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Blog - El buen jardinero

por David Navarro

CONSEJOS DE JARDINERÍA

De la semilla al fruto: ¿cómo crear un semillero en casa?

Sembrar desde simiente en el huerto o el jardín resulta beneficioso: las plantas crecerán adaptadas al clima. Estos son los cuatro los secretos para cultivar desde la semilla

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Ilustración de Stephanie F. Scholz par el proyecto Let It Grow
STEPHANIE F. SCHOLZ/LET IT GROW

Existen plataformas sociales, como el proyecto holandés Let It Grow, que apuesta por la biodiversidad a través de las semillas que aún se conservan en zonas rurales. La ilustración que acompaña esta página, de la artista Stephanie Franziska Scholz, promociona ese cultivo de especies tradicionales. Aquí en Aragón también contamos con un banco de semillas, en el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria, que reúne 17.000 entradas. Desde hace 30 años, los agricultores aragoneses aportan semillas de especies que llevan cultivando toda la vida: tomate, pimiento, melón, lechuga, pepino... Supone un catálogo fundamental para los investigadores, ya que les permite buscar cualidades que mejorarán los cultivos, haciéndolos, por ejemplo, resistentes a sequías y plagas.

#La semilla puede ser muy buena idea para el huerto urbano porque nos permite plantar variedades que sabemos que son de la zona. De hecho, si tenemos casa en el pueblo (y el clima es el mismo que en el de la ciudad) podemos pedir alguna variedad local y pedir consejo sobre ese tipo de tomate, pepino o pimiento. Se adaptarán mejor, estarán más preparadas contra las plagas y nos darán mejores frutos.

También en jardinería puede ser interesante apostar por la semilla, no solo porque es divertido, un pasatiempo con el que también disfrutan los más pequeños. También, porque una planta que haya crecido desde la semilla estará mejor adaptada a nuestro entorno que la que compremos en un vivero, que muchas veces ha venido de otros climas (gran parte de las plantas se cultivan en Gerona)y al llegar aquí sufren un buen ‘shock’.

¿CÓMO CREAMOS UN SEMILLERO?

Cuidar de un semillero es muy sencillo, solo es necesario disponer del material adecuado, sembrar la semilla y colocar las bandejas en un sitio protegido. El truco para tener éxito es comprender cuáles son las necesidades de la semilla.

Si adquirimos simiente de malva, por ejemplo, será necesario cubrir ligeramente la semilla. Así es como prospera en la naturaleza. En cambio, si son de amapola bastará con dejarlas en la superficie: esa semilla requiere menos oscuridad. Por eso, hay que seguir atentamente las indicaciones en el sobre de las semillas, que nos dirán cuándo y como plantarlas.

El error más común es enterrar demasiado la semilla y privarla de la luz suficiente para que despierte. Es mejor perder un poco de tiempo previamente y asegurarnos de cuáles son las condiciones adecuadas y la época de siembra correcta. Antes de colocarlas, hay que regar muy bien el sustrato, para que la tierra retenga humedad suficiente y la simiente pueda embeberla. Tras colocar las semillas se cubrirán, si así lo requiere la especie, con una capa de vermiculita.

¿CÓMO TRASPLANTAMOS?

Es importante que el sustrato nunca se seque, por lo que será recomendable humedecerlo periódicamente con un vaporizador. Una vez salgan las simientes, hay que esperar a que les salgan las hojas ‘verdaderas’. Las primeras hojas (una o dos según las plantas sean monocotiledóneas o dicotiledóneas) no son ‘de verdad’, son las que salen desde la semilla. ¿Por qué no son verdaderas?Porque no sirven para hacer la fotosíntesis.

A partir de la cuarta o quinta hoja es cuando las plántulas se pasan a la tierra definitiva donde crecerán. Hay que regar bien para que no sufra con el trasplante.

LAS CUATRO CLAVES

1. RECIPIENTES Lo mejor es utilizar macetitas de fibra de coco, biodegradables y que se meten directamente en la tierra al trasplantar. Como sustrato, merece la pena adquirir tierra especial para semilleros, más ligera y fina.

2. VERMICULITA. Es un mineral muy ligero que beneficia considerablemente el rendimiento del semillero . Por un lado, protege la tierra y evita que se enfríe o se seque demasiado. Por otro, cubre la semilla en un momento tan delicado como la germinación. Basta con cubrir ligeramente la simiente.

3. PROTECCIÓN. Los semilleros pueden estar descubiertos dentro de un invernadero o bien contar con su propia tapa que los proteja. Es importante que estén a salvo del frío y del viento. Hay que abrir cada día la tapa para que se airee.

4. TRASPLANTE. La semilla brotará cuando detecte los niveles de humedad y de luz. Pero hay que esperar antes de pasarla a su lugar definitivo. La plántula solo sobrevivirá al ire libre si cuenta con las hojas ‘verdaderas’, las que le ayudan a hacer la fotosíntesis. Hay que esperar a que broten nuevas hojas. Ya en su lugar definitivo, humedecer muy bien la tierra para que no haya ‘shock’ hídrico.

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