Zaragoza
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El nuevo plan municipal de emergencias sitúa las riadas como el mayor riesgo para la ciudad

La herramienta, que actualiza los protocolos de intervención, se probó con éxito en la última crecida.

La reciente crecida del río Ebro alcanzó los 2.100 m3/s, lo que obligó a activar el nivel rojo del nuevo plan municipal de emergencias.
La reciente crecida del río Ebro alcanzó los 2.100 m3/s, lo que obligó a activar el nivel rojo del nuevo plan municipal de emergencias.
Guillermo Mestre

Las crecidas de los tres ríos de Zaragoza, pero sobre todo las del Ebro, son el principal riesgo para la seguridad de la capital aragonesa. Así lo advierte el nuevo plan de emergencias que ha elaborado el Ayuntamiento, una herramienta actualizada con las nuevas tecnologías y que recoge los cambios que ha registrado la ciudad en los últimos años. El documento es la guía de actuación para los servicios de emergencias y ya se ha probado con éxito, según sus responsables, durante la tormenta Filomena y para afrontar la riada de esta semana.

El plan de emergencias es un documento obligatorio para las grandes urbes que, en el caso de Zaragoza, databa del año 2007. En 2014 se impulsó una revisión pero no fue avalada por la DGA ni aprobada en pleno. "Son muchos años, había una necesidad de actualizarlo porque las ciudades cambian y los riesgos también", explica el concejal delegado de Bomberos, Alfonso Mendoza.

Sus dos principales objetivos son establecer el nivel de riesgo de cada una de las amenazas y la respuesta de los servicios de emergencias ante cada escenario. Para concretar esta clasificación, el plan utiliza el mismo sistema que para los riesgos laborales, es decir, se pondera tanto la probabilidad de que ocurra el desastre como los efectos del mismo.

En este sentido, las riadas son el único parámetro en nivel rojo, el máximo de tres (se utiliza el sistema de colores de los semáforos). La frecuencia de estos episodios y los daños que causan, incluso con riesgo para las personas, así lo atestiguan.

El último ejemplo se ha registrado esta misma semana, en la que el río Ebro alcanzó los 2.100 m3/s y los 5,5 de altura, lo que llevó a activar el nivel rojo por inundaciones del plan de emergencias, que entre sus misiones incluye, precisamente, una escala de alertas en función de la gravedad del suceso.

"Era una asignatura pendiente, porque existen muchos tipos de clasificaciones que no ayudan a dar la información", explica el jefe de Bomberos de Zaragoza, Eduardo Sánchez. "Hemos intentado homegeneizarlos", añade. En concreto, se utiliza una escala tricolor para avisar a la ciudadanía, y otra para los propios servicios de emergencias, ya que «no se tienen que activar a la vez».

En las inundaciones, el nivel amarillo se activa con un caudal de 1.352 m3/s; el naranja con 1.604; y el rojo a partir de los 1.856.

Lo mismo se ha previsto para todos los posibles riesgos que pueden amenazar a la ciudad: nevadas, viento, olas de frío y de calor, lluvias intensas, incendios forestales o incluso terremotos. Pero no solo se analizan las emergencias naturales. El Ayuntamiento ha previsto mecanismos de actuación y prevención para amenazas tecnológicas, como el transporte de mercancías o las líneas de alta tensión; o las denominadas antrópicas, como las grandes concentraciones o los actos terroristas.

"Continua actualización"

El jefe de Bomberos destaca que habitualmente se encargaba a asesorías externas la elaboración del plan, y en esta ocasión es obra de los propios funcionarios municipales de los servicios de emergencias. Tras más de un año de trabajo, el resultado es más que un voluminoso documento en papel, es una herramienta digital «accesible y en continua actualización», destaca.

Uno de sus grandes activos es un mapa interactivo que permite «de una sola mirada» conocer el estado de la ciudad ante una emergencia. La herramienta marca los puntos vulnerables y, de nuevo con un código de color, las actuaciones previstas o las ya realizadas. "Lo estrenamos en Filomena y funcionó muy bien, además, se actualiza con cada episodio, así que para la próxima gran nevada sabemos dónde debemos centrar los esfuerzos o derivar los recursos", explica Sánchez. "Nos permite trabajar con más antelación –coincide Alfonso Mendoza–, esta riada, por ejemplo, hemos reforzado motas con mayor previsión»" 

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