Fanático de Enrique Bunbury y sus Héroes del Silencio, y necesitado de despegarse de la locura del fútbol argentino, Gastón Castro eligió su amor al Real Zaragoza con solo 19 años. "Si los Héroes fueran sevillanos, me hubiera hecho del Sevilla o del Betis, pero el destino me hizo zaragocista", cuenta este "loco" de Buenos Aires. Su relación con el león rampante comenzó en la temporada 1999-2000. Hasta hoy.

"Vinieron las Copas del Rey, la Supercopa... Así mi interés fue creciendo poco a poco, hasta que con el último descenso, mi cabeza hizo un ‘click’ y tuve la necesidad de ir hacia allá". Su primera vez en Zaragoza fue para ver los ‘play off’ de ascenso del equipo dirigido por Ranko Popovic en 2015. Desde entonces, Gastón ha regresado a la capital aragonesa en cuatro ocasiones más. "La ciudad me encantó, la gente me trató de una forma espectacular y, al entrar en La Romareda por primera vez, sentí una emoción muy grande. Esto es una locura inexplicable", admite el argentino, que ahora, con 38 años, y casi 20 de idilio zaragocista, dice que no va a parar hasta ver al club en Primera, "de donde no debió salir".

Gastón volverá más pronto que tarde. Sin ir más lejos, el año pasado, cuando el Zaragoza se jugó un puesto en la final de la promoción contra el Numancia, su caso se viralizó y pudo conocer a todos los jugadores, bañado en lágrimas en el momento que conoció personalmente a su compatriota Cristian Álvarez, uno de sus grandes ídolos. "Cuando estoy en casa, los partidos los veo por televisión, si estoy fuera trabajando, los escucho por la radio. No me pierdo ni uno. En la distancia se sufre muchísimo más porque me da la sensación de que no puedo ayudar, estoy deseando de ir otra vez para aportar mi granito de arena desde la tribuna", declara orgulloso a 10.000 kilómetros de distancia.

Una Romareda en Ecuador

Cuando Juan Blanco decidió abrir un local, no necesitó de consejos marquetinianos, ni pensó en alguna tradición familiar... La Romareda. Se iba a llamar La Romareda. No fue él, sino su mujer, quien aconsejó rotular la parcela con el nombre del estadio zaragocista: "Hace cinco años que vivo en Quito. Cuando llegamos, quisimos montar un negocio y mi mujer, sabiendo mi amor por el Zaragoza, me animó a ponerle el nombre de ‘La Romareda’. Me llena de orgullo cada vez que cruzo la puerta", dice este aragonés de adopción, que aterrizó en Zaragoza con seis meses de vida tras nacer en Huelva.

Todos los partidos del Zaragoza se televisan en su bar. Y acude gente a verlo. "Poco a poco voy haciendo zaragocistas pongo los partidos en diferido por las siete horas de diferencia, y hay gente que viene a verlos", asegura. "Aquí alucinan cuando ven La Romareda, en Segunda División, con tantos aficionados"...

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