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Lo que quizá no sabías del parque Bruil de Zaragoza: del minizoo a la montaña rusa

Recopilamos algunas curiosidades de este espacio verde de referencia en la ciudad, que tiene su origen en una torre de carácter agrícola.

Parque Bruil de Zaragoza
Parque Bruil de Zaragoza
F.Jiménez

Entre los espacios verdes que alberga la capital aragonesa destaca, por su céntrica localización, el parque Bruil. Situado junto al casco histórico, abrazado por la calle de Asalto, por un lado, y por el río Huerva, por el otro, es uno de los escenarios con mayor protagonismo cada mes de junio con motivo de las hogueras de San Juan, celebradas en el marco de la Semana Cultural de la Magdalena, si bien sirve de lugar de disfrute de paseos y punto de encuentro para muchos zaragozanos durante todo el año. Con más de 30.000 m2, dispone de grandes superficies de césped como fondo de jardín de arbolado de gran porte. Cuenta con zonas de esparcimiento compuestas por pistas de petanca y polideportiva, juegos infantiles y un kiosko-bar. Además, desde el año pasado cuenta con un moderno campo de fútbol de césped artificial de uso libre, que fue inaugurado por el futbolista aragonés Ander Herrera, junto a la Fundación Johan Cruyff y la Fundación La Caixa para fomentar la práctica deportiva entre niños, niñas y jóvenes en situación de vulnerabilidad.

El parque Bruil de Zaragoza en los años 70.
El parque Bruil de Zaragoza en los años 70.
J.González Misis/Archivo Heraldo

Este lunes, coincidiendo con la efeméride del nombramiento de Juan Faustino Bruil -cuyo segundo apellido da nombre al parque- como ministro de Hacienda el 6 de junio de 1885, recopilamos algunas curiosidades de este popular espacio que quizá no sabías y te invitamos a conocer un poco mas la figura de este zaragozano.

Don Juan Bruil no sólo fue popular en la Zaragoza de su tiempo por ser un rico banquero y un político que además de ministro fue diputado y senador, sino por ser el propietario de una extensa y lujosa torre en los terrenos que hoy en día ocupa lo que conocemos como Parque Bruil. Hasta entonces había pertenecido a los Agustinos -la orden religiosa tenía aquí las huertas de un convento-. Descendiente de una familia originaria de Francia, Juan Faustino Bruil convirtió este enclave en una espléndida residencia con jardín de recreo con una gran variedad de plantas y árboles, entre ellas numerosas especies que trajo expresamente del país galo. Todavía quedan alguno de esos antiguos ejemplares, que los vecinos del barrio intentan salvar; uno de ellos convertido en una escultura zoomórfica, convertido en un homenaje a la biodiversidad.

El viejo almez del Parque Bruil, convertido en un homenaje a la biodiversidad.
El viejo almez del Parque Bruil, convertido en un homenaje a la biodiversidad.
Oliver Duch

“Solía abrirse en verano y se cobraba una entrada. Tenían puestos de flores, una pequeña montaña rusa e incluso un zoológico donde había pavos reales, monos, faisanes, perros de Mont Cenis…, explica en su libro ‘Los espacios verdes en la Zaragoza del siglo XIX’ Laura Ruiz Cantera, investigadora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza.

El céntrico parque Bruil de la capital aragonesa fue parte de una finca propiedad de los Agustinos, después fue comprada por Juan Faustino Bruil, de quien adquirió el nombre: la torre Bruil.

En dicha torre nació, tal y como se refleja en documentación municipal, el proyecto de la puerta del Duque de la Victoria, que se levantó junto a la iglesia de San Miguel en honor a Espartero, quien presidía el Consejo de Ministros en aquella época.

También dio sus primeros chutes el primitivo Real Zaragoza Club Deportivo, en el conocido como “campo de fútbol de la Torre de Bruil”. Era de tierra y el equipo zaragozano jugó allí hasta 1932, cuando se trasladó a Torrero convertido ya en el Iberia. Además, alojó un canódromo y durante la Guerra Civil hizo las funciones de aparcamiento para automóviles, al menos en 1936.

Vista aérea del antiguo depósito de sementales, junto al parque Bruil de Zaragoza, actualmente el edificio Trovador.
Vista aérea del antiguo depósito de sementales, junto al parque Bruil de Zaragoza, actualmente el edificio Trovador.
Vicente Jorcano7Archivo Heraldo

Durante unos años quería abandonado hasta que en 1956, el Ayuntamiento expropió los terrenos, los reformó y en 1965 inauguró el nuevo parque municipal, devolviendo así la alegría a los vecinos. A finales de aquel año llegaron los primeros inquilinos -dos osos pardos, dos monos y un jabalí- al minizoo que todavía recuerdan los zaragozanos de cierta edad, y en especial, a la osa Nicolasa, que pasó sus días en una pequeña jaula en la que apenas podía moverse hasta que en diciembre de 1984 fue trasladada al catalán Río León Safari con el fin de que pudiera disfrutar de una mejor existencia.

La osa del parque Bruil y el minizoo de los horrores
La osa del parque Bruil y el minizoo de los horrores
Arturo Burgos/Archivo Heraldo
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