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La guinda del pastel: dulces para todos en un salón versallesco

La pastelería degustación abrió sus puertas el pasado mes de septiembre en la capital aragonesa con una amplia oferta de dulces aptos para todo tipo de intolerancias.

La guinda del pastel.
La guinda del pastel.
C.I.

Adentrarse en el establecimiento zaragozano ‘La guinda del pastel’ es transportarse a un palacete francés de la época versallesca. Los llamativos colores de la pared, las lámparas de araña, los muebles antiguos en colores pastel... Un concepto estético que se ha convertido en uno de los mayores reclamos de esta pastelería degustación que nace con el objetivo de no dejar a nadie indiferente.

Y qué mejor que diferenciarse para tratar de salir adelante en tiempos de pandemia. Entrar a ‘La guinda del pastel’ es como acceder al salón de una casa en la que automáticamente te conviertes, más que un cliente, en un invitado. “Queremos que la visita a nuestro establecimiento se convierta en una experiencia inolvidable para los cinco sentidos”, aseguran David Redrado y Jairo Gustavo Valdivia, copropietarios del establecimiento.

El entorno, acompañado por el hilo musical en el que en todo momento suena música clásica, invita a ello; pero la experiencia se completa con una visita a su salón del té -al menos cuando lo permita la normativa que por ahora limita el uso de espacios de interior en este tipo de establecimientos- donde se pueden degustar sus delicados dulces.

Dulces para todos los gustos en este establecimiento de la calle Asalto.
Dulces para todos los gustos en este establecimiento de la calle Asalto.
C.I.

Sin embargo, los comienzos no fueron nada fáciles. Aunque abrieron sus puertas el 14 de septiembre, todo comenzó meses antes: “Firmamos el contrato de alquiler del local el 12 de marzo, a los dos días nos encerraron”. A pesar del complicado escenario marcado por la pandemia, estos emprendedores decidieron seguir adelante con su ambicioso plan y aprovechar las semanas de encierro para poner a punto tanto el local, ubicado en la calle Asalto.

“La respuesta del vecindario fue espectacular, había gente que entraba a comprar un par de galletas solo por apoyar porque nos decían que querían que la tienda se quedara en el barrio”, admite Redrado, emocionado con la respuesta del público. “También hay gente que entra solo para mirar el espacio, o clientes que, una vez han comprado, nos piden quedarse un rato a disfrutar”, asegura.

“Llevábamos tiempo pensando en abrir un negocio, sin embargo, este proyecto nace a raíz de que me detectasen celiaquía. Me di cuenta de las dificultades que existían a la hora de disfrutar de un postre cuando padeces ciertas intolerancias”, advierte el empresario aragonés de 47 años. Fue un viaje a Roma el que les sirvió como inspiración definitiva: “Allí dan mucha importancia al diseño, la presentación y al cuidado del producto hasta el mínimo detalle”.

David Redrado y Jairo Gustavo Valdivia, copropietarios del establecimiento.
David Redrado y Jairo Gustavo Valdivia, copropietarios del establecimiento.
C.I.

Así nació ‘La guinda del pastel’, una pastelería degustación adaptada a todo tipo de intolerancias en la que la clase y el estilo son dos de los elementos predominantes. Todos los dulces que se encuentran en la pastelería son sin gluten y el 90% sin lactosa. Eso sí, todo sabe a pedir de boca. “En nuestro obrador trabajamos muy duro para lograr romper aquel mito de que la comida para intolerantes sabe mal. A decir verdad, todos los dulces son normales, tan solo cambiamos la materia prima, pero si no lo dijésemos la mayoría no se daría cuenta”, advierte Jairo Valdivia, a cargo del obrador.

Nacido en Guanajuato, este pastelero de 31 años vino a España a estudiar cocina en Guayente, en Huesca. “Siempre me han atraído los postres, mi tía y mi abuela fueron pasteleras toda su vida y hacían los postres de todo el vecindario. Eso es algo que me ha marcado toda la vida”, reconoce. En su opinión, esta especialidad es “la más creativa y la que te permite lucirte ya que supone el broche de cualquier comida”, advierte.

En ‘La guinda del pastel’ podemos encontrar desde pasteles o tartas tradicionales hasta dulces, pastas de té, magdalenas, galletas o pizzas caseras. “Uno de los mayores reclamos de nuestro establecimiento son nuestros panes naturales, en los que hemos trabajado durante meses para conseguir una buena textura”, asevera Valdivia. Además, otra de sus apuestas es ajustar al máximo el precio de estos productos. “Se dice que los productos para celíacos son caros, aquí todo está ajustado al máximo para que todo el mundo pueda permitírselo”, afirma.

Dulces que llegan al alma

En estos meses desde su apertura, han vivido momentos verdaderamente emotivos. “La gente que no tiene una persona con una intolerancia en su entorno no lo comprende, pero hemos tenido niños que han comido su primera tarta en nuestra tienda y han llorado de la emoción”, advierte Redrado. Recuerda especialmente la historia de Hugo, un cliente de 6 años, que al llegar con su padre al local le preguntó: “¿Seguro que puedo comer?”.

“Los niños que vienen por primera vez con sus padres entran con miedo. No tienen mucha idea, pero saben que al comer estas cosas se han puesto muy malos”, explica el empresario. Acompañar a estas personas en algunos de los momentos más especiales de sus vidas también es otro de sus objetivos.

Entre su clientela también hay una buena parte de personal sanitario tanto del Hospital Miguel Servet como del Clínico. “Hace unas semanas nos encargaron unas pizzas vegetarianas y veganas para la UCI, y aunque cerrábamos a las 20.00, decidimos quedarnos más tarde para llevárselas recién hechas a las 21.30. Es lo menos que podemos hacer por quienes lo están dando todo durante estos meses, en estos momentos toca echar el resto cada uno en lo que pueda”, concluye.

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